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Grave traspié para el kirchnerismo

miércoles 24 de julio de 2013, 18:07h
La designación del nuevo jefe del Ejército Argentino, general César Milani, y el intento de promoverlo innecesariamente al rango de Teniente General, trajo aparejadas consecuencias tan imprevisibles como comprometedoras para el oficialismo.

En efecto, como ocurriera con otras decisiones emanadas de la sola voluntad presidencial, el gobierno creyó que la cosa se reduciría a un mero trámite. Sin embargo, bastó con que se ventilaran algunos datos relativos al pasado y el presente del militar designado para que todo se enmarañara de golpe convirtiéndose en un verdadero escándalo (otro más en la zaga triunfal del kirchnerismo).

El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), órgano afín al gobierno que inicialmente no opuso objeciones a la propuesta, se vio obligado a elevar a la Comisión de Acuerdos del Senado un duro informe impugnando la designación de Milani a quien se lo involucra con un caso de desaparición de un soldado bajo su mando acaecida en 1976 y con dos denuncias por detenciones ilegales. (Entre paréntesis, llama la atención el silencio al respecto de la Secretaría de Derechos Humanos, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.)

Si a lo dicho se suma que el propio Milani hizo explícito su respaldo al “proyecto nacional” del gobierno vulnerando con ello un principio básico de neutralidad política en las fuerzas armadas; que asimismo se lo sabe partícipe de los alzamientos “carapintadas” de los ochenta; que siempre se desempeñó en tareas inteligencia ocupando incluso, hasta su nueva designación, un alto cargo en esa área tan sensible y proclive a avasallar derechos personales, y, por último, que entre tanta información divulgada a estas horas se le conoce un llamativo crecimiento patrimonial que para nada condice con su salario como militar, no puede uno dejar de sorprenderse. Una de dos: o a la presidenta la asesoraron muy mal o, insisto, se empeñó vanamente, como ha hecho otras veces, en imponer su voluntad para terminar dándose de bruces con los hechos. Como sea, lo cierto es que el lunes Cristina se vio forzada a pedir a su bloque de senadores que pospusiera el tratamiento del pliego hasta después de las elecciones de octubre, cuando lo mejor hubiera sido que pagara un costo menor aceptando la renuncia que, según se afirma, el propio Milani habría ya presentado. En cambio, con la decisión tomada, es de esperar que, ni lerda ni perezosa, la oposición se encargue de seguir revolviendo este episodio durante los meses que quedan de campaña, subrayando la incongruencia de su designación con la política de derechos humanos que se llevó adelante durante esta década.

Como si faltaran ejemplos, el caso Milani es claramente ilustrativo de la obstinación de un gobierno empeñado en desconocer los límites de la realidad, hipócritamente envuelto en las banderas sustitutas de un relato.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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