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El pasado de Hollande y el futuro de Francia (II): las circunstancias económicas

domingo 09 de junio de 2013, 18:44h
El presidente Hollande y su gobierno tienen suerte, mucha suerte… y esta suerte recae sobre los franceses. Francia puede seguir endeudándose con unos tipos de interés bajísimos. La media de los últimos seis meses de los bonos del Tesoro a un mes es del –0,007% … el bono a 5 años es del 0,71% y el bono a 10 años del 2,05%… cuando el español se sitúa en torno al 4,5% y que llegó muy por encima del 6%. Dado que la tasa de inflación gira en torno al 2%, pedir dinero a los mercados internacionales nos sale gratis… Tenemos prestado 10 000 millones a 10 años… y 10 años más tarde habremos devuelto 10 000 millones o menos por poco que la inflación suba (lo que es muy probable dado el creciente nivel de liquidez que está inundando los mercados).

¿A qué se debe esta posición milagrosa en un panorama francamente malo si tomamos como referencias las cifras macroeconómicas del país?

El paro sigue avanzando: 40 000 más en mayo con un total de 3,3 millones de parados (datos del equivalente del INEM) lo que equivale al 10,4% de la población activa. Seguramente, un lector español me contestará: “¡Ojalá pudiéramos tener las mismas cifras!”. Pero es que nos equivocamos de barra de medir. Hay que ir a las cifras equivalentes a la EPA española… y entonces subimos a los 5 millones de parados y un 15% de la población activa. Seguramente, el nivel de paro es algo más bajo en Francia que en España pero no es nada halagüeño.

Los datos de déficit de las administraciones públicas son lamentables y eso desde hace mucho tiempo… desde 2002, ¡mucho antes de la crisis! Actualmente nuestro déficit se sitúa en torno al 4,2% y seguirá subiendo a pesar de la masiva y destructiva subida de impuestos que los socialistas han realizado en un año. El Fondo Monetario Internacional acaba de alertar los franceses: el nivel de los impuestos es inasumible. Llega al 47% del PIB (¡un 32% en España!) con un gasto público que alcanza el 57% del PIB… La inestabilidad fiscal es el gran fiasco de todas las políticas públicas francesas desde hace más de 30 años…

El crecimiento muy débil ha dejado paso a la recesión. Todos nuestros indicadores subrayan este estancamiento: el consumo privado retrocede, la inversión cae, las exportaciones se tambalean… Francia sigue siendo el enfermo crónico de Europa. Todos los saben… pero como Italia y España han acaparado la atención nos hemos librado de la sanción de los mercados.

Ahora bien, el poder de la administración francesa tiene tal reputación y calibre que los mercados confían en la capacidad recaudatoria del Estado francés (cuando dudan - ¿con razón? – de la del Estado español). Es la razón mecánica y política de los tipos de interés que nos están protegiendo. Pero por poco que una alerta surja, por poco que la sociedad francesa dé una señal de rebelión fiscal, por poco que los mercados se den cuenta del ahogamiento del sistema productivo francés, y todo saltará por los aires. La prima de riesgo francesa se disparará y el Titanic francés empezará su agónico naufragio.

El gobierno de Hollande está en una dramática encrucijada. No ha hecho una campaña pedagógica. Los socialistas condenaron las reformas de Sarkozy, no por limitadas e insuficientes, sino por ser reformas del famoso modelo francés. Ahora les toca hacer el trabajo sucio que desgasta cualquier gobierno: decirnos la verdad y mostrarnos el camino del empobrecimiento colectivo e individual.

Las cifras hablan por sí solas. Tenemos un déficit del 4,2% de las administraciones públicas. Con lo cual nuestro nivel de vida es superior del 4,2% de lo que podemos asumir… pero esta visión peca de optimismo. Efectivamente, tenemos que pagar nuestras deudas. Con lo cual seguramente vivimos un 20% por encima de nuestros medios. El ajuste es inevitable. Se llama crisis económica… y crisis política. ¿Cómo explicar que en los años 1960, con un PIB tres veces inferior en precios del mercado al de hoy, el Estado francés era capaz de invertir tanto en los grandes proyectos industriales, científicos, militares, infraestructurales… y que hoy no lo es? ¿Cómo explicar que la protección social se fue extendiendo jugando su papel protector y que ahora se ha convertido en una manera de vivir a costa de los otros? Un dato: solo el 50% de los franceses pagan el IRPF. Naturalmente, el IRPF no lo es todo… pero es el impuesto más visible y el que hace al ciudadano.

Pues bien, toca reconstruir este vínculo social y político que es el impuesto volviendo a reanimar el consentimiento al impuesto, hacerlo consciente. François Hollande lo había esbozado durante su campaña prometiendo una gran reforma fiscal… promesa caída y olvidada, cuando hubiera podido ser la herramienta de su mandato y la palanca de la recuperación francesa. Una ocasión perdida… El balance económico de Hollande ya está escrito… y nada lo cambiará… desgraciadamente.
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