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...Y Marx tenía razón

lunes 05 de mayo de 2008, 22:42h
Al referirse a Carlos Marx en su libro magistral sobre “Las etapas del pensamiento sociológico”, Raymond Aron señaló que el pensador alemán, además de describir las formas sucesivas de explotación de la historia occidental -del amo sobre el esclavo, del señor feudal sobre el siervo de la tierra y del capitalista sobre el proletario- también describió un cuarto tipo de explotación que se habría desarrollado por afuera de la tradición occidental y al que le dio el nombre de “modelo asiático de explotación”. En los modelos occidentales de explotación una clase -la de los amos, los señores feudales o los capitalistas- explotaba a otra -la de los esclavos, los siervos de la tierra o los proletarios-. En el modelo asiático el Estado explotaba a todas las clases, a los ricos y los pobres por igual.

Marx estaba pensando aquí en el imperio chino y en su vasta red burocrática de altos funcionarios o mandarines, dotada de tal rigidez que impidió que en ella estallaran las oleadas sucesivas del progreso occidental de las cuales resultó finalmente el advenimiento del capitalismo e incluso el horizonte socialista en el que soñaba el propio Marx.

Esta cuarta categoría de explotación podría sernos de utilidad para analizar el modelo de Hugo Chávez en Venezuela, así como el de otros presidentes iberoamericanos que siguen sus pasos con mayor o menor entusiasmo como Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua y los esposos Kirchner en la Argentina.

Desplazarnos hacia esta categoría supondría la adopción de una premisa altamente polémica: que la conducción de Hugo Chávez y de sus imitadores no es, en definitiva, “occidental”, mientras que otros gobiernos iberoamericanos como los de Lula en Brasil, Bachelet en Chile y Tabaré Vázquez en Uruguay podrían adscribirse en cambio a la corriente socialdemócrata europea de un Zapatero en España, en tanto otros gobiernos de la región como los de Calderón en México, Uribe en Colombia y Alan García en Perú quedarían más cerca de una centroderecha europea como la del Partido Popular español.

Si alineamos con la tradición occidental tanto a los demócratas como a los republicanos norteamericanos y tanto a la centroizquierda como a la centroderecha europeas, la animadversión de Chávez contra este grupo de naciones y sobre todo contra los Estados Unidos es tan intensa que lo lleva a coincidir con una posición ferozmente antioccidental como la del régimen fundamentalista de los ayatollahs en Irán.

¿Hasta qué punto podría decirse entonces que Chávez y sus seguidores aún adhieren a un modelo “occidental” de desarrollo? Algunos rasgos del modelo “asiático” de explotación coinciden en todo caso con la ideología de Chávez. El Estado, por lo pronto, se está quedando con las grandes empresas privadas, sean ellas nacionales o extranjeras. Ese Estado “estatista” es conducido además por caudillos personalistas que dejan de lado las instituciones republicanas de Occidente, con su división de poderes y sus plazos de alternancia en el poder entre dos partidos que, si bien compiten entre ellos, coinciden al mismo tiempo en la fe democrática y en la continuidad de los planes que apuntan al desarrollo económico de largo plazo.

Hay dos Iberoaméricas simultáneas, por lo visto, en ciernes. Una, habitada por la mayoría de los países de la región, es occidental. La otra, habitada por una minoría de países más o menos “chavistas”, mira al Este, pero no al Este de hoy, donde también predomina el modelo occidental, sino al Este despótico que todavía predominaba en el siglo XIX, en tiempos de Carlos Marx.

A la inversa de Europa y de América del Norte, Iberoamérica ha sido siempre ambivalente. Occidental y no occidental. Como occidental, todavía es el “pariente pobre” de Occidente. Siguiendo la senda política y económica de Europa y América del Norte, la centroizquierda y la centroderecha iberoamericanas procuran en estos días afianzar la democracia y salir del subdesarrollo. Pero Venezuela y sus aliados exploran el modelo asiático de explotación, dándole a los escritos de Marx la razón a un siglo y medio de distancia.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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