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El desencanto europeo

Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
jueves 16 de mayo de 2013, 20:11h
El conocido y acreditado Pew Research Center de los Estados Unidos acaba de dar a conocer el resultado de una encuesta realizada entre el 2 y el 27 de Marzo de esta año y obtenida con las respuestas de 7.646 personas en ocho países europeos: España, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Gracia, Polonia y República Checa. El trabajo se ha centrado en las actitudes de los ciudadanos europeos ante la Unión Europea en los momentos actuales de crisis y los resultados, aunque fácilmente predecibles, contribuyen al dibujo de una situación marcada por el desánimo y la desconfianza. El primero y más visible se refiere a la erosión que la misma UE ha sufrido en la percepción de las opiniones públicas: si en 2007 un 68% la contemplaba con favor, en 2013 ese porcentaje se reduce al 46%. Y si en 2009 un 50% de la población europea se mostraba favorable a la unión económica hoy ese porcentaje queda reducido al 37%.

En el breve tiempo transcurrido entre 2012 y 2013 los españoles han pasado de tener un 60% de opinión favorable a la UE al 46% actual. Francia lo ha reducido también del 60 al 41, Grecia del 37 al 33, mientras que el Reino Unido, que siempre tuvo un bajo aproximamiento afectivo a la Union, lo reduce del 45 al 43, Italia del 59 al 58, Alemania y Polonia se mantienen entre el 69 y el 68 y solo los checos aumentan su aprecio, del 34 al 38%.

La crisis contribuye además a sembrar dudas sobre el mismo funcionamiento del sistema. Según la encuesta, el 78% de los encuestados manifiestan su preocupación prioritaria por el desempleo, mientras que el 71% lo hace por el nivel de la deuda pública, el 67 por la subida de los precios, el 60% por la creciente desigualdad entre ricos y pobres –que un 85% estima haber crecido en los últimos cinco años- contribuyendo todo ello a una mayoritaria creencia –un 77%- en atribuir al sistema económico actual un claro favor del lado de los pudientes.

Solo un 1% de los griegos, un 3% de los italianos, un 4% de los españoles y un 9% de los franceses consideran que son buenas sus respectivas condiciones económicas. Porcentaje que sin embargo se dispara en Alemania al 75%. Manteniendo el paralelismo en las respuestas, un 94% de los griegos se manifiestan alarmados por el nivel de los precios, un 84% en Italia, un 69% en España y un 68% en Francia. En Alemania, por el contrario, esa preocupación queda reducida al 31%. Y si se trata del desempleo, es motivo de preocupación –de angustia, diríamos- para un 99% en Grecia, un 97% en Italia, un 94% en España y un 80% en Francia, mientras que sólo lo es para un 28 % de los encuestados en Alemania. De los ocho países son esos los cinco que tienen al euro como moneda común y este segmento del ejercicio revela una situación hasta hace poco inédita en el conjunto de la UE: Francia queda descolgada de su anterior paralelismo con Alemania y en gran parte asimilada a los –pobres- números de los países del Sur. Ese “excepcionalismo” alemán, que tantas manifestaciones visibles tiene ya en la vida europea, desde lo económico a lo politico, suscita no pocas reflexiones para el futuro de una unión pensada, entre otras cosas, para acortar diferencias entre sus miembros, acomodada durante quinquenios al directorio Bonn –hoy Berlín- Paris, y cada vez mas configurada en torno a la hegemonía germana.

Y si se trata de estimar la confianza en los respectivos liderazgos nacionales para conducir a sus países por el piélago de la crisis, los resultados no por contundentes son menos previsibles: en España de 2012 a 2013 ha bajado del 45 al 27%; en el Reino Unido del 51 al 37%; en Italia –aunque no queda claro cuál es el líder que los italianos pudieran haber tenido en mente- del 48 al 25%; en Grecia del 32 al 22%; en Francia del 56 al 33%; en la Republica Checa del 25 al 20% e incluso en Alemania del 80 al 74%. Sólo en Polonia, en cifras mínimas, la estimación sube un punto, del 25 al 26%.

Naturalmente no toda Europa está representada en esos ocho países y una visión mas completa sería la que reflejara el parecer de las opiniones públicas de los actuales 27 miembros, incluyendo entre ellos a los 17 que se rigen por la comunalidad del euro. Pero esa focalización Norte-Sur permite distinguir tendencias que apuntan tanto a los efectos devastadores de la crisis sobre la unificación europea como a la incertidumbre que el mismo proceso unificador muestra para resolverlos. Sin olvidar el desgaste que en el proceso sufren los líderes nacionales. Seguramente no sería de recibo razonable ningún pronóstico catastrofista, que profetizara el final del euro o incluso la desaparición de la Union, con la inevitable consecuencia de la renacionalización de las políticas europeas y las vueltas a las trágicas andadas en las que el continente tan pródigo ha sido en el pasado. Pero la encuesta Pew, por si fuera necesario, nos avisa de los escollos que acosan al barco europeo, la previsible longitud en la solución de los mismos y la urgente necesidad de conjurar los pecados del pasado. Entre ellos el habitual de pensar, y decir, que nunca pasa nada. Hasta que pasa. Europa es hoy cualquier cosa menos el “business as usual” de las almas piadosas. No está claro que los responsables de la cosa pública europea se hayan enterado.
Javier Rupérez
Embajador de España

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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