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CRÍTICA DE ARTE

Reflejos: de Van Eyck a Magritte

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
miércoles 28 de agosto de 2013, 15:43h
El reflejo como recurso para superar los límites del cuadro comenzó a practicarse en el siglo XV, cuando en los albores del Renacimiento, la pintura comenzó a despertar del letargo medieval y a plantear la posibilidad de superar lo conocido. Una exposición gratuita en el Museo Thyssen permite comprobar cuál ha sido la evolución de esta técnica desde su uso como mecanismo para superar el carácter plano de lo representado hasta su concepción filosófica en el siglo XX.
El Museo Thyssen permite visitar de forma gratuita una exposición de pequeño formato titulada Reflejos y enmarcada en su programa Miradas cruzadas, con la que pretende establecer un diálogo entre las obras que pertenecen a sus fondos. En esta ocasión, el reflejo como mecanismo que permite al pintor superar los límites del cuadro es el eje de la muestra, que reúne doce piezas.

No hay más que atender al hecho de que se encuentra expuesto El díptico de la Anunciación de Van Eyck, una de las obras maestras que forman parte de la colección del museo y que está considerada una pieza fundamental en la Historia del Arte, precisamente por el logro alcanzado por el pintor flamenco en su intento por dotar de volumen a las escenas y generar con ello sensación de espacio, una de las máximas preocupaciones del Renacimiento.

Los óleos sobre tabla del arcángel San Gabriel y la Virgen María –creados a partir de la técnica de grisalla, es decir, que imita la escultura- son dos de los ejemplos más tempranos de la perfección ilusionista.

Otro ejemplo del siglo XV es El evangelista San Lucas, de Gabriel Mälesskircher, quien se sirve de un espejo circular en la pared –como el utilizado por Van Eyck en El matrimonio Arnolfini- para generar esa sensación de profundidad.

El tamborilero desobediente, de Nicolaes Maes, del siglo XVII, ahonda por su parte sobre la participación consciente del pintor en su obra mediante la representación de su reflejo en un cuadro colgado de la pared de una estancia protagonizada por una escena familiar.

Ese avance que se observa en la manera de concebir el reflejo por parte del artista no sólo como un recurso pictórico, sino también como un método de autoanálisis conduce irremediablemente a un punto de vista filosófico que es posible constatar en otras obras reunidas en esta pequeña muestra como El espejo psiqué, de Berthe Morisot (1876), o en Retrato de George Dyer, de Francis Bacon (1968).

Distinto es el mensaje que transmite René Magritte en La Clef des champs, óleo en el que muestra una ventana rota, cuyos fragmentos de cristal aún reflejan el paisaje que se observa tras ella. Según explica el museo, en esta obra “el reflejo es precisamente el elemento que convierte el lienzo en un enigma visual que perturba”. Como el cristal, añade, “la pintura ‘se ha roto’, ha abandonado su papel de reflejo de lo visible y se ha convertido en el instrumento del artista para demostrar la ambivalencia de realidad y ficción”.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Thyssen.

Fechas: hasta el 15 de septiembre.

Horario: de 10:00 a 22:00 horas de martes a sábado y de 10:00 a 19:00 los lunes y domingos.

Entrada: gratuita.
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