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CEUTA Y MELILLA, UN POLVORÍN CON MECHA ISLAMISTA

sábado 17 de agosto de 2013, 17:57h
Reproducimos a continuación el artículo que con este título publicó Luis María Anson en El Mundo.

“La gran política consiste en prevenir, no en curar. Desde su exilio en Buenos Aires, Claudio Sánchez-Albornoz, a través de Hilda Grassotti, fustigó a Américo Castro, hostil a la decisión de los Reyes Católicos, que decidieron emprender la conquista de América y no la de África sin prever los resultados de aquella estrategia. Sánchez-Albornoz, por medio de su fiel escudera Hilda Grassoti, clavó su lanza en la adarga de Américo Castro, afirmando que la Historia de España transcurrió por los cauces adecuados, que eran los que ordenaron Doña Isabel, la católica convicta y confesa, y Don Fernando, el taimado zorro de la alta maniobra internacional.
Tras la entrevista que le hice a Hassan II en Marruecos y que ocupó la portada del ABC verdadero, el Monarca me invitó a almorzar, y allí, delante del príncipe heredero, Rey hoy del país vecino, me dijo: “Entiendo muy bien que los españoles quieran conservar Ceuta y Melilla, pero entenderá usted también que esas ciudades forman parte del territorio marroquí y que no renunciaremos nunca a adueñarnos de ellas, eso sí, por vía pacífica”. Estas palabras fueron pronunciadas off the record y, rasgándome las vestiduras periodísticas, no las incluí en mi entrevista.
Hassan II ideó una estrategia a largo plazo para minar Ceuta y Melilla: la continuada compra de propiedades por marroquíes y la infiltración tenaz de musulmanes. Hoy, parte de esa infiltración está con el fundamentalismo islámico, cuando no con el terrorismo, y en cualquier momento se producirán en Ceuta y Melilla actos violentos al estilo de los que desbarataron la presencia francesa en Argelia.
Es cierto que Marruecos se muestra como aliado de España contra un eventual terrorismo islámico. Pero sería no conocer a los árabes si creyéramos en su sinceridad política. El Gobierno marroquí, por la cuenta que le trae, combatirá las acciones terroristas pero se aprovechará de ellas para transformar el estatus de Ceuta y Melilla. Estamos a punto de meter las manos en el fuego. Las dos ciudades españolas, que nunca en la Historia fueron marroquíes, son un polvorín y nuestros servicios de inteligencia han alertado ya de la situación límite a la que están llegando.
En Moncloa, se continuará con la fórmula arriólica: no ver nada, no oír nada, no decir nada. Pero una política seria y responsable exigiría enfrentarse abiertamente con la situación y establecer una estrategia a medio y largo plazo que garantice la estabilidad de Ceuta y Melilla. Lo único que le falta a nuestro presidente es que le estalle entre las manos el polvorín de Ceuta y Melilla y que nos encontremos con atentados en cadena de unos terroristas sin control. La seriedad política exige prever la situación límite a la que nos acercamos, antes de que no quede otro remedio que sajar el tumor, taponar la hemorragia e intentar curar la enfermedad”.
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