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PHotoEspañeando

martes 18 de junio de 2013, 20:06h
Cuando en 1998 nació el Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales que hoy todo el mundo conoce, PHotoEspaña, pocos se imaginarían lo que vendría 16 años después.

Alberto Anaut, cabeza y estandarte de este festival y de 'La Fábrica' que está detrás de su gestión, cuenta que en esa primera edición, al presentar el proyecto a las galerías para que formaran el 'Festival Off', uno de los galeristas decidió exponer las fotos de las vacaciones de uno de sus hijos. Esa era la comprensión de un galerista en el año 98 de lo que era la fotografía como arte, y nada de lo que era su mercado. Hoy, nadie puede negar lo que PHE ha hecho para que la fotografía se haya consolidado como un mercado sólido con espacio propio entre las bellas artes españolas.

La prensa también tuvo que aprender lo suyo, todavía hoy se siguen viendo artículos en que no logran combinar las mayúsculas de la p y la h con la e y cada cual lo escribe como buenamente quiere. PHotoEspaña, con sus mayúsculas y sus minúsculas, lleva 16 años transitando la vida madrileña y aledaños (que hoy alcanzan Brasil...) y hay muchos que se estarían preguntando como harían este año para organizar el Festival sin la política de la cultura de la subvención pública. Un festival en su mayoría gratuito puede ser un cuerpo no comprensible para los usuarios. Poco sabemos de su presupuesto hoy, pero sin duda esas políticas del pasado y lo poco que quede de ellas hoy, han sido bien aprovechadas por los que con una buena idea han ayudado a crear tanto en la fotografía española y un público siempre más amplio.

Han tardado, eso sí, 16 años en convocar el que es quizá el tema más importante de la fotografía: el cuerpo. El filósofo Bergson decía que nuestro mundo son solo imágenes que construimos entre nuestras percepciones y la memoria, y que la imagen privilegiada que ordena todas las demás es la de nuestro propio cuerpo.

Desde las fotografía porno en blanco y negro con cuerpos redondeados que todos podemos evocar como el origen del origen hasta hoy, en que las cámaras en los dispositivos móviles hacen del autorretrato y de las fotos de los amigos en todo tiempo y toda situación, una actividad tan cotidiana como comer y dormir, han cambiado muchas cosas, pero la fotografía sigue siendo ese medio para ayudarnos a mirar, a través de la mirada de las cámaras y de los fotógrafos podemos ver otros mundos, el mismo mundo bajo la mirada convexa que es siempre la mirada del otro, y así, en ese otro, poder comprender y comprendernos.

Muchos dirán que hoy fotógrafo es cualquiera, y en cierto sentido es verdad. Pero la fotografía como técnica y arte requiere de un aprendizaje, de sus instrumentos y de la herramienta principal, el propio ojo. Un fotógrafo argentino, Sylver Descalzo decía hace poco que la fotografía es escribir con la luz. Para manejar su lenguaje hace falta esa conciencia del que sabe que lee lo que leer y comprender y consigue transmitirlo en una nueva creación. Esa habilidad se ejercita compulsivamente con los teléfonos y se propaga por todas las redes sociales construyendo story boards milimétricos de la vida de los usuarios, pero la fotografía como escritura de la luz va más allá del retrato cotidiano.

Y así, los mirones, los curiosos que nos asomamos cada año a las exposiciones de PHE, a sus charlas y actividades, hemos podido aprender a mirar sin la ignorancia del que cree que ya sabe sino con la curiosidad del que quiere ver más allá de su miopía constitutiva.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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