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década desconocida

Manuel Espín da voz al silencio de la España de los cincuenta

domingo 04 de mayo de 2008, 16:37h
Los años cincuenta, en España, para los que no los vivieron, se antojan como un periodo gris e inmóvil, en blanco y negro, donde apenas había cambios, casi como una época congelada. Películas como "Tío vivo, c. 1950" acercan ese tiempo en que la sombra de la guerra, y sus horrores, pesaba sobre una población que se consolaba con el imperio de la paz.

Manuel Espin, director del programa de RTVE "La aventura del saber", aborda en "Historia secreta de los años cincuenta" (Ediciones Corona Borealis) una década en que la sociedad vivía como ajena a la realidad político social del mundo, pero también de su propio país. Un paso de la autarquía al desarrollismo que conviertieron a los cincuenta en una época muy poco conocida, "incluso por aquellos que la vivieron, por culpa de la censura".

La censura, a la que se tenían que atener periodistas, escritores y todo tipo de artistas, cegó los ojos de los ciudadanos de los cincuenta de realidades como las relaciones entre Franco y Perón, el conflicto de Ifni -"que no se definió como una guerra"- o la versión completa de las inundaciones de 1957. Tampoco era consciente la población de las relaciones internacionales que emprendía el dictador, como con Juan Domingo Perón o el general Eisenhower y los pactos a los que llegaron. Acuerdos que arañaron la buena imagen de Estados Unidos entonces, al apoyar un país que otrora se tuteaba con Adolf Hitler y Mussolini. En 1953, gracias a los acuerdos con Estados Unidos, se puso fin al aislamiento a España. Llegaría también la supresión de la cartilla de razonamiento y el inicio de una lenta recuperación tras el conflicto bélico del 36.



Años contados de un modo "estereotipado"
Por todos es sabido que el acceso de los ciudadanos en el franquismo a unas cuotas de "objetividad" era poco menos que utópico. El autor se centra en el libro en esas "lagunas" informativas: "Lo que no se veía delataba al sistema". El NO-DO, como mascarón de proa informativo, era el paradigma de un modo "incompleto, parcial, fragmentario o estereotipado" de ofrecer contenidos.

"Fue una época de silencios y de medias verdades o de medias mentiras", dice Espin a Efe. Y ya más en detalle, cuenta efectos menos graves pero más molestos para el español de a pie, como que una película como "Lo que el viento se llevó", de 1939, se estrenara 14 años después, o que "Rebelde sin causa", de 1955, sólo se pudiera ver nueve años más tarde. La vanguardia, las novedades, el aire fresco, llegaban ya con retraso, perdida su aureola de originalidad. En televisión, estaban prohibidas los besos o los planos cortos de mujeres, mientras que las emisiones de radio se interrumpían desde las doce de la noche hasta las siete de la mañana. Entonces, la noche era total, y el silencio completo.
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