www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CRÍTICA

Alan Wolfe: La maldad política. Qué es y cómo combatirla

domingo 18 de agosto de 2013, 16:49h
Alan Wolfe: La maldad política. Qué es y cómo combatirla. Traducción de Ana Herrera. Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. Barcelona, 2013. 496 páginas. 29 €
El libro de Alan Wolfe, La maldad política. Qué es y cómo combatirla, representa una original reflexión sobre una de las cuestiones intelectuales fundamentales de nuestro tiempo, tal y como había previsto Hannah Arendt: el controvertido tema de cómo interpretar la maldad en la acción política y, en consecuencia, cómo actuar ante ello. Se trata de un libro muy bien documentado y bien escrito, que ofrece un lúcido análisis del tema, con el objetivo de determinar cómo se debe combatir la maldad política, aquella que, según estas páginas, nunca desaparecerá y a la que debemos dar una respuesta correcta.

El autor reconoce la fascinación del “problema del mal”, sobre el que se han escrito infinidad de libros intentando catalogarlo, definirlo e, incluso, explicar su atractivo. No obstante, el trabajo se pone como objetivo reflexionar no sobre el mal general, sino sobre la maldad política, examinando las formas específicas que esta puede adoptar e indicando posibles respuestas a su existencia. El autor rehúye un enfoque “excesivamente abstracto” y reflexiona sobre los sucesos, las expresiones prácticas de esta maldad política.

Asimismo, no se trata de un libro “moralista”, sino de una reflexión ética sobre el concepto de maldad y su relación con la política. Más allá de la idea agustiniana de que el mal anida en el corazón del hombre, mostrando la proclividad humana al mal, la obra se propone reflexionar sobre las circunstancias, las razones, los elementos que determinan una actitud maligna por parte de un líder, de un político o de un movimiento, que puede llegar a terribles manifestaciones. El autor intenta ir más allá de la maniquea lucha entre el Bien y el Mal (con sus diferentes encarnaciones), considerando que esta simplista división puede llevar a estrategias erróneas. Wolfe no apuesta por una solución única, sino por un análisis atento de las circunstancias concretas de cada situación. No se puede dar una respuesta unívoca, sino que, en consideraciones del caso, se debe adoptar la estrategia oportuna.

Tras esto parece destacar como principal idea del libro que no se pueda asumir una postura a priori: resulta un error considerar la intervención militar como una panacea necesaria en todos los casos, tanto como apostar por la pasividad internacional, tal y como sucedió en el caso de Ruanda. Hace falta reflexionar sobre cada uno de los casos de maldad política y de uso de la violencia. Simplificar la realidad o un conflicto -tal y como sucede frecuentemente, incluso hoy en día, en los casos de Siria o Malí- no beneficia ni tan siquiera a las partes afectadas. No se pueden reducir las acciones políticas a buenas o malas, blancas o negras: hay muchos matices, elementos que merecen ser analizados. Además, en lugar de remediar o prevenir el mal, una acción o reacción equivocada puede agravarlo. En esta misma línea, resulta que toda maldad no puede ser combatida con las mismas armas.

Moverse a través de posiciones “preconcebidas” o pretender adoptar la misma respuesta ante casos diferentes es prueba de confusión moral y error intelectual. Se debe identificar la maldad sin una conceptualización sumaria, hallando una respuesta apropiada e idónea: solo de este modo, podremos comprender la maldad política y seremos capaces de combatirla. Por lo tanto, se trata de conocer lo que realmente está detrás de los hechos, llamando a las cosas por su nombre y abogando por un enfoque crítico de la realidad que nos rodea. Al mismo tiempo, se debe recordar cómo ha actuado el mal históricamente y aprender de estas experiencias, como, por ejemplo, el daño provocado por los totalitarismos y por las guerras.

En sus páginas, escritas con un estilo directo, el autor analiza ejemplos de maldad política, repasando y examinando algunos casos de genocidio, terrorismo, tortura y limpieza étnica, acaecidos en las últimas décadas y en diferentes partes del mundo (desde los Balcanes a Oriente Medio, pasando por Ruanda, Darfur e Irak). Alan Wolfe, profesor del Boston College, explica la inutilidad de una acción cuando se mueve entre premisas erróneas, la ineficacia de un combate si parte de un concepto inexacto. Por eso, uno de los puntos de partida del libro es que “el mal y la política forman una mezcla especialmente tóxica”. Y tiene razón cuando afirma que “se puede aprender mucho de las maldades políticas que nos acosan hoy en día”: en la actualidad, hace falta encontrar maneras mejores de detenerla, formas eficaces de luchar contra ella, sin recurrir a guerras que no se pueden ganar o en las que, al fin y al cabo, no se tiene suficiente interés. Para el autor, resultan mejores las “intervenciones blandas” al estilo europeo -una Europa que ha conocido en sus carnes los horrores de la guerra- que recurrir a las armas o a las invasiones: “Venus tiene sus atractivos cuando Marte deja de ofrecerlos”.

Por eso, ante la ubicuidad de la maldad política, el mérito de este libro es invitar al lector al realismo, a analizar la actuación política y el contexto en que se determina, a pensar de manera crítica en la maldad política. En la misma línea, el resultado es un enfoque crítico y retrospectivo sobre varias actuaciones de estos últimos años, enfrentando al problema de la maldad política con seriedad y asumiendo una postura realista –un realismo moralista en palabras del politólogo norteamericano-, sin caer en el cinismo o en el excesivo pragmatismo.

Por Andrea Donofrio
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.