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La democracia no tiene nada que ver con lo que pasa en Egipto

domingo 07 de julio de 2013, 19:27h
Si algo hemos sacado en claro de los análisis sobre lo sucedido en Egipto esta semana es que no tenemos ni idea de qué ha sucedido en Egipto esta semana. Como todo va tan rápido y hay que tener una opinión que publicar o emitir al momento, la mayoría ha optado por seguir la corriente y, así, hemos asistido a una cierta complacencia con el Golpe de Estado apelando a “la voluntad del pueblo”, a “enderezar el camino” y a otra serie de topicazos que conviene repasar para ver si son aplicables al caso egipcio.

El concepto importante aquí es “democracia” y lo ha sido desde los inicios de la llamada “primavera árabe”. Bien, “democracia” es una hermosa palabra y un gran sistema en el que vivir, pero, ¿en qué consiste, cuáles son sus condiciones? En esto, se parece al tiempo según Pascal: “Si no me lo preguntan, sé lo que es; si me lo preguntan, no tengo ni idea”. Después de la II Guerra Mundial, los comunistas lo vieron muy claro en su gusto por la neolengua: a esa cosa que hicieron en Alemania Oriental que destacaba por amurallar barrios de su propia capital, le llamaron República Democrática, y, de hecho, lo que no era Democrático era Popular, véase China, Corea, etc.

En fin, que es un término fácilmente maleable y que conviene acotar: la democracia tiene que ser algo más que un sistema electoral, si no se convierte en lo que Borges llamaba “un abuso de la estadística”. En efecto, votar un partido antidemocrático no es fortalecer la democracia de tu país. Se entiende por democracia una serie de valores de respeto y convivencia por los cuales la soberanía reside en los ciudadanos, que se encuentran debidamente representados en determinadas instituciones de poder que se controlan y limitan entre sí. En realidad, e idealmente –esto es de Aristóteles- no tendría por qué haber ni elecciones, pues donde hay amistad no es necesaria justicia y mucho menos recuentos de madrugada.

Sin embargo, no hemos encontrado método más útil para reflejar la soberanía nacional que el voto en urnas, y a mí me parece bien siempre que la cosa no acabe ahí. Al parecer, el error en Egipto fue precisamente que la cosa acabó ahí, pero a mí me cuesta mucho asimilarlo y explico por qué: los Hermanos Musulmanes son una organización islámica radical, que ya tuvo su relación de amor y odio con el poder en los años de Nasser y cuyo ideario consistía en unir el mundo árabe post-colonial en torno al Islam.

Teocracia y democracia deberían ser excluyentes, y recordemos que “teocracia” no es “religión” y que la división del poder espiritual y el temporal data de antes del nacimiento de Cristo. Desde luego, los Hermanos Musulmanes son un partido teócrata y desde luego Morsi fue votado masivamente en las urnas por defender un proyecto anti-demócrata. ¿Qué hacer entonces? De verdad que me cuesta pensar que esto haya sido “un desvío” de la idea original salvo que la idea original no tuviera nada que ver con que la soberanía nacional residiera en los ciudadanos.

Porque los ciudadanos egipcios, se manifiesten mucho o poco, eligieron democráticamente lo antidemócrata. A mí no me gusta pero qué quieren que le haga. Como al Ejército tampoco le ha gustado pues han decidido cambiar a Morsi y poner a El Baradei, solución que desde el punto de vista de un intelectual occidental, que es lo que yo soy, me parece muy saludable, pero que no se puede hacer en el nombre de “la democracia”. No hay nada de demócrata en sacar los tanques, quitar al presidente de en medio y poner a quien a un general le dé la gana. Será otra cosa, pero demócrata no.

Se habla de repetir las elecciones. De acuerdo, ¿cuántas veces?, ¿hasta que ganen los que les guste a los militares? En serio, desde el punto de vista práctico la situación ya es complicada pero desde el teórico es un follón impresionante: ninguna de las soluciones que se proponen en Egipto es democrática y por lo tanto el análisis no puede ir por ahí sino por la conveniencia o no de cada decisión en concreto sabiendo que son decisiones directas de una oligarquía, no busquen heroísmos.

No es democrático convertir a Egipto en un país teocrático, no es democrático quitar a un presidente elegido en las urnas y no es democrático repetir votaciones hasta que la gente madure. Sí forma parte de los derechos ciudadanos dentro de un régimen democrático salir a la plaza a protestar y pedir soluciones, pero no que al final sea en la plaza en vez de en el Parlamento donde se tomen esas decisiones… o, más bien, que sirvan de excusa para que las tomen otros.

En definitiva, como alguien decía en Twitter, a uno no le puede gustar o no lo que está pasando en Egipto como si fuera una hamburguesa o una película de acción. Es algo muy serio y que merece tiempo de análisis. Quizá la democracia, tal y como nosotros la entendemos, sea imposible en un país que no la quiere. Puede que haya que intentarlo de todas maneras pero antes deberíamos saber exactamente el qué estamos intentando. De momento, no se sabe, y como no se sabe, la prudencia parece la mejor receta… pero, por favor, que quede claro que lo que está en juego aquí no es la “democracia” porque de eso no hay prácticamente nada en ninguno de los bandos.

Guillermo Ortiz

Escritor, analista y profesor

GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.

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