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Roma ha hablado: se va Bertone

sábado 31 de agosto de 2013, 20:17h
El sábado 31 de agosto de 2013 el papa Francisco ha nombrado al nuevo secretario de estado de la Santa Sede: monseñor Pietro Parolin, que desde 2009 se desempeñaba como nuncio apostólico en Venezuela, donde tuvo sus más y sus menos con Chávez. El cargo es el segundo más importante dentro de la estructura de la Iglesia después del Papa y el suceso, un tanto sorpresivo, cobra una especial relevancia que amerita abordarse.

El nombramiento citado significa que se va monseñor Tarcisio Bertone. El superpoderoso secretario señalado con aspiraciones papales y como el constructor de la barreras y colocador de las piedritas en el zapato de Benedicto XVI, al grado de facilitar, de contribuir decididamente a la salida del pontífice alemán, deja el cargo, se marcha como el verano, sin esperarse a la supuesta jubilación a la que Francisco apelaría, pese a incomodarle su presencia –con semejantes antecedentes– y no optando en cambio, por renunciarlo antes para no enturbiar más las aguas intramuros del Vaticano; aguas que no necesitaban más fuerza ni más jaloneo de sotanas con una gravísima renuncia papal de por medio como precedente inmediato, tal y como la que presenciamos en febrero de 2013. No ha podido ser la prolongada espera y Bertone se va.

Monseñor Bertone merece unas palabras. Se va justo cuando el Papa hace llamados por la paz en Siria. El exsupersecretario de Estado, heredero de un cargo crucial, toral en el manejo al interior de la Iglesia universal por sus implicaciones y en sus relaciones con el mundo entero, es decir, que era titular de un puesto tan importante por igual hacia adentro como hacia afuera del gobierno de la Iglesia, no lo deja de forma desapercibida y no nos pasa desapercibida. Los vaticanistas catalogan a Bertone como un personaje no sujeto de la confianza del nuevo pontífice y alejarse del solio pontificio no es tampoco una mera casualidad, y sí advierte el hecho de que los pasos de Francisco van firmes y no se arredra ante las adversidades. Algunos hablaban de cuervos en El Vaticano hasta hace poco. ¿Ha manoteado el Papa, sacudiendo cuervos? Ya lo veremos.

Las decisiones del Papa apuntan a que va cobrando fuerza su persona y asciende en su pontificado, mientras difunde la imagen de un pastor cercano a su grey tras el exitoso viaje a Río que nos ha conmovido a todos y luego de desembrollar la investigación sobre el “Banco de Dios”, removiendo gente perniciosa para que aquella siga su temido curso. Nada más deseable que la transparencia al interior de la Iglesia ¿no es cierto? Porque la opacidad eclesiástico-financiera debería de ser pecado mortal. Y ello no obstante que esta misma semana sorprendía el pontífice con el nombramiento de un legionario de Cristo (orden tan terriblemente desprestigiada por el caso de su fundador Marcial Maciel) designando nada menos que al español Fernando Vérgez Alzaga para ejercer el importantísimo puesto de secretario general de la gobernación de la Ciudad del Vaticano y hasta ahora responsable de las telecomunicaciones de aquella. Casi nada, ya se ve. Además de proteger su valioso y numeroso patrimonio, Vérgez estará responsabilizado de la logística en todo acto concerniente al Sumo Pontífice. Sin duda que es un nombramiento destacado que nos hace voltear hacia su persona, porque tendrá en sus manos la imagen más directa que recibe el mundo del Papa.

Todo esto hace evidente una vez más el juego de poder y las necesarias concesiones y reacomodos para mantener el caro equilibrio en el seno directivo de la Iglesia. Pareciera que con ello además, se desmiente la disolución de aquella orden, los Legionarios de Cristo, algo tan rumoreado desde el vergonzante silencio impuesto a Maciel y a su memoria. Pero todo esto no es nada raro en la corte papal, después de todo, con siglos de maestría desempeñándose en esas lides, sorteando el peligro. Vaya sí no. Y por supuesto que no vamos a meter en todo lo narrado a la Divina Providencia o lo que es lo mismo, todo lo descrito es mucho más mundano por ser todo ello obra humana antes que nada.

Volviendo a Bertone, como bien sabemos, tuvo sus roces con el gobierno Zapatero por diversas leyes y medidas aplicadas en España. Es llamativo que durante el desempeño de Bertone hayan pasado por Roma 4 embajadores españoles a ocupar la embajada permanente más antigua del mundo, la de España ante la Santa Sede. Los más en los años que presidió Zapatero el gobierno de España, coincidentes con el cardenal que ahora se marcha. Demasiados ministros, sin duda, cuando la embajada en Roma debería de ser medianamente tranquila para cualquier diplomático, a menos que las relaciones bilaterales sean tensas como lo eran y paradójicamente, mientras Benedicto XVI efectuaba tres viajes a España en su corto pontificado, lo que a simple vista parecería desmentir tal tensión, no obstante que la había, pues ella no existía con la Conferencia Episcopal española, sino con el gobierno.

Para el caso mexicano, si conocemos al nuevo secretario de Estado Parolin, por haber trabajado algún tiempo en la nunciatura de México, también recordamos mucho mejor a un Bertone beligerante y reclamante como pocos en Roma, de pedirle allí mismo, de visita al Estado mexicano, que permitiera educación religiosa en las escuelas públicas y que la Iglesia contara con medios de comunicación, ambas medidas contrarias a la igualdad de todos los credos prevista en la ley mexicana y a la separación de lo público y lo religioso, y del Estado aconfesional que hemos procurado y que nos ha costado conseguirlo 4 guerras entre el Estado y la Iglesia. Asimismo, tubo la gracia de decir que de lo contrario, no había libertad religiosa en México. Un desliz muy desafortunado que pintaba para torpeza supina.

Yo difiero enteramente y de cabo a rabo con monseñor Bertone, toda vez que existe la libertad religiosa y espero que así prevalezca, tal y como está. Y que todos los credos se sometan a la ley civil porque muchos, no solo el católico, se salen del redil de cuando en cuando y amerita recodárselos también.

Total, que Bertone se va, retirándose así un emblema muy identificable del pontificado de Benedicto XVI, sin que pueda yo decir que era parte sustancial de la forma de pensar del anterior obispo de Roma. Que Dios le guarde.
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