www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CRÍTICA

Julio Baquero: Murasaki

domingo 07 de julio de 2013, 16:00h
Julio Baquero: Murasaki. Menoscuarto. Palencia, 2013. 407 páginas. 24 €
Casi toda novela tiene unos personajes y un fondo. A veces, los autores ponen a sus personajes en un fondo espacial y temporal similar al suyo, contemporáneo y co-espacial, conocido para el lector. Otras veces, los autores ponen a sus personajes en otros lugares o en otras épocas, en mundos lejanos cronológica o espacialmente. La sincronía entre personaje y fondo es un asunto sobre todo de finales del XIX y principios del XX, aunque atisba la luz en Occidente con Bocaccio y nace realmente con la novela picaresca. El héroe se enfrenta a su propia sociedad que es también la del escritor y el lector. Lo normal hasta ese momento era que los relatos se situaran en una lejanía cronológica, y/o espacial. Los personajes clásicos, medievales y renacentistas se movían en las Arcadias de Longo, en la mítica Ítaca, en cielos, infiernos y purgatorios dantescos, o en las islas imaginadas pobladas de californios del Esplandián…

En la literatura española, seguramente por la influencia seminal de la novela picaresca, es raro el autor que escoge un tiempo o un espacio lejano al suyo para desarrollar sus personajes. La protonovela española, El Quijote, hace algo muy curioso al invertir el proceso: anacroniza el personaje, no el fondo; trae un personaje anacrónico al mundo contemporáneo del autor y del lector, creando un mecanismo de contraste de infinitas posibilidades humorísticas y dramáticas, un tic literario exitoso. Aunque luego, con el Persiles, Cervantes vuelve a la convención. Pero, como decíamos, en la novela española, sobre todo la de los siglos XIX y XX, la tendencia en España es crear obras contemporáneas, con personajes contemporáneos proyectados sobre fondos contemporáneos. Pocas excepciones hay: algunas novelas de Baroja en las que los personajes viajan al lejano Oriente, y poco más. Va a resultar que el supuesto boinero misántropo era mucho más cosmopolita y social que sus contemporáneos. Pero su excepcionalidad solo delata más aún el provincianismo secular de la novela española, empeñada en mirarse un ombligo carente de alcance épico y mítico. Sí, ya sé que hay excepciones: Espinosa y su escuela de mandarines, Ferrero y sus chinoiseries memorables, Benet y su Región aérea, esa isla terrera poblada de espectros, la Babia de Luis Mateo Díaz… Y las hispanoamericanas: el Macondo de García Márquez, la Comala de Rulfo, la Santa María de Onetti…

Pero en la literatura española, el número de novelistas que han elegido lugares y espacios lejanos, sobre todo si esos tiempos y espacios son reales, si no son producto de la fantasía, son muy pocos. Julio Baquero es uno de ellos. Con Murasaki, su última novela editada por la editorial Menoscuarto, Baquero nos acerca a un país lejano, Japón, y a una época lejana, la era Heian, el periodo que va del año 794 al 1185. Este libro no sería algo tan extraño en el mundo literario anglosajón o francés. Y es verdad que últimamente hay brotes verdes, y que por ejemplo Fernando Molero ha abordado en su interesante y recomendable La cabeza cortada de Yukio Mishima el Japón literario del siglo XX con mano firme y buenas maneras. Pero en España es inaudito que un autor decida adentrarse en ese mundo lejano, arcano, hiperliterario y detallista de la era Heian que forma parte esencial del subconsciente artístico japonés, y usarlo para desarrollar un personaje propio, el que precisamente da título a la novela, Murasaki.

El lector avezado en lo japonés, un tema cada vez más en boga en España, reconocerá sin duda el nombre. Murasaki, “Púrpura”, es un personaje del Genji Monogatari y también el nombre, o pseudónimo, de Murasaki Shikibu, la autora de la misma novela. En la novela de Baquero, Murasaki es también el pseudónimo de una niña Kijo, educada en el palacio de Matsuro. Kijo recibe una educación exquisita, proporcionada por los tres sabios locos: el loco de la música, el del dibujo y el de la poesía. Los tres son tres musas orientales zen con barba hirsuta, arrugas profundas y burros llenos de moscas. Kijo aprende con ellos los misterios de cada una de las artes. Luego, es obligada a abandonar el palacio y a entrar de aprendiz de geisha. Allí adopta el pseudónimo de Murasaki. Cuando llegamos a ese punto, nos asalta una sospecha: ¿estamos ante el relato de la vida de la autora del Genji? Sin embargo, después, en un estilo muy a lo Saikaku, de humor, ironía y procacidad, Murasaki es iniciada en los secretos del sexo. Tras servir unos años como ayudante de una geisha y como geisha ella misma, vuelve a la corte, pero la vida cortesana no le satisface ya. Desengañada, inicia una peregrinación bajo los hábitos de un monje. Ahí, la novela gira por derroteros de aventura, ya que es raptada por los aínos y vive entre ellos hasta que logra escapar y encuentra refugio en el retiro de un anacoreta que vive en los bosques.

La novela está construida en torno a seis bloques: “Matsuro”, “Mujeres que aman el amor”, “En el palacio”, “Estampas de viaje”, “Entre los bárbaros”, y “En el bosque”. Cada bloque está formado a su vez por capítulos breves, con títulos sugerentes llenos de referencias al mundo y a la literatura japoneses. Entre ellos no hay una continuidad narrativa rigurosa, y todo conforma un cuadro general plagado de elipsis, como el paisaje de un biombo en el que, entre nubes, asoman picos, casas, poblados y personas. Es una pintura a la tinta, con el gusto por el detalle y el placer en lo difuminado. El estilo es conciso y poético, con pulso, siempre en tercera persona pero con una apelación sorpresiva al lector en algún momento.

Murasaki es una rareza en el mundo editorial español. Su fondo es japonés, pero sus ingredientes son también de otras culturas, de otras tradiciones literarias. Es un libro poético, irónico, procaz y sorprendentemente mucho más cinematográfico de lo que se esperaría de un cesto trenzado con esos mimbres. En cierta manera, se trata de un libro de aventuras vestido con un quimono Heian, o de un libro Heian de aventuras escrito por un literato español.


Por José Pazó Espinosa
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.