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crítica de cine

Stoker: cuando el asesinato es cosa de familia

domingo 12 de mayo de 2013, 09:46h
El director coreano Park Chan-Wook debuta en Hollywood con una cinta que mezcla los géneros del suspense y del terror.
La actriz australiana Mia Wasikowska encabeza el reparto de Stoker, un drama de corte intimista que incluye intriga y ciertas dosis de terror psicológico para narrar la oscura historia de una familia, cuyo secreto sale a la luz a raíz de la muerte en accidente de tráfico del padre de la joven protagonista, India Stoker. La acción arranca precisamente el día en el que India cumple 18 años. Desde pequeña, el día de su cumpleaños ha estado marcado por la búsqueda emocionada del regalo escondido que ella debe encontrar y que consiste, invariablemente, en un par de zapatos siempre iguales, sólo cambia la talla en correspondencia con su etapa de crecimiento. Sin embargo, en esta ocasión, el día empieza de una forma inesperada: encontrará la caja, sí, pero vacía. Más tarde, una llamada anunciando la trágica desaparición de su padre, con quien mantenía una estrecha relación que nunca incluyó a la madre, una mujer superficial y fría a quien da vida Nicole Kidman, impedirá que India sople las velas de su tarta.

Poco después, el mismo día del entierro, aparece un personaje cuya existencia ignoraba India. Se trata de su tío Charlie, el hermano pequeño de su padre, un tipo apuesto y encantador del que la madre, Evelyn, se queda prendada desde el primer momento. Se formará entonces una especie de malsano triángulo en el que, desde el principio, queda en evidencia la falta de una relación afectiva entre madre e hija. Así, será Charlie, interpretado por Matthew Goode, quien empiece a manejar los hilos, hasta que consigue quedarse solo con su sobrina y su cuñada, sin las interferencias del ama de llaves, que desaparece un día misteriosamente, o de una tía de los hermanos que llega una noche con intención de hablar con Evelyn, presumiblemente para advertirle de quién es en realidad Charlie y dónde ha pasado estos últimos años en los que nadie le ha visto. De manera paulatina, India irá descubriendo el pasado que esconde la familia de su padre y, al mismo tiempo, tendrá que luchar contra las emociones encontradas que experimenta en relación a su tío, a su madre e, incluso, a sí misma.

El director coreano consigue recrear una atmósfera opresiva alrededor de los tres personajes, más y más densa a medida que cada uno, a su manera, intenta encajar en el puzle, aunque lo cierto es que el guión adolece claramente, y en demasiados momentos, de una lentitud que rompe el ritmo de la historia, haciendo necesaria la introducción de explicaciones para seguir una trama a veces tan incoherente como lo son en realidad los sentimientos. Aún así, los detalles en los que insiste Chan-Wook sirven para perfilar el concepto de la maldad, mostrándola como algo intrínsecamente real, que se hereda y que, antes o después, sale a la superficie porque está en la propia naturaleza de un ser humano, igual que si la misma se traspasara como herencia genética entre distintos miembros de una familia, incluso entre aquellos que jamás se vieron con anterioridad. Los planos muy cortos, así como algunos breves flashbacks, son el arma más utilizada por Chan-Wook en la narración de este filme en el que la sospecha también juega un papel fundamental.
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