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EFECTOS DE LAS REDES SOCIALES

Tras los pasos de la ‘depresión Facebook’: ¿mito o realidad?

lunes 29 de abril de 2013, 19:31h
Tras los pasos de la ‘depresión Facebook’: ¿mito o realidad?
No son pocos los estudios que advierten sobre un uso excesivo o mal orientado de las redes sociales. Según el último, determinadas exposiciones a Facebook puede perfilar sentimientos de envidia que deriven en insatisfacción vital y, por último, en depresión. ¿Qué hay de cierto en la ya llamada ‘depresión Facebook’? Por Laura Crespo
Las redes sociales son ya un elemento indiscutible de la cotidianidad, puede que aparentemente inofensivo o, al menos, secundario, pero sobre cuyas repercusiones advierte un número cada vez más importante de estudios y profesionales.

El último de ellos, desarrollado conjuntamente por dos universidades alemanas, Humboldt y Darmstadt, advierte del riesgo de insatisfacción personal derivado de un sentimiento continuado de envidia en exposiciones intensas a Facebook. La envidia y su principal instigadora, la comparación, encuentran en las redes sociales un excelente motivador en tanto en cuanto los usuarios, por un lado, consumen ingentes cantidades de información sobre la vida de otros a los que, muchas veces, conocen levemente y, por otro, juegan a construir un perfil lo más atractivo posible, maximizando las experiencias positivas y minimizando –u obviando- las negativas.

El resultado es, según el estudio, una “espiral de envidia” que puede desembocar en un sentimiento de insatisfacción vital y, como consecuencia, en depresión.

¿Hasta qué punto Facebook y el resto de redes sociales suponen un riesgo para el bienestar de sus usuarios? El doctor en Psicología y Profesor de Honor de la Universidad Carlos III de Madrid, Guillermo Fouce, invoca a la cautela. “Las redes sociales son un instrumento al fin y al cabo. Uno puede estar más o menos contento o satisfecho con su vida y ese estado se representa luego en la propia red social, pero Facebook no es positivo ni negativo en sí mismo”, argumenta.

Sobre una muestra de casi 400 usuarios de Facebook, los investigadores de Humboldt y Darmstadt concluyeron que la mayoría de los encuestados -el 43,8 por ciento- experimentaba sentimientos positivos tras usar la red social, pero que el porcentaje de quienes aludieron a sentimientos negativos le seguía muy de cerca con un 38 por ciento.

“Lo que ocurre en las redes es que uno, de alguna manera, se desnuda. Las carencias que uno tiene se van a manifestar con bastante más claridad en la vida digital que en la real y si se está deprimido y se tiene tendencia a la depresión, la red social puede empujar hacia ese sentimiento negativo”, señala Fouce.

Uno de los aspectos más reveladores del estudio alemán reside en la causa más aludida cuando a los encuestados se les preguntaba por esa invasión de sentimientos negativos tras la navegación por Facebook: la envidia.

A este respecto, Guillermo Fouce recuerda que “nosotros tenemos la concepción de quiénes y cómo somos, en parte, en función de con quién y con qué” nos comparamos. “En la medida en que la red social permite que haya comparaciones falseadas, se vulnera también esa propia visualización que hacemos de nosotros mismos”, señala.

Y justo en este punto radica otro de los grandes efectos perversos de las redes sociales: la creación y posterior proyección de una imagen personal muy cuidada, casi como una imagen de marca.

“En Facebook uno trata de construir una vida que no tiene”, señala Fouce. “En la Red se puede mentir, así que intentemos transmitir cosas que no somos, una imagen lo más positiva posible que nos haga quedar bien con el resto”, continúa el psicólogo.

Esta vida ficticia virtual puede ser una cornada de dos trayectorias en según qué personas. Por un lado, tener problemas o no sentirse aceptado en ese mundo “maravilloso” que parece traducirse de los perfiles de Facebook lleva a un sentimiento de depresión, “de ver que la gente está en otra cosa”, como señala Fouce. Las universidades de Humboldt y Darmstadt indican que hay una tendencia importante en los usuarios de Facebook a pasar sucesivamente por estados de comparación, envidia, sentimiento de inferioridad y, finalmente, depresión.

Por otra parte, la gestión de esa “ventana hacia el exterior” que es Facebook y que “proyecta nuestra imagen como nos gustaría que nos viesen y no como realmente somos” puede llegar a ser agotadora, adictiva y estresante. Dar una imagen buena y mejor que la de los demás ejerce mucha presión, sobre todo en adolescentes, tal y como se deduce del estudio de las universidades alemanas.

Moderación y educación
¿Cómo hay que enfrentarse, entonces, al manejo de las redes sociales? El psicólogo Guillermo Fouce advierte sobre la demonización que se hace de Internet en muchos casos y aboga por la mesura y la educación.

“Es como cualquier sustancia: no debe llegar a controlarte”, sentencia Fouce e ilustra con un ejemplo: “El vino, tomado con moderación, es bueno. Si tomamos mucho vino ya no es tan bueno. Pero además, si estamos hablando de alguien que tiene problemas de alcohol o de riñón, es incuestionablemente malo”. El doctor en Psicología recuerda el verdadero estatus de las redes como Facebook, que son y deben seguir siendo un instrumento. “El problema viene cuando el instrumento se convierte en un fin en sí mismo y ocupa el centro o una parte muy importante de la vida del individuo”, apunta.

Las horas que se dedican a navegar por la red social, ya sea de forma activa –escribiendo comentarios, subiendo fotos o participando en páginas- o pasiva –escrutando las novedades de los demás-, así como la frecuencia de consulta o el sentimiento en momentos de abstinencia son claves a la hora de determinar cuándo se ha traspasado la barrera del problema psicológico.

Guillermo Fouce resalta que tanto las redes sociales en particular como Internet en general han dado un giro de 120 grados a la forma de estar en el mundo. “Antes se decía que la información es poder, que quien la tiene, funciona. Hoy en día yo diría que quien funciona es quien sabe discriminar entre la información, quien sabe buscar la buena información, porque ahora lo que hay es mucho ruido. No es ni mejor ni peor, solamente distinto”, defiende.

En este contexto, las redes también son una puerta de acceso a una cantidad ingente de información que hay que filtrar y asumir en la justa medida. Para eso es indispensable la educación, una lección que nuestro país parece haber empezado a interiorizar impulsando talleres y programas en los que los niños y adolescentes aprenden a manejar estas nuevas herramientas con las que han nacido y que ven “absolutamente cotidianas”.

“Lo que hay que hacer es enseñar a los adolescentes y a los niños a gestionar los riesgos, porque en Internet hay riesgos como siempre los ha habido en otros contextos, y se los van a encontrar, es inevitable”, asegura el psicólogo.

“Es verdad que los cambios son ahora mucho más rápidos, pero también nuestros abuelos no entendieron un cambio de vida como tener un teléfono móvil y estar localizado en todo momento, o tener la televisión en color y varias en casa. Son los frutos de la propia época, las circunstancias de vida, las que determinan cómo somos. Ni lo demonizaría ni lo pondría en lo positivo. Simplemente depende de cómo se use y cómo se maneje”, termina Fouce.
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