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El partido de los puros y el peligro de la fragmentación

miércoles 29 de mayo de 2013, 20:34h
El recordado historiador argentino Carlos Floria se refirió más de una vez al peligro que entraña la adopción de “una visión cátara de la política”, cuyos sostenedores podrían ser enrolados en un hipotético “partido de los puros”: voces que no se muestran dispuestas a valorar los matices o circunscribir, cuando la prudencia así lo aconseja, el lugar de sus principios.

Traigo a cuento esta referencia porque me parece es aplicable a la postura asumida en Argentina por algunos representantes de la oposición que, aferrados a un ideario que pretenden irreprochable, dejan pasar sin inmutarse una oportunidad excepcional para concertar alianzas que les permitan dar batalla en los comisiones legislativos de octubre.

Para evocar una cita recurrente, la célebre distinción de Max Weber entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad se ajusta en este caso al pie de la letra. Porque es precisamente en nombre de la responsabilidad que deberíamos reclamar que la rigidez de algunos cediera paso a un espíritu de acercamiento y a una búsqueda de consensos mínimos, pero sólidos, para afrontar tan crucial desafío. Lo que está en juego no es poco: la perpetuidad de un proyecto hegemónico, movido por un enorme engranaje de corrupción, que es hoy la expresión máxima de nuestra decadencia.

Ya lo hemos preguntado desde estas columnas: ¿queremos en verdad esta democracia antirrepublicana cuyo horizonte, como afirma Luis Alberto Romero, “es la dictadura personal”? Intuyo que no. Por eso, la gravedad de la hora exige que se depongan las actitudes intransigentes y se sellen acuerdos de base que hagan posible a la oposición llegar a octubre y, más aún, a las presidenciales de 2015, sin el grado de fragmentación que ahora ostenta.

A este fin, estas palabras de Romero podrían servir de incentivo: “El kirchnerismo expresa hoy la fase superior de la larga crisis argentina. Es tan duro y resistente como la crisis misma. No será fácil revertir todo esto, pero hay una posibilidad. La Argentina es manejada por un grupo poderoso y débil a la vez, pues su fuerza, ciertamente fundada en los votos, reside en el control férreo del poder político por una sola mano. Su primera línea de defensa es a la vez la última. Cambiar el rumbo de la larga crisis argentina es una tarea prolongada y compleja. Pero constituir en 2015 un gobierno que inicie ese camino está en el orden de lo posible.”

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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