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Gibraltar, un conflicto de tres siglos

viernes 09 de agosto de 2013, 20:06h
Resulta bastante sorprendente que la celebración del tercer centenario del Tratado de Utrecht esté teniendo más repercusión en Gibraltar que en nuestro país. En la colonia británica hubo en el pasado mes de julio desfiles conmemorativos, festejos variados y hasta la impresión en una imprenta antigua de ejemplares para regalar al público del Artículo X del Tratado, mediante el cual España cedía a Gran Bretaña la soberanía sobre el Peñón. Al anterior Ministro Principal de la colonia, Peter Caruana, no le gustaba que le recordaran el Tratado de Utrecht, porque en él se establecían una serie de condiciones que la parte británica ha incumplido reiteradamente desde 1713. “No podemos basar nuestro futuro en un documento que se firmó hace trescientos años. Eso es ya historia y el mundo ha cambiado desde entonces”. El actual responsable del gobierno gibraltareño, Fabián Picardo, parece sin embargo que no tiene ningún reparo en recordar y festejar el Tratado. Naturalmente, festejarlo en sólo aquello que le interesa. Ninguna mención a las restricciones que el Tratado imponía en cuanto a las condiciones de la cesión, o en cuanto a los límites y a la comunicación del territorio cedido.

En España, por el contrario, hasta el momento, ni con carácter popular ni con carácter académico ha habido ningún acto conmemorativo de Utrecht. Siendo el tratado de 1713 el argumento fundamental en el que España basa las reclamaciones sobre sus derechos a recuperar la colonia, hubiese merecido la pena la celebración del tricentenario con singular solemnidad.

La vigencia del Tratado de Utrecht se debe poner de manifiesto precisamente en estos días en los que, una vez más, la tensión en la frontera amenaza con enturbiar las relaciones entre España y Gran Bretaña. El gobierno gibraltareño provoca un incidente –los bloques de cemento en el caladero de aguas de la bahía- y cuando la cosa se pone fea llama al primo de Zumosol –el paraguas protector de Gran Bretaña- para rechazar cualquier protesta por parte española. Así estamos desde hace muchos años: la colonia se apodera del istmo, (territorio no contemplado en el Tratado), construye una pista de aterrizaje, amplia la extensión de la Roca por la parte de occidente, define unas aguas territoriales que no le corresponden, construye una nueva terminal para el Aeropuerto y así hasta los bloques de cemento. La diplomacia española ha respondido con desigual firmeza ante estas tropelías, y si algo ha quedado claro con el paso del tiempo es que no cabe la blandura ante los abusos.

La tensión se relajará con el paso de las semanas. Las organizaciones internacionales recomendarán negociar entre las partes, como lo han hecho en otras ocasiones, y a esperar nuevos incidentes… El problema de Gibraltar no tiene fácil solución. España no va a renunciar a la recuperación de la soberanía. Los gibraltareños no van a aceptar ser españoles y Gran Bretaña no va a retrotraer el territorio sin el beneplácito de sus actuales ocupantes. Así que habrá que asumir que estas son unas relaciones conflictivas que requieren una permanente negociación. Pero España también tiene que dejar claro que mientras se negocia, se van a impedir con firmeza los abusos de la Roca.
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