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ZAPATERO Y SU MINISTRO DE CULTURA

miércoles 30 de abril de 2008, 21:53h
Cuando estaba en la oposición a 14 puntos de Rajoy, anunció su propósito de celebrar a lo grande el IV Centenario del Quijote. Convertido en presidente, cumplió su promesa y rindió un servicio impagable a la cultura española en el mundo. No reconocer el acierto de aquella operación sería perder el sentido de la objetividad.

Durante unos años, Zapatero permaneció impasible ante las denuncias de politización del Premio Cervantes. Incluso se aprovechó de la farsa, si bien el nombre por él auspiciado se merecía el galardón. Nombró nuevo ministro de Cultura a un poeta. Y César Antonio Molina, bien respaldado por Rogelio Blanco, decidió, de acuerdo con Zapatero, despolitizar el premio, transformando un jurado en el que 8 de sus 10 miembros eran designados por el Gobierno.

Salvo clamorosas excepciones, el Cervantes ha elegido a los mejores. Esa es la verdad. Pero con un vicio de origen: la escandalosa gubernamentalización. Era necesario impedir posibles tropelías futuras. Había que evitar que el capricho del presidente del Gobierno decidiera el Premio. Y eso es lo que se ha conseguido ahora, gracias a la actitud del ministro Molina y de su presidente Zapatero.

El líder socialista da tantas ocasiones para la crítica que parece obligado aprovechar las ocasiones de elogio. La imparcialidad así lo exige y la política cultural de Zapatero, en sus líneas generales, se encuentra entre lo mejorcito que ha hecho el debatido presidente, al que no le llega la camisa económica al cuerpo.
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