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Guantánamo: base naval y prisión ignominiosas

sábado 06 de julio de 2013, 20:10h
Recién verificado el Día Internacional contra las víctimas de la tortura (26 de junio) se verificaron manifestaciones frente a la Casa Blanca a favor delos 166 presos confinados en la prisión de alta seguridad de Guantánamo. 130 de ellos están ya en huelga de hambre.

Por esa razón y en torno al 115 aniversario de la batalla de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898) en plena Guarra Hispano-americana que sello el destino de Cuba, nos aparece oportuno referirnos a Guantánamo, la base naval de los Estados Unidos situada en la Gran Antilla, al ser un nombre ligado a la ignominia y a la injusticia, a la ilegalidad y a la perpetua violación de los derechos humanos. Que no se nos olvide.

Ya de por sí es injusta la existencia de tal sitio al provenir de la leonina y abusiva imposición del derecho del más fuerte, siendo una de las condiciones vergonzantes con que se amagó a Cuba para alcanzar su independencia en la época de “la republiquita” al derivarla de la Enmienda Platt. Es un inicuo vástago y una astilla en el corazón cubano y latinoamericano. Guantánamo nació coaccionando la voluntad del pueblo cubano desposeyéndolo de ella a perpetuidad en 1903, viciando de origen su consentimiento, aunado a que su operatividad como prisión está sujeta al vergonzoso incumplimiento sistemático de las más mínimas normas de derecho humanitario y, por ende, de los derechos humanos, en condiciones que Estados Unidos impone sin el más mínimo recato, desentendiéndose de sus obligaciones internacionales. Terrible y muy decepcionante.

Luego entonces ¿Por qué existe Guantánamo? Porque sí. ¿Por qué sigue funcionando su prisión? Porque sí. ¿Por qué Obama ha incumplido su promesa de campaña de 2008 refrendada en 2012, acerca de cerrar la mentada prisión creada por Bush hijo, de 2002? Porque sí. Cerrar la prisión que no la base naval que es otro tema. ¿Por qué su gobierno se desentiende de dar puntual cumplimiento a pedimentos de justicia humanitaria? Porque sí.

Y no se venga decir aquí para disculparles, que todos los ejércitos del mundo comenten excesos aun en su labor patrullera. No hablamos de todos. Hablamos de uno que dice respetar los derechos humanos y de representar los más altos valores de la Humanidad. Está visto que no es así y hay pruebas claras de que así son las cosas. Guantánamo es un claro ejemplo que debe denunciarse como hiciera Botero en una serie de cuadros que ilustran la tortura y la vejación que allí se comenten con mínimo166 personas antes que prisioneros.

A inicios de 2013 se han endurecido gratuitamente las medidas represivas y la tortura en las celdas de Guantánamo, donde pareciera que se aplica el mismo método de exterminio que a los indios en sus reservas, matando de aburrimiento a sus presidiarios, que prefieren morir a permanecer allí sujetos a las más indecibles prácticas de tortura. Es bochornoso y deplorable. Han emprendido una huelga de hambre masiva. Es condenable todo ello porque no han mediado juicios (algo gravísimo y violatorio a todas luces), sino solo el pretexto de que su presunta peligrosidad obliga a retenerlos, aunque no haya pruebas contundentes de todo aquello de lo que se les acusa. Ello mientras nadie juzga a sus verdugos por sus excesos en Irak o Afganistán, que razones de sobra habría. Los organismos humanitarios están luchando porque se replantee en serio el tema de Guantánamo y son desoídos.

Para vergüenza de los derechos humanos y a contrapelo del discurso exaltador de libertades, del alardeado apego a la ley y a la democracia que allí no existen, pese a que ondea la bandera de las barras y las estrellas, a Guantánamo se la usa de bodega de presuntos terroristas expuestos a inconfesables atropellos que la justicia de los Estados Unidos obvió, arguyendo con no era territorio de su país y que por lo tanto, no compete a la jurisdicción de la constitución de los Estados Unidos de América que tales jueces juraron hacer cumplir allí donde se involucren sus ciudadanos, situando a Guantánamo en calidad de tierra de nadie de forma irresponsable, donde ciudadanos de Estados Unidos practican la tortura y violentan los derechos humanos con absoluta impunidad al amparo de su bandera. Los jueces de los Estados Unidos voltean hacia otro lado con esa resolución, mientras los custodios desdeñan lo que sucede a sus prisioneros con la complicidad de sus autoridades. Podrían ser sujetos de alta peligrosidad, pero las torturas que les han aplicado no se justifican y merecen denunciarse.

Porque la respuesta de los jueces estadounidenses a no cuidar la legalidad en ese territorio nos pone en una predicamento: no hay de otra: o es o no un territorio bajo su jurisdicción (y por ende de sus leyes y de sus tropas) como que siempre lo enlistan como de su propiedad, ondea su bandera y los cubanos no pueden traspasar sus verjas. ¿Quién manda allí? O es que nos hemos vuelto locos y quiere que veamos vemos lo que no es. Los prisioneros allí confinados merecen que el mundo no los olvide ante tanta desvergüenza, desfachatez e inquina.

Ahora, si su historia siempre nos produce escalofríos, es la base naval y por consiguiente todo lo que incluye, lo que debería de cerrarse para siempre, extirpando esa verruga del rostro de América toda. Claro que ello implicaría que los Estados Unidos renunciaran al intervencionismo perdiendo su hegemonía sobre las Américas, antojándose imposible que la abandonen, pues recordemos que la base naval ha servido y facilitado –cual portaaviones estratégico– para agredir a las naciones del hemisferio en un sinnúmero de invasiones perpetradas. Ni en sueños soltarla y Cuba parece condenada a cargar con semejante gabela para siempre. No hay que darle tantas vueltas.

Guantánamo es una espada de Damocles, un infausto recordatorio de que “quien se queda con Cuba se queda con el Golfo de México, el Caribe y el Atlántico Norte”, máxima bien conocida y entendida por las potencias en cada época, echando por tierra las tesis que desmienten el interés permanente estadounidense en Cuba entera y que no sea ambicionada por Washington.

Cuando se piden cambios para Cuba también deberíamos de pedir la integridad de su territorio, que carezca de la presencia militar extranjera. Cuba sin Guantánamo también es algo deseable. Eso sí, no me entusiasma a cambio de la prisión instalada allí que se rijan otras clandestinas como las descubiertas en Europa, solapadas por gobiernos aliados que presumen de libres y democráticos haciéndole el juego a Estados Unidos. Cerrar la de Guantánamo ha de ser sin simulaciones; que sea efectiva y sin falsos pudores.
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