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CRÍTICA

Gavin Hewitt: Europa a la deriva

domingo 25 de agosto de 2013, 13:47h
Gavin Hewitt: Europa a la deriva. Traducción de Dimitri F. Bobrosvki y María Hernández. Alianza. Madrid, 2013. 358 páginas. 18 €. Libro electrónico: 12,98 €
La crisis económica europea de los últimos años tiene cierta omnipresencia agotadora, que aparece tanto en las noticias como en conversaciones privadas, dejando casi siempre un sabor amargo y algunas preguntas abiertas: ¿cómo salir de la crisis? ¿hasta cuándo durará? ¿hemos topado fondo? En todo caso se advierte el nerviosismo en los líderes políticos, la falta de confianza en el sector empresarial y cierto hastío en la población, especialmente los que han perdido la esperanza a fuerza de sufrir el paro, la pérdida de vivienda u otras tantas de las formas específicas que son propias de la situación actual. En medio de esta vorágine muchas veces es difícil tener una mirada de conjunto, no perderse en los detalles o mantener una perspectiva adecuada de la situación del continente en general y de algunos países en particular.

Por lo mismo resulta bienvenido este libro de Gavin Hewitt, director de la BBC para Europa, que procura fijar la situación europea actual a partir de sus antecedentes y consecuencias fundamentales. Estamos frente a un libro completo y bien trabajado sobre la crisis económica europea, pero que avanza mucho más allá de las cifras, para adentrarse en los factores políticos y sociales, e incluso culturales, de los problemas que afectan al continente en los últimos años.

Desde un principio Hewitt plantea el delirio que vivieron algunos países de Europa durante unos años, y que llevaron al estallido de la crisis, en parte por problemas como la burbuja inmobiliaria (España), las cuentas públicas falsas (Grecia) y la frivolidad política (Italia), que son los casos representativos más graves. Asimismo la obra analiza las dificultades económicas de los países, los peligros de la crisis del euro, la difícil construcción de la unidad europea, los cambios políticos y sociales que acompañan a los momentos de dificultades.

Cualquier análisis muestra al menos dos caras. En primer lugar, enfatiza la crisis que enfrentan varios países europeos, como Grecia, España, Italia, y por otra parte Portugal y Chipre. No solo se trata de los evidentes problemas económicos (exceso de deuda, incapacidad de pagos, desorden), sino también de sus consecuencias políticas y sociales (recortes presupuestarios, disminución de pensiones, protestas, resurgimiento del extremismo, problemas políticos diversos).

En segundo lugar, Hewitt destaca la importancia del trabajo de Alemania y su líder Ángela Merkel (en ocasiones con la ayuda de Francia en tiempos de Sarkozy, e incluso Hollande, aunque con menos claridad) para salvar la unidad europea y el propio euro, pero exigiendo condiciones que permitan solucionar el problema a mediano plazo, a través de reformas estructurales. Un riguroso do ut des para la recuperación, en el cual la influyente señora Merkel ha sido de una consistencia a toda prueba.

Las exigencias no han resultado fáciles para los países afectados, pues implica renunciar a algunos beneficios muy arraigados, propios del Estado de Bienestar (jubilación temprana y bien pagada, menos horas y días de trabajo, y un gasto público enorme, entre otros). El gasto sin fondos ha sido una tradición que, a juicio de los líderes más influyentes, había que cambiar para no repetir los mismos problemas dentro de unos pocos años.

De la lectura del libro resulta claro que hay ciertos problemas que podríamos llamar “estructurales” que deben ser atacados, incluyendo el propio Estado de Bienestar, el euro, la Unión Europea y el gasto público de los países miembros. Pero también hay ciertos elementos “personales” de la mayor importancia, y que han ido definiendo la identidad europea de los últimos años: Merkel, Sarkozy y Berlusconi, entre tantos líderes que han dejado su impronta en los problemas y en las soluciones a la crisis. Y, adicionalmente, también podemos ver la presencia de algunas “ideas” que aparecen como telón de fondo, como son la de la unidad de Europa a través de la paz, en un siglo en el cual el continente sufrió dos guerras catastróficas, o la idea del Estado de Bienestar venido a menos.

Hay temas que aparecen y que merecerían una profundización especial. Por ejemplo, la contradicción entre los años de la farra (¿cómo se pudo llegar a eso?) y las duras condiciones actuales que enfrentan países, familias, personas, incluso una generación, con lamentables consecuencias para los países afectados. Otro caso: la convicción de la importancia de la solidaridad europea frente a la decadencia de la solidaridad intergeneracional que en su tiempo valoró con razón Edmund Burke. Una tercera dicotomía se refiere al predominio ocasional de la frivolidad política y sus penosas consecuencias, frente a la responsabilidad pública que debiera ser la línea maestra de los Gobiernos y los estadistas. Finalmente, la irrupción de ciertos peligros que amenazan la estabilidad europea y que en modo alguno contribuirían a la solución de la crisis, como es el caso del populismo, la violencia callejera, la consolidación del paro, el facilismo argumentativo, la incapacidad de mirar los asuntos de fondo pensando que solo se trata de una crisis política.

Leer este libro deja un cierto sabor amargo por la crisis económica, pero también porque ella puede terminar afectando a la democracia como sistema político. Por otro lado, se abre un espacio a la esperanza, si se sigue concordando un diagnóstico de los problemas que han generado la crisis, así como la necesidad de acometer las soluciones con decisión y responsabilidad. De esta manera Europa recuperará su fortaleza tradicional y podrá proyectar al mundo lo mejor de su tradición cultural, su organización social y económica, así como su proyecto político.

Por Alejandro San Francisco
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