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RESEÑA

María Rosa de Madariaga: Marruecos, ese gran desconocido. Breve historia del protectorado español

domingo 05 de mayo de 2013, 14:45h
María Rosa de Madariaga: Marruecos, ese gran desconocido. Breve historia del protectorado español. Alianza. Madrid, 2013. 504 páginas. 24 €. Libro electrónico: 15,98
La autora de esta breve historia de un país -una nación- como Marruecos, a la que España se ha sentido vinculada desde hace siglos, ha venido desarrollando una trayectoria bibliográfica de interés, centrada en el capítulo de las relaciones hispano-magrebíes. Se trata de un capítulo bibliográfico de la historiografía española, que empezó a constituirse con enfoque y método renovados a partir de los años 70 del siglo XX. Tengo la impresión de que El colonialismo hispano-francés en Marruecos: 1898-1927 (Siglo XXI editores, 1976; luego reeditado por la Universidad de Granada en 2002), del que es autor quien redacta estas líneas, puso en negro sobre blanco algunas cuestiones cruciales para el entendimiento de las relaciones hispano-marroquíes en el transcurso del siglo pasado; una de estas, por privilegiarla aquí y ahora, reside en la consabida imbricación de destinos históricos. De un lado, el marroquí; de otro, el hispano. Dicha imbricación permanece desde la guerra de África (1859-1860) hasta, prácticamente, los tiempos que corren. Así nos lo hizo ver, más recientemente, Alfonso de la Serna en su ensayo Al sur de Tarifa: Marruecos-España, un malentendido histórico, convertido ya en un clásico.

Nada posee de extraño que una posesión colonial termine por repercutir en la metrópoli con intensidad perturbadora, hasta que se llega al desenlace del vínculo jurídico y diplomático que ha mantenido encauzada la relación establecida. Lo que hace del Magreb central, con respecto a Francia, España e Italia un caso especial dentro del marco histórico a que nos venimos refiriendo, reside exactamente en la proximidad geográfica -y algo más que esta- entre metrópoli y posesiones coloniales norteafricanas, rasgo que ha conferido una dramática complicidad al acontecimiento en que consistió aquella relación.

Madariaga ha atinado en la composición de su narrativa, asequible para el lector español interesado en conocer a ese vecino territorial que es Marruecos, no tanto desconocido como mal conocido por el común de los mortales. Se trata de un ensayo histórico, escrito con soltura y avalado por la trayectoria bibliográfica de la autora. Por si solo, este ensayo encontrará su “hueco” y público en horas de creciente apetito del lector español por temas concernientes a las relaciones que los pueblos han venido tejiendo y tejen actualmente.

No quisiera dejar de comentar, sin embargo, las dimensiones consustanciales al capítulo histórico de marras. La primera de estas consiste en la necesidad de entender que, cuenta tenida del carácter dual que tuvo el protectorado hispano-francés en Marruecos, se impone hacer incursiones narrativas sólidas más que meras “calas” en el nudo gordiano que ató a París y Rabat desde la firma del Tratado de Fez en 1912. Este documento consolidó el protectorado, que vino a completarse por medio del convenio hispano-francés firmado meses más tarde. Si a esta dualidad histórica que tuvo el capítulo colonial de las dos naciones europeas en el viejo país de los cherifes, luego sultanato y, finalmente, reino de Marruecos a partir de 1956, se añade el fenómeno del nacionalismo musulmán, por imperativo metodológico y aproximación global al núcleo temático en reconstrucción, obtendremos un juego de sumandos -un ménage à trois- que ha hecho de la historia del protectorado en Marruecos un thriller enrevesado al tiempo que atractivo. En amplia medida, Madariaga se aproxima bastante a tal imperativo de oficio. Lo que no ha sido el caso de historiadores franceses tan acreditados como Charles-André Julien y Daniel Rivet, que han omitido el factor hispano en el guión colonial de Marruecos entre 1953-1956.

La segunda dimensión del tema que nos ocupa concierne a la estela residual que han dejado los sumandos francés, español y nacionalista marroquí para valoración de los historiadores. Madariaga se muestra muy crítica con el ejercicio colonial hispano en el norte de Marruecos, en particular durante el período de 1936-1956. Da la impresión, al parecer, de no haber captado que, no solo la “política árabe” del general Franco incurrió en contradicciones, sino que también la política de la Cuarta República francesa en el protectorado sur de Marruecos (por no hablar del escenario de Argelia entre 1954-1962) distó de ser un modelo acabado de colonialismo “benévolo”, por más republicanos que fuesen entonces los gobiernos de Francia.


Por Víctor Morales Lezcano
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