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el chivato

El teatro, un altavoz no del todo aprovechado

jueves 01 de mayo de 2008, 13:25h
Sólo en el teatro y en las dictaduras de todo signo, se desfiguran o disfrazan frases y nombres que no conviene aclarar. El escritor y periodista Emilio Romero en su comedia, “Solo Dios puede juzgarme”, que protagonizaron Luisa María Payán y Vicente Parra, relataba –bajo nombres supuestos– los amores de uno de los hijos de un prócer franquista con una bellísima joven de la sociedad madrileña. Ante el anuncio de la próxima boda de los jóvenes enamorados, el influyente padre se vio forzado a confesar la terrible verdad: los dos eran hijos suyos y, por tanto, hermanos. El escándalo estaba servido pero… no generó acción legal alguna: el autor se abstuvo de llamar al pan, pan y al vino, vino.

Cuando un autor teatral como Valle Inclán en “Los cuernos de Don Friolera”, se niega a eliminar de su texto un exabrupto tal como “¡pueblo de cabrones!” o, “la culpa de lo que pasa en España la tiene el clero”, el actor está obligado a repetirlo y correr un riesgo cuya intensidad depende del gobierno de turno, pero lo dice “entre paño y bola” (término usado en el argot teatral para definir la expresión de esa frase que no debe ser entendida por el público).

Algunos autores y muchos actores desconfían de la capacidad intelectual del público y creen que le pueden embaucar, desde el impresionante artificio escénico. Pero el público es sabio. Tanto que puede imaginar lo que tratan de decir en verso algunos aspirantes a cómicos, que hurtadores de acentos, puntuaciones y tonos, pretenden emular a cierto doctor, diestro en ortografía y prosodia, que dice en “Los intereses creados”: -“Bastará con puntuar debidamente algún concepto… Ved aquí: donde dice… “Y resultando que si no declaró… “, basta una coma, y dice: “Y resultando que si, no declaró… ” Y aquí: “Y resultando que no, debe condenársele”, fuera la coma, y dice: ‘“Y resultando que no debe condenársele…”

El teatro, es el sitio donde uno puede decirse y desdecirse; el público es distinto cada día, sería un lugar ideal para los políticos –si lo pagaran bien–. Sobre el escenario podrían aseverar algo en una función y negarlo en la siguiente. Los medios informativos no se lo iban a recriminar (apenas van al teatro). El teatro, ya se sabe, es sólo una ficción. Como lo es la política pero en divertido y, a veces hasta en verso.

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