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¿Reforma migratoria? Sí, reforzando la frontera

viernes 28 de junio de 2013, 19:47h
El 26 de junio de 2013 el senado de los Estados Unidos, dentro del proceso de estudiar la iniciativa de reforma migratoria presentada en abril, aprobó una serie de medidas que antes que facilitar la admisión de nuevos ciudadanos, frena su incursión a los Estados Unidos.

La medida preliminar se suma a la política de Barack Obama que se reconoce en los hechos –que no en el discurso– como una de las más agresivas expulsando migrantes. Lo sucedido en el senado estadounidense abona a considerar que ha ido ganando terreno la política dura y confirma que la reforma migratoria no es una concesión ni siquiera a los Estados Unidos. Y no lo es porque el negocio ilegal de transportar migrantes, recibirlos, darles cobijo, esquilmarles sus salarios porque no tienen a dónde quejarse y finalmente, el vivir aterrados de ser expulsados sumidos en una semiclandestinidad –que orilla a preguntarse si de verdad mejoraron sus condiciones de vida al abandonar sus países de origen– sigue siendo en conjunto para los estadounidenses el gran negocio de su vida.

No regularizar migrantes, lo que implicaría perder los enormes excedentes de ganancia que deja contratar ilegales, es una de las razones más poderosas para explicar porqué nunca ha prosperado una reforma migratoria seria en favor de la cacareada legalidad y que abone, primero que nada y antes que nadie, a favor de los Estados Unidos.

Podría suponerse equivocadamente que lo aprobado en el senado estadounidense se encamina a que primero hay que cerrar el flujo de nuevos inmigrantes y luego a encausar a los candidatos a la ciudadanía que no parece ser la meta, sino solo la de otorgarles una legal residencia. Nada más que partimos de una realidad que se ha dejado crecer por la dejadez de las autoridades de ese país: que se desconoce el número real de indocumentados, no obstante que el flujo multinacional (pues no solo entran mexicanos) ha disminuido por controles fronterizos y la crisis estadounidense, pero no se ha extinguido. ¿Cuántos son y cuántos son candidatos a beneficiarse con la ulterior reforma? Nadie tiene cifras ciertas y miente quien diga que sí.

La idea ahora aprobada de ampliar el cerco fronterizo supone levantar bardas. Las bardas jamás acercan. Y no atienden el fenómeno multinacional de la migración, sino que apuesta otra vez a imponer medidas unilaterales siguiendo la política del avestruz. Se entrevé además, una serie de dificultades para legalizar a tantos “sin papeles”, que cada vez demuestran que se puede vivir en Estados Unidos solo hablando español, ya que las nuevas trabas adelantan que será complicado acreditar cuánto les pidan para nacionalizarse. Porque…resulta que la propuesta migratoria no es la panacea prometida. Y no lo es porque no atiende los problemas de fondo y solo apuesta a no entender su dinámica, sino solo a restringir y a cuentagotas los paliativos, las opciones, las posibilidades de que personas que viven hace lustros en su territorio y al que ingresaron sin documentación oficial ante la negativa de estructurar una política migratoria ordenada y en provecho de Estados Unidos, solo han recibido una política migratoria de corte represivo y apenas si podrían cumplir los elevados requisitos impuestos para regularizarse, que más parecen estar de espaldas a la realidad y que no desearan una verdadera regularización.

La sensación causada en ambos lados de la frontera al ordenarse un incremento desproporcionado de agentes fronterizos, y que es compartida, consiste en afirmarse que se está militarizando. Salimos de dudas de inmediato al conocer las declaraciones del orondo senador McCain –el excandidato presidencial– diciendo con orgullo que será la frontera más militarizada desde la caída del Muro de Berlín. Ya podemos imaginar lo que se espera con otros 40 mil agentes migratorios apostados allí. Y nos permite afirmar que ha ganado una línea dura que muy poco contribuye a ordenar el fenómeno migratorio y a resolverlo. La pregunta sigue siendo la básica para no perdernos: ¿necesita Estados Unidos la fuerza laboral de los migrantes o no la necesita? Si la respuesta es ‘sí’, sorprende su poca visión y sus pocas ganas de resolverla en su provecho. Y si es un ‘no’ entonces expúlsese a todos los indocumentados y no se les retenga explotándolos a niveles por debajo de los mandatos de su propia ley. Ese es el verdadero meollo del asunto. Y no se olvide que hace rato que el mercado laboral estadounidense no absorbe a todos los que llegan.

La medida aprobada en los Estados Unidos supone para México un problema mayúsculo en dos pistas. La primera porque al detenerse los indocumentados en su franja fronteriza, que al no cruzar fracasando en su intento ni al regresarse a sus países se agolparán sin poder ser absorbidos por la fuerza laboral local (y que no se nos olvide: la gente come diario). Porque sus países no les financian el regreso y carecen de políticas migratorias ordenadas que los responsabilicen de la internación a México. Serán un foco de conflicto social, pues México no puede absorberlos y se suman a los mexicanos que tampoco cruzaron y no serán absorbidos en el mercado laboral de esas regiones.

El segundo tema consiste en que con ese tapón que se plantea colocar en la frontera México-Estados Unidos – que en sí misma es un ‘error de Dios’ como la ha calificado García Márquez– los países cuyos migrantes son los más frecuentes (países centroamericanos, sobre todo) no se enteran y están haciendo muy poco o nada para frenar a sus migrantes. Esto es grave porque como lo hemos dicho en ocasiones anteriores, México ha dejado claro que atravesarlo no es el mejor camino. No es cosa de respetar derechos humanos de personas que ingresan a México ilegalmente, sino que lo hacen sin un plan de vida, sin opción b y sin ánimo de regresarse si su intento fuera vano. Y todo porque en sus países de origen tampoco hay opciones y porque siguen viendo a Estados Unidos como algo que posiblemente dejó de ser desde hace décadas: un paraíso.

Por último, Estados Unidos no ha conocido una reforma medianamente integral en décadas y la de 1986 fue rebasada muy pronto, justamente porque jugó y se sigue jugando a que se quiere y no se quiere, y porque el mercado laboral ilegal, sin papeles, indocumentado, o cómo guste usted llamarlo acorde a diversos criterios imperantes en el estudio del fenómeno migratorio, sigue siendo sinónimo de corrupción y de negocio millonario escamoteando derechos a los trabajadores migrantes. Por eso lo escribí aquí mismo en mayo pasado comentando la fugaz visita de Obama a México: su estólido discurso en que dijo que quería ver más mexicanos en su país me causó un profundo y prolongado bostezo. Esta clase de medidas como la de incrementar agentes fronterizos explican porqué hacen nada para evitar que emita otro bostezo, porque estos cuentos de reforzar la frontera y de reforma migratoria son una historia vista antes ya muchas veces.
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