www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Turquía: lo que va de ayer a hoy (II)

Víctor Morales Lezcano
sábado 15 de junio de 2013, 19:07h
He abordado en alguna que otra columna de El Imparcial la espiral ascendiente que ha recorrido Turquía durante los últimos diez años transcurridos a partir del primer triunfo en las urnas de AKP (2002) hasta el obtenido en 2011. El registro de esa espiral constituye la historia de unos éxitos encadenados: económicos (tasa de crecimiento actual de un 5%); sociales (vasto apoyo de las clases medias -y bajas- de la Turquía provincial); e internacionales (de cara, en particular, al convulso Oriente Próximo y Medio, sin nunca dejar de contar con la simpatía de la administración estadounidense). No en vano Estados Unidos posee en usufructo una base militar aérea en Incirlik, al sureste de Anatolia. Esta trayectoria ha tenido, sin embargo, sus costes.

El pulso que viene echándole Erdogan al generalato kemalista para reducir su cansino ascendiente sobre la nación, así como el desmantelamiento de otros segmentos institucionales de la república -como es el significativo de la esfera judicial y de ciertos medios de comunicación-le han ganado al Partido de la Justicia y del Desarrollo una legión de adversarios que no le perdonan su histórico ascenso; mientras que algunos círculos de opinión académicos e intelectuales han acusado la descarga legislativa con que el AKP ha ido restringiendo, al goteo, las libertades de la república laica.

Por último, y no por ello menos importante, Erdogan heredó en 2002 la conflictiva cuestión de la guerrilla del pueblo kurdo, orgánicamente aglutinado por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Cuestión que no es baladí. Recientemente, el gobierno y la figura carismática de Abdullah Öcalan han llegado a acuerdos que han supuesto una tregua entre antagonistas alentadora para la nación entera. Habrá que ver si este modus vivendi entre Ankara y el Kurdistán turco cristaliza definitivamente.

Recuerdo que, ya en mi última visita a la capital de Túnez (diciembre 2011) para participar en una densa sesión de análisis histórico y político centrado en torno a la erupción de la Primavera Árabe en Túnez, Egipto y Libia, hubo más de un comentario sobre la sobreestimada trayectoria del AKP turco y de su líder, Tayyip Erdogan.

Erdogan, según ciertos analistas de procedencia árabe, se había ido enrocando en un autoritarismo rampante; haciendo visibles los excesos que se derivan de tal sesgo caracteriológico.

La imagen de Turquía como sede experimental de la compatibilidad entre el Islam, la democracia (perfectible) y el robustecimiento económico ha sido ciertamente ensalzada con ribetes de panegírico por ciertos medios poco críticos.

Ahora, de golpe, y hace de ello poco más de una semana, una marea juvenil -y no solo juvenil- ha ocupado la plaza Taksim y sus aledaños urbanos, en pleno corazón de Estambul. La aparente motivación desencadenante de esta marea juvenil se ha traducido en una serie de protestas pacíficas, algo desafiantes en ocasiones, con el objetivo de detener la fiebre intervencionista del gobierno de la república. Generalizando, es como si los espacios públicos del Mediterráneo volvieran a ser foros de expansión democrática, aunque en años de descontento ciudadano. Véanse los casos de las concentraciones habidas en las plazas de Sintagma (Atenas), Tahrir (El Cairo), Puerta del Sol (Madrid), y ahora Taksim (Estambul). El intervencionismo edilicio del AKP -contra el que se plantan los manifestantes- alcanza a muchos enclaves urbanos en torno al Bósforo y al Mármara, como, por ejemplo, se observa en el planeado nuevo aeropuerto de Estambul y tercer puente intercontinental entre Europa y Asia.

Probablemente, una cierta Turquía de opinión independiente y festiva, al tiempo que rebelde, ha decidido mostrar al gobierno de Erdogan dónde se ha trazado la línea roja a su intervención megalómana y de visos moralizantes, en dominios de quintaesencia kemalista e intangibles a partir de la revolución que hizo de Turquía el primer país musulmán en ser laicizado desde arriba (1924). A la respuesta desproporcionada de la policía a las manifestaciones de Estambul y luego también de Ankara e Ismir, se sumaron ciertos mensajes desafortunados del primer ministro, que se encontraba de gira en el Magreb cuando estalló la revuelta. Ambos hechos han podido coadyuvar a la sobreactuación de los manifestantes. De una parte, el “sostenella y no enmendalla” del adusto primer ministro; y de otra, la exhuberancia propia de toda marea “contestataria” desde que tuvo lugar el Mayo francés.

Visto desde el exterior, el escenario de la plaza de Taksim es pródigo en enseñanzas, al menos para quien suscribe estas líneas. Todas, empero, se resumen en una: cuando la borrachera que genera el uso de poder político creciente ciega a las personalidades autoritarias, el pueblo está llamado a señalarles dónde está situado el límite, la advertencia de un non plus ultra respetable. Muy probable es que sea algo de todo esto lo que está emergiendo a la luz en la plaza Taksim, que en tantas ocasiones fue para mí, durante mis viajes a Turquía, un punto de encuentros ineludibles.

Para Erdogan y sus más flexibles compañeros de ruta, como Abdullah Gül y Ahmet Davutoglu, hay ya en pantalla un aviso a navegantes. Un no trespassing, un basta ya. Las pretensiones de Erdogan, de introducir cambios constitucionales en el texto regulador de la república para proponerse a sí mismo presidente de Turquía, están sufriendo un revés formidable. De resultas del capítulo Taksim, o el primer ministro rectifica su dirección de marcha, o dos o tres de sus adversarios de peso pueden aspirar a ser los continuadores de la década milagrosa del AKP. Es el caso del actual presidente de la República (Abdullah Gül), del candidato de corte kemalista (Kemal Kiliçdaroglu), o de un enigmático contrincante desde el exterior (Fathule Gulen).

En el horizonte se avizoran unas elecciones generales previstas para celebrarse en 2015. Un paréntesis emocionante queda abierto para una importante nación intercontinental donde la haya. Y también para un considerable líder, como es Erdogan; siempre que la prepotencia no obnubile sus dotes de estadista y le haga rematar ciegamente su cursus honorum.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios