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CIENTÍFICOS CRITICAN LA VISIÓN “CORTOPLACISTA” Y ECONOMICISTA DE LA ADMINISTRACIÓN

Un grave error del Gobierno: los recortes en el CSIC, un baldón para la ciencia española

La situación económica por la que atraviesa el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sigue siendo crítica, a pesar del adelanto de 25 millones de euros que el Gobierno ha inyectado en sus cuentas. La Tesorería del mayor centro de investigación pública en España, un referente en el panorama internacional, se quedará en números rojos la segunda semana de octubre. A pesar de las promesas del Gobierno sobre una segunda transferencia de en torno a 50 millones en otoño, la comunidad científica advierte de lo grave de la situación y cree que desde la Administración están poniendo "parches", pero no atacando el problema real.
La comunidad científica española sigue en pie de guerra. Aunque la secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, intentó calmar los ánimos el pasado miércoles durante su encuentro con buena parte de los directores de centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), las aparentemente buenas intenciones del Gobierno no sirven para rebajar la crispación y el nerviosismo de los investigadores que están viendo tambalearse a la base del i+D en España.

El pasado 9 de julio, el presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo, hacía un desesperado llamamiento: además de los 25 millones de euros que el Consejo de Ministros ya acordó inyectar al organismo a finales de junio, eran necesarios 75 millones más para evitar un “cataclismo”. El Gobierno acudió a la llamada, pero sus estimaciones rebajaban la nueva inyección a 50 millones que, según prometió Vara a los directores del CSIC en su reunión, llegarán a la caja central de la institución “en otoño”. Fuentes gubernamentales han asegurado después de que esta “trasferencia extraordinaria” comprenderá finalmente 44 millones, sin especificar tampoco la fecha. Y mientras la comunidad científica se muerde las uñas, saca fuerzas para instar a que se aclare por fin la cantidad que mantendrá al CSIC respirando, para destacar que la fecha de transfusión no es, ni mucho menos, baladí porque el tiempo apremia y para puntualizar que lo único extraordinario de estas remesas es el momento en que se envían.

Ni los 25 millones que ya ha recibido el CSIC ni los 44 ó 50 que han previsto insuflarle en una fecha poco concreta de lo que queda de año responden a una financiación extra que el Gobierno le concede a modo de rescate. Ambas inyecciones son adelantos de dinero destinado a proyectos ya aprobados y que en condiciones normales llegaría a la institución en diciembre. La situación de crisis no se está, por tanto, cortando de raíz, sino alargando para posponer ya en dos ocasiones el “cataclismo” al que aludía Lora-Tamayo en su llamada de auxilio.

Según el escenario dibujado por la Tesorería del organismo en enero de este año, la caja entraría en números rojos en el mes de mayo. Tras esa primera inyección de 25 millones ya recibida desde las arcas del Estado, los fondos se mantienen por encima del cero en mayo, sí, pero sólo hasta octubre.

“A fecha de hoy, el CSIC entrará en números rojos en la segunda semana de octubre”, lamenta la investigadora del Centro Nacional de Astrobiología (CAB), dependiente del CSIC, y portavoz de la Plataforma por una Investigación Digna Amaya Moro-Martín durante una entrevista con El Imparcial. “En cualquier caso, esto no es dinero extra sino un adelanto de lo que ya le correspondía”, observa.



Fuente: CSIC


Moro-Martín prevé que, si con los primeros 25 millones aplazaron el momento crítico apenas seis meses, los próximos 44 millones, “si es que llegan”, pospondrán el problema hasta principios de 2014. “Esto no es más que un parche, el Gobierno no está atacando la raíz del problema”, critica Moro-Martín.

Altibajos
Pero, ¿cuál es la raíz del problema? ¿Cómo ha llegado el CSIC, el principal y más prestigioso motor de la investigación del país, a verse con el agua al cuello de una forma tan apremiante?

Como radiografía básica de la dimensión de este organismo, sírvanse algunas cifras: cuenta con 135 institutos entre propios y conjuntos con otras instituciones; empleaba en 2011 a 14.050 trabajadores; trabaja en casi 4.000 proyectos; y es el primer productor de artículos científicos en España: 12.420 en 2011, casi un 20 por ciento del total.

A pesar de su magnitud, en menos de cinco años el presupuesto público para el CSIC se ha visto recortado en 500 millones de euros. Sólo desde 2009, la institución recibe un 40 por ciento menos de financiación del Estado.

Según denuncia el funcionario del CSIC, investigador en el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS) y portavoz de la plataforma Ciencia Con Futuro, Alberto Pascual, “tanto el gobierno anterior como el actual han demostrado una completa falta de interés hacia la investigación en España”, recortando sistemáticamente sus partidas presupuestarias.

Pascual advierte, no sólo una escasez de financiación, sino también una mala gestión de la misma. Mientras que en otros países más competitivos en ciencia en el marco internacional, como Francia, invierten “con constancia” y “apoyados por un sistema”, en España “vamos pegando saltos”, dice el investigador. “Cuando hay dinero nos dan mucho y cuando no hay, no nos dan absolutamente nada; vamos subiendo y bajando sin que se pueda trabajar en algo de forma constante”, afirma.

Para Moro-Martín, el CSIC ha llegado la unidad de intensivos fruto de la acumulación de problemas durante muchos años, tanto bajo la actual presidencia como durante las de Carlos Martínez y Rafael Rodrigo. “Hasta ahora el CSIC podía ir tirando del dinero que tenía ahorrado, pero ha tirado tanto que se ha quedado sin ahorros y ya no tiene plan B”, expone Moro-Martín.

Desde el CSIC
Nadie cuestiona que el hecho de que la Administración haya cerrado el grifo es el principal motivo de agonía del CSIC en particular y del i+D español en general. Eso sí, los propios investigadores del Consejo perciben también una necesidad de “reformar la estructura CSIC para hacerlo más eficiente”, tal y como sugiere Moro-Martín.

El referente de investigación español tampoco se ha librado a uno de los mayores lastres de buena parte de la actualidad política, económica y social española: la burbuja inmobiliaria. Los investigadores reconoce que ha habido durante años un “despilfarro de recursos en construcción”. Tanto Moro-Martín como Pascual hablan a El Impacial de edificios construidos por el organismo que nunca se han llegado a utilizar.

Además, la investigadora del CAB, también aboga por flexibilizar los mecanismos de contratación del sistema público de investigación, “demasiado atados al modelo funcionarial”. Según Moro-Martín “hay un bloqueo absoluto a la contratación en el sector porque toda la contratación en empleos estables es funcionarial e impide reemplazar a los investigadores que se están jubilando”.

“Naturalmente, también es necesario hacer en el Consejo una reestructuración, pero cualquier reestructuración necesita recursos”, concluye la investigadora.

De forma paralela a su reclamo a la Administración, el CSIC ha empezado a hacer los deberes por su cuenta, no sin levantar cierta polémica por lo desesperado de sus medidas de ahorro. La decisión del actual presidente de “socializar” los remanentes de los investigadores no ha sido bien recibida por algunos de ellos. Con esta especie de corralito, el CSIC hará frente a sus gastos corrientes –luz, sueldos, material…- con los ahorros que cada equipo de investigación había almacenado de forma individual para futuros proyectos.

“Al presidente no le ha quedado otro remedio”, opina Moro-Martín, quien entiende la excepcionalidad de esta medida y es consciente de que ayuda a ganar tiempo pero tampoco es una solución. “Lo que se necesita es que el Gobierno haga una apuesta firme por el CSIC, ya no nos valen promesas ni señales, sino que necesitamos que transfiera los fondos necesarios para que el presidente no se vea obligado a tomar este tipo de medidas”, clama.

El investigador del IBIS también cree Lora-Tamayo y su junta directiva “están intentando abordar los errores que se han cometido en épocas de bonanza”, pero que 500 millones menos en cinco años “son inabordables para cualquier estructura”.

“Creo que el CSIC está haciendo una buena reflexión, pero es necesario mantener una cordura en la financiación”, defiende Pascual.

Distorsión de objetivos
Para muchos trabajadores del CSIC e investigadores en general, la actitud del Gobierno con respecto a los recortes en i+D sólo puede achacarse a una falta de entendimiento en la materia. Los encargados de hacer los números y repartir el dinero no conocen las necesidades y especificidades del sector. “La visión que se tiene es muy cortoplacista”, considera Moro-Martín, quien critica que se trate “el asunto como si el resultado de la investigación pudiera generar dinero de un año a otro”, cuando “su objetivo es otro muy diferente”.

No es sólo el CSIC. La ciencia española en general está sufriendo la tijera con especial desazón. Hace unos días, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), anunciaba el cese de unos 60 empleados entre fin de contratos temporales y despidos. Con ello, el Gobierno prevé ahorrarse 8 millones de euros. “No todo lo que es útil para la sociedad y que es resultado de la investigación científica cotiza en el mercado de valores ni puede tasarse en un precio ¿Cómo cotiza en el mercado de valores nuestro bienestar?”, se pregunta la investigadora del CAB, quien insiste en que el Gobierno maneja conceptos confusos en relación al objetivo de la ciencia. “La investigación no se rige por el ciclo político sino que necesita plazos más largos”, indica.

En este sentido, Pascual destaca que el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación presentado recientemente y que define las directrices de actuación pública en el sector hasta 2016, busca por encima de todo la inversión en investigaciones aplicadas a la sociedad. El funcionario del CSIC señala que hay un consenso internacional sobre la necesidad de desarrollar primero una ciencia básica para sustentar después la investigación aplicada.

“Lo que no podemos pretender en España, donde ya existe un retraso en ciencia, es hacer investigación aplicada que te genere patentes y resultados económicos sin tener una base fuerte que nos permita sustentar esos conocimientos”, expone Pascual, quien considera que “si los políticos no saben esto, simplemente no están capacitados para gobernarnos”.

Daño irreparable
Ni parches ni supuesta voluntad política. Aunque las maniobras de reanimación del CSIC llegaran al mejor de todos los puertos, las consecuencias de estos meses críticos van a dejar secuelas. “Ya hay una repercusión inmediata y es la gente que se está yendo y que es difícil que vuelva”, lamenta Moro-Martín.

El organismo científico ha perdido en el último año y medio el 10 por ciento de su plantilla. Sólo en 2012 ha habido 1.200 bajas y las estimaciones prevén otros 1.200 trabajadores menos en 2013.

La investigadora del CAB es una de las que se marcha, probablemente a Estados Unidos. “Me voy fruto de esta crisis; los investigadores jóvenes nos estamos quedando sin salida, nos quedamos sin contrato y sólo podemos irnos”, explica.

De los despidos y no renovaciones del CSIC en los últimos años, la gran mayoría se corresponden a jóvenes investigadores, tanto los que rondan la cuarentena y que van terminando sus contratos Ramón y Cajal, como los que salen del doctorado y sólo encuentran muros de hormigón. Los que salen de los laboratorios optan por abandonar la investigación y dedicarse a otra cosa o buscar mejor suerte en el extranjero. En ambos casos, el retorno es complicado.

“Se están cargando en muy poco tiempo varias generaciones de investigadores y esto supone un daño irreparable porque poner a punto una generación de científicos lleva muchísimo tiempo”, expone Moro-Martín, quien asegura que la actual situación impide el relevo generacional. "De aquí a pocos años, los centros se van a quedar sin gente”, advierte.

El caso de Alberto Pascual también es ilustrativo. “Yo soy funcionario, tengo una plaza desde la que trabajo y pido dinero para hacer investigaciones, pero si no consigo ese dinero me quedo cruzado de brazos en mi despacho sin aportar nada”, reconoce. “No tiene sentido toda una estructura pública de la invstigación, con funcionarios del estado, sin dinero que permita a esos funcionarios hacer su trabajo, es, simplemente, una sinrazón”, analiza. El investigador lo ve como “un tema de prioridades”.

“Los recortes en ciencia empezaron con el gobierno socialista y han seguido con el del PP, lo que indica que a nuestros políticos les interesa más tener empresas públicas que les ayuden a gobernar que tener investigación que les permita desarrollar el país y tener en el futuro producción propia de tecnología”, critica.

Moro-Martín cree que “lo más preocupante es que el Gobierno siga diciendo que apuesta por la investigación y que no va a dejar caer al CSIC”.

“Están manteniendo al CSIC en una situación agónica durante un periodo de tiempo demasiado prologando. Si no lo van a dejar caer, como dicen, lo que tienen que hacer es inyectar dinero de manera inmediata. Es la única solución”.
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