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Turquía: Mirando hacia atrás sin ira

Víctor Morales Lezcano
lunes 02 de septiembre de 2013, 20:08h
Dentro del conjunto de países y civilizaciones del Oriente musulmán, Turquía ha recibido un tratamiento y consideración especial por parte del Occidente europeo. Cuando fue sede del imperio osmanlí, la cristiandad entera intentó repeler sus incursiones territoriales (como los asedios a Viena en 1529 y 1683) y marítimas, valiéndose de las regencias otomanas que, como la de Túnez, estaban supeditadas al Topkapi en Constantinopla. Más tarde, al sonar la hora del reformismo modernizador durante la segunda mitad del siglo XIX, la atención diplomática, bélica y mercantil de las naciones europeas más incisivas en su praxis colonial, hizo de Turquía el centro de gravitación de sus respectivas políticas expansionistas en aguas del Bósforo, Mármara, Egeo y canal de Suez. Más adelante, la revolución nacionalista que inspiró y condujo Atatürk tras la primera guerra mundial, hizo de Turquía una república laica dentro del orbe musulmán. Aquello fue un aldabonazo. Más tarde, un paréntesis de medio siglo (1924-1970) llevó a que las instituciones republicanas arraigaran en los hábitos ciudadanos de la importante y numerosa minoría urbana de Turquía (Estambul, Ankara, Esmirna, Erzurum, Antalya); aunque no -ciertamente- en la Anatolia profunda, ni tampoco en las regiones fronterizas con el Kurdistán. Durante la guerra fría y los ulteriores conflictos inter-árabe-islámicos, de una parte, e islamo-anglosajones de otra, que han tenido lugar en Oriente Próximo y Medio, Turquía sirvió a los intereses geoestratégicos del Pentágono y de la misma OTAN en aquella región. Turquía reforzó, de esta manera, sus inveteradas aspiraciones occidentalistas, hasta llegar a las puertas de la Unión Europea y de su sede política y administrativa en Bruselas entre 2003-2005. Es ahí donde se encuentra todavía, en una especie de stand-by incómodo.

Recuérdese que los años 80 del siglo XX imprimieron, sin embargo, un sello interior y exterior diferente a la sensibilidad de las minorías y -a la larga- de las crecientes clases medias del país. Por su parte, el edificio republicano empezó a tambalearse, por más que los reiterados golpes de estado a los que se aficionó con dedicación el poderoso ejército turco pretendieran “adecentar” desde arriba el funcionamiento de la nación; por otra parte, las manifestaciones de “regreso” hacia la religiosidad sunní, introdujeron el tema del Islam político en el seno de una república formalmente laica. El viraje manifiesto que sufrió la república, coincidiendo tanto con la proliferación de “partidos de Dios” en el Oriente musulmán, como con el acantonamiento de dictaduras militares en la región -disfrazadas con atuendos civilistas (piénsese en la Siria de los Assad, y en el Egipto del largo interregno Mubarak)-, fue abocando a Turquía hacia la histórica victoria electoral del Partido Justicia y Desarrollo en noviembre de 2002. A partir de entonces, y en amplia media, la Turquía gobernada por los artífices políticos del Islam moderado troqueló una realidad económica y social turca de potencia media, pero también una imagen excesivamente fotogénica del país actual, ahora más perceptible, cuando se detectan síntomas de estancamiento en el orbe de países emergentes. El proceso de tal Transición es el que merecerá un desarrollo en ocasión venidera, si se pretende entender la “composición” de Turquía dentro del marco histórico del Oriente Medio.

Las revueltas callejeras de principios del verano de 2013, amén de otras variopintas demostraciones de descontento público contra el autoritarismo que exhibe el primer ministro del gobierno turco, exigen poner las cosas en su sitio. Ni parece que quepa deslizarse por la vía comparatista cómoda (¿ha llegado la primavera árabe a la plaza de Taksim?), ni desdeñar tampoco los síntomas de descontento social, que se han hecho visibles en los disturbios callejeros de Estambul durante un verano que se encamina a su fin.

Emprenderemos en su momento el itinerario de la historia reciente de Turquía, como hicimos con Egipto en Revista de Occidente hace varios meses, para esclarecer pasado y presente de la lejana Anadolu, o meseta de Anatolia, y su compleja periferia intercontinental. Es decir, la existencia de dos Turquías, fácilmente visibles hoy. Una de ellas innovadora, pro-occidental; otra, tradicional, más fiel a sus orígenes. A horcajadas entre ambas parece estar instalado el Partido Justicia y Desarrollo, su minoría conductora y amplios sectores de la sociedad turca. En los tres últimos años transcurridos, Turquía ha lucido, como si de una historia exitosa se tratara; los vapuleos que vienen sufriendo naciones árabes como Egipto y Siria han hecho posible, sin embargo, la aureola neo-otomana que sirve de ornato a la antigua sede del imperio. Se acaba de abrir, a todas luces, un nuevo paréntesis en la historia de Turquía y sus relaciones con el mundo árabe, e incluso con Israel.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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