www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Gibraltar: pedrusco que descalabra

lunes 05 de agosto de 2013, 21:30h
Hace apenas unas semanas compartía con ustedes unas cuantas ideas en torno al tricentenario de la cesión española de Gibraltar a Gran Bretaña, tal y como prescribiera el Tratado de Utrecht de julio de 1713 y hele aquí otra vez al tema sobre la mesa.

Advertí entonces aquí mismo en El Imparcial, diario que se lee en ambos hemisferios, que el tema ha ido creciendo y subiendo de tono para mal.

No concuerdo con quienes afirman que el asunto en cosa minúscula y que solo es utilizado para distraer la atención española, sobre todo, de temas verdaderamente graves y puntuales que aquejan a los españoles desde la economía, porque si bien es verdad que siempre los temas de carácter internacional pueden ser un distractor estupendo para no mirar a los internos, no menos cierto es que el tema existe y el conflicto fronterizo es real y ha cobrado tonos alarmantes porque ya supone agresiones permanentes hacia suelo español y posiblemente, que lo digan los expertos, ya registra invasiones territoriales hacia España, azuzadas o no por Gran Bretaña. No estamos hablando pues, de buscar un distractor por buscarlo ni de cosas menores.

En las últimas 96 horas hemos visto lo inaudito: una respuesta británica mucho más seria ante un ministro de exteriores español fajado y no dispuesto a ceder en sus justas reclamaciones. La respuesta española a los abusos de los gibraltareños por fin llegó. Y digo de ellos de momento, pues deduzco que invaden de motu propio descartando que detrás estén los británicos, o su gobierno, siendo el más notable abuso esa invasión descarada con hormigón efectuada en la bahía de Algeciras.

Y que en efecto, Gibraltar apunta a ser paso de contrabando, ya es decir. Que posiblemente lo sea, sería muy comprometedor.

Me han llamado poderosamente la atención tres cosas: primero, la firme respuesta del ministro García-Margallo. Coincido en que el buenismo de Moratinos fue un desatino. Dicho así para que rime. Ciertamente que sentarse a dialogar con Gibraltar, rémora del colonialismo más casposo y retrógrado por pintoresco que sea, rompía todas las reglas más elementales de derecho internacional. Sabemos bien que el interlocutor es Londres, así disguste ello a los gibraltareños, que en su condición de colonia les corresponde ser objeto y no sujeto de toda negociación. Puedo decirlo más alto pero no más claro.

Lo segundo es que desde Gran Bretaña no falte quien asuma que Gibraltar es Malvinas y compare situaciones. ¿Guerra?¿Es que esto acabará en guerra? Sería pertinente que se aclaren en Londres porque sus ciudadanos y su gobierno merecen saber que la armada española podría ya ir camino de la bahía de Gibraltar para defender el espacio español ante la tozudez gibraltareña y la indiferencia británica de no poner quietos a sus súbditos coloniales. O terroultramarinos, un vocablo que me invento para darle forma al posible gentilicio que derive de esa ficción jurídica llamada “territorio de ultramar”. A saber si nos lo valen.

Y en tercer lugar no puede pasarse por alto la declaración del primer ministro Cameron refrendando sus compromisos con Gibraltar, mientras declara al mismo tiempo que el tema se resolverá por una vía política y no de otra índole, dados los fuertes nexos que Gran Bretaña guarda con España. Esto último es importante porque en efecto, ni los británicos pueden ser indiferentes a la acción española de forzar el diálogo de manera efectiva ni España llega desamparada. No hay más remedio si se quiere reconocer que deberá de contarse con ella, si es que de verdad se desea resolver el diferendo.

La postura del ministro García-Margallo ha calado y no ha pasado indiferente en Londres. Eso está muy claro. Por fortuna. Deja de lado pasar del tripartita a una interminable estela de misivas que actualicen aquella bonita copla por sevillanas que celebraba las bodas de Alfonso XIII y Victoria Eugenia con el estribillo pegajoso que rezaba “cartas iban y venían desde Londres a Madrid…”.No, la firmeza del ministro español cancela esa posibilidad y apremia respuestas claras. El ministro de exteriores español ha dado un manotazo certero, necesario, contundente, que ha sacado de la modorra veraniega a unos y a otros para poner sobre la mesa que el asunto gibraltareño por el hormigón y por tres siglos que le preceden, debe abordarse ante la insolencia de los súbditos gibraltareños que se han pensado que pueden ir lejos creyéndose o sabiéndose respaldados por la Gran Bretaña.

Si el gobierno británico es responsable, resolverá el diferendo en el todo y en las partes. García-Margallo lo ha puesto contra la pared y la Gran Bretaña se juega más de lo que confiesa en el tema. Si su reacción es sincera, está mostrando que sí quiere soluciones y quizás podamos ver gestos claros en la decisión de resolver este asunto.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.