www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Novelas Ejemplares: Lecciones de Boston

Javier Rupérez
x
jruperezelimparciales/9/1/9/21
jueves 25 de abril de 2013, 20:29h
El centro de la ciudad americana, convertido en un instante en horrendo campo de batalla, deja tres muertos y decenas de amputados. Para que el paralelismo fuera todavía más evidente, ha bastado contemplar la generosa iniciativa de los veteranos de las contiendas en Irak y Afganistán amputados ellos también, ofreciéndose a los ahora afectados para ayudarles a superar los traumas físicos y psíquicos producidos por la vesania de los terroristas. La guerra continúa y el enemigo está dentro. De los Estados Unidos y de España: no puede haber sido una coincidencia la detención, en Zaragoza y Murcia, de dos individuos de origen magrebí –uno argelino y otro marroquí- que parecían encontrarse en el mismo estado de exaltación místico criminal que los dos hermanos autores de la matanza en la capital de Massachussets.

Estas últimas semanas del mes de Abril están resultando harto luctuosas en la vida de los americanos, que han contemplado con horror los atentados de Boston, la explosión de una fábrica de fertilizantes cerca de Waco, en Tejas, las cartas dirigidas con esporas de ricino al Presidente Obama y a varios cargos oficiales del estado de Missouri, amén de graves inundaciones en el Medio Oeste. Han sido más los muertos y los daños en Tejas y en los estados del centro del país que en Boston, y sin embargo la percepción popular y la oficial coinciden en la preocupación: es el terrorismo y los que lo practican los que afectan a la fabrica social y política de la nación, con su declarado propósito de acabar con el orden constitucional y con las libertades en él consagradas.

Harán bien los servicios de seguridad en explicar ante el Congreso de los Estados Unidos las razones por las que no actuaron preventivamente contra los hermanos chechenos cuando al menos de uno de ellos el FBI tenía constancia de sus alarmantes actividades, pero esas dudas, lógicas en el desenvolvimiento de las democracias y tan parecidas a las que surgieron con respecto a los atentados del 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York o del 11 de Marzo de 2004 en Madrid, no han impedido la impresionante y sólida y pública manifestación de unidad en torno al gobierno de la nación y a sus representantes frente a la barbarie y a sus perpetradores. Fue profundamente emotiva la ceremonia interconfesional celebrada en la catedral católica de Boston para evocar a los desaparecidos, consolar a los heridos y asegurar la victoria final de la ley y el orden sobre los asesinos. Y significativas las emocionadas palabras de Obama en la ocasión, llenas de coraje y dignidad. No les suele faltar a los presidentes americanos la urgencia de acudir junto a los afligidos en los momentos de tribulación, presencias profusamente utilizadas para confortar a las víctimas y para expresar los propósitos del Ejecutivo en la lucha contra los autores del desastre, en una inescapable concepción del funcionamiento democrático en donde tacto de codos y explicaciones son dos inescapables caras de la misma moneda.

Ejemplar ha sido la rapidez con la que los servicios de emergencia atendieron a los heridos en el atentado y también la eficiencia desarrollada por las agencias de seguridad nacionales, estatales y locales en la identificación de los responsables. Como digna de toda alabanza ha resultado la disciplina ciudadana para soportar las incomodidades impuestas por la búsqueda de los fugitivos y la colaboración mostrada para encontrarlos. Y merecedoras de recordación las imágenes que mostraban a los ciudadanos aplaudiendo a las fuerzas policiales tras comprobarse el desenlace satisfactorio de la persecución. En la dramática hora de la verdad ni los policías americanos ni la ciudadanía a la que defienden tienen duda alguna sobre el lugar en que se encuentra el adversario y la mejor manera de combatirlo.

Ahora en Boston, como antes en Nueva York, o en Madrid, o en Londres, una misma filiación recorre las señas de identidad de los criminales: la profesión de fe en el Islam radicalizado y asesino del fanatismo musulmán. Cual ritornello angustiado las gentes del común intentan responder a la pregunta del millón: ¿porqué estas gentes han llegado a odiarnos tanto que están dispuestos a morir matando? Y la respuesta no puede encontrarse en otro lado que no sea el del proceso adelantado de envenenamiento promulgado y predicado desde los medios del Islam irredento. Como todos los terroristas, buscan la justificación de sus injustificables actos en la maldad de los demás, que no por casualidad se encuentran en el Occidente diverso y libre, pero nada les hará torcer su empeño: para el terrorista, como para los personajes de Sartre, el infierno son los otros y ellos los únicos culpables. En esa perspectiva es irrelevante averiguar si Al Qaida cuenta con una estructura jerarquizada o si únicamente se trata de células dispersas unidas por la comunidad de propósitos: matan porque con ello creen cumplir la voluntad del Profeta. Las correcciones políticas y las correspondientes cautelas no pueden resistir por más tiempo a la evidencia y a sus mandatos operativos: en los Estados Unidos, como en Gran Bretaña, España, Dinamarca o Alemania, por no hablar de Francia, servicios policiales y de inteligencia deben tener como obligación prioritaria el observar de cerca lo que ocurre en el creciente número de mezquitas que atienden a las necesidades de las poblaciones emigradas de origen islámico y lo que en ellas predican los clérigos foráneos que las regentan. No todas las desgraciadas sorpresas son evitables pero si previsibles un alto número de ellas. En esperando que sean los mismos pacíficos practicantes de la religión de Mahoma, una inmensa mayoría de ellos, los que colaboren a poner coto a la barbarie y orden en sus mismas filas. Comenzando, por ejemplo, por la condena sonora y sin paliativos de las prácticas terroristas llevadas a cabo en nombre de Alá ¿Ha visto alguien alguna instancia de la jerarquía musulmana condenar sin paliativos lo que ahora ha sucedido en Boston? A lo mejor se nos ha escapado en el torrente interminable de noticias generadas por los atentados.

Porque no solo matan a los demás. En realidad las primeras y mas abundantes víctimas de la vesania islamo-terrorista son ellos mismos, los que tienen al Corán por guía y verbo revelado. El mismo día que en Boston morían tres personas -un niño de ocho años, una joven de 26, una ciudadana china en edad universitaria- mas de cincuenta personas encontraban la misma desvalida suerte en una serie de atentados que tuvieron lugar en Iraq y que parecían estar dirigidos tanto contra chiitas como contra sunitas. Y la hecatombe, en Afganistán, en Pakistán, en Nigeria, en Sudan, en Siria, en el Líbano, continúa su macabro paso cotidiano. ¿Es también voluntad del Profeta el proceder contra los pertenecientes a la misma parroquia? ¿Hasta cuando la humanidad tendrá que soportar a los esbirros que en el siglo XXI siguen asesinando en nombre de unas determinadas creencias religiosas?

Javier Rupérez
Embajador de España

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios