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tensión con francia

1908: tibia celebración del Levantamiento del Dos de Mayo

viernes 02 de mayo de 2008, 09:38h
Tanto es así que, según José Manuel Guerrero, militar experto en la Guerra de la Independencia, “el levantamiento popular de 1808 tuvo un carácter sin duda partidista, sin descartar la constante disputa entre los políticos liberales y conservadores que dieron su propia interpretación a los hechos”.

En un año en el que también se conmemoraba el séptimo centenario de Jaime I el Conquistador, las gestas del liberalizador del dominio musulmán fueron al menos para el Gobierno capitaneado por Maura mucho más destacadas que el primer centenario de la revuelta popular contra los franceses.

“Maura subvencionó con 500.000 pesetas el 7º centenario de Jaime pero no dio un duro por el centenario”, dice Guerrero, a lo que añade que “la soberanía catalana y el empuje de su burguesía determinó el desequilibrio de la balanza a favor del recuerdo de Jaime el Conquistador”.

A pesar del desafortunado desinterés de las autoridades, lo cierto es que Madrid y Zaragoza fueron escenario de actos religiosos y cívicos que sirvieron para mantener vivo el espíritu de 1808. Madrid, que recibió el encargo del Gobierno para llevar a cabo la organización, se engalanó para acoger en sus calles el paso del Rey Alfonso XIII y la Familia Real. Dos oficios religiosos, uno en la iglesia de San Francisco el Grande, oficiada por el obispo de Madrid-Alcalá, y otro en la calle de Ruiz, donde cien años atrás cayó muerto uno de los héroes del levantamiento, Velarde, concentraron la atención de los ciudadanos madrileños.

Alfonso XIII, que no dudó en estar presente en todos los actos que se celebraran, asistió a la pequeña plaza del 2 de mayo al segundo acto religioso, que fue engalanado por el Cuerpo de Artillería con atributos militares. Banderas, ornamentos florales e insignias lucían en balcones y calles aledañas. Además, una procesión cívica presidida por el Conde de Peñalver el día 2 en Madrid completó los festejos y conmemoraciones en la capital.

Actos en Móstoles
Pero más allá del recuerdo militar, un acto en la localidad madrileña de Móstoles echó la vista atrás para inmortalizar el recuerdo al alcalde Andrés Torrejón, impulsor del bando que declaró la guerra a las tropas napoleónicas. La visita del Rey a la villa sureña, donde inauguró un monumento al honorable alcalde, bastó para rendir un cálido homenaje civil a los caídos, cien años después, y a la ciudad, que recibió el título de “Excelentísima”.

Madrid y Móstoles no fueron las únicas ciudades donde se recordó la Guerra. Zaragoza fue en 1908 la ciudad escogida para celebrar una exposición hispano-francesa, un acontecimiento económico y social que intentó reflejar el progreso español tras la hecatombe que se vivió en los últimos años del siglo XIX. La feria, a la que asistió Alfonso XIII, sirvió también para conmemorar el centenario de las proezas de los Sitios de Zaragoza y la resistencia del pueblo aragonés a los franceses.

“Un Congreso Histórico Internacional fue creado para la ocasión en Zaragoza y contó con gente como Mariano Benlliure, escultor y pintor, Mariano de Cavia y el académico Pérez de Guzmán, entre otros”, añade Garrido. Numerosas publicaciones y estudios vieron la luz durante este año, como el libro monumental de Pérez de Guzmán, “2 de mayo de 1808”.


Cartel de la exposición hispano-francesa


"Aprender a vivir"
De nuevo eran tiempos propicios para rescatar en la literatura la visión más dramática de la contienda, y para inspirar relatos de recuerdo. Un joven Antonio Machado recién instalado en Soria, escribió el 2 de mayo de 1908 un artículo titulado “Nuestro patriotismo y la Marcha de Cádiz”, que apareció en el homenaje que la prensa soriana dedicó a los héroes de la Guerra de la Independencia.

Machado recuerda el difícil momento que acababa de superar el país tras las pérdidas coloniales y pide que se honre a los héroes de Gerona y Zaragoza, Mariano Álvarez de Castro y José Palafox, más allá de “los lauros para los viejos héroes, patrióticas charangas y cantos de cuartel”.
Dice Machado:

“Hoy que removemos las nobles cenizas de los héroes de 1808, rindámosles el homenaje serio y respetuoso que merecen. Ellos conservaron, a costa de su sangre, la tierra que hoy debemos labrar. No insultemos su memoria con vanidosas fanfarronadas, ni hagamos resurgir aquella profunda inconsciencia que, al son de la marcha de Cádiz nos llevó a perder nuestras colonias. Convencidos de que sabemos morir –que ya es saber– procuremos ahora aprender a vivir, si hemos de conservar lo poco que aún tenemos”.











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