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Tokio 2020

sábado 07 de septiembre de 2013, 22:41h
Finalmente Tokio se ha llevado el gato al agua. La capital japonesa organizará los Juegos Olímpicos de verano de 2020, dejando atrás a Madrid y a Estambul. La incógnita ha quedado finalmente despejada, superándolas y dejándonos a muchos verdaderamente boquiabiertos con un desenlace cardíaco.

Mi afición a la historia del Olimpismo y a conocer los detalles del clásico jaloneo que debe haber por la puja en pro de obtener la codiciada sede olímpica, me conminan a externarle un par de ideas en torno a la 125ª reunión plenaria del COI celebrada en Buenos Aires, cuya jornada del 7 de septiembre de 2013 fue en la que finalmente se definió la continuidad del movimiento olímpico mundial.

¿Qué acabamos de presenciar? la postura del COI para garantizar un 2020 con miras a 2020. Me explico. Las tres ciudades pertenecen a países con crisis económicas de diversas magnitudes. Tengo la impresión de que el COI ha sido pragmático, así pasara por alto la magnífica oferta madrileña que de verdad siento que no se consiguiera, porque creí que la final sería entre Tokio y Madrid. Al ser pragmático, el COI ha encontrado más atractiva a Tokio.

Para mí esta ocasión me ha recordado de manera nítida la de 1993, que eligiera a Sidney como la sede del emblemático año 2000. Y mi valoración posiblemente ayude a comprender lo sucedido. Sidney competía con otras ciudades acaso no tan destacadas como sí sucedió en 2013, pero Sidney ofrecía algo que yo considero que fue clave entonces y que de nuevo es un factor a ponderar en el COI en 2013: garantizaba futuro y estabilidad a su propuesta. Como no se hundiera la isla-continente, Australia, podría ser garante de que habría juegos. Y no solo hubo juegos, sino que además, terminaron siendo de los más caros y lucidores de la historia. Lo que habla del derroche desplegado. Fueron brillantes. Tokio responde positivamente a una pregunta puntual: ¿qué candidata ofrece certeza política y sobre todo, económica sin contratiempos para cumplir en 2020 el año 2020? ¿sin turbulencia alguna? Observe que no digo cuál lo hace en 2013 de cara a 2020.

En una votación de pronóstico reservado y en una final parejera que dejó atrás entre otras a Roma, tras la prudente retirada del apoyo del gobierno italiano que apenas ha salvado la sede de la Exposición Universal de 2015 en Milán, todo indicaba que se disputaría entre Madrid y Tokio, pero resultó más peleado el resultado final. Estambul me ha sorprendido por su empeño y por llegar al final; a medio camino entre Europa y Asia se quedó en el camino, finalmente. Estoy cierto que hubiera detonado económicamente a una zona tan golpeada. No ha podido ser y el mundo musulmán tendrá que esperar a acoger unos juegos olímpicos.

Porque conste que no pasa inadvertido que tan pocas candidatas llegaran a la final, antecedidas de una durísima crisis mundial. Valientes dónde las haya. Será que no está el horno para bollos ni la Magdalena para tafetanes. Ni en 2013 ni en 2020. Y lo menciono porque aunque las tres aspirantes precisaron en sus informes al COI que lo restante por montar y gastarse era ya lo de menos en todos los sentidos, quizás el ser la sede es una aventura riesgosa y fue lo que definiera el resultado. Ello explica en estos momentos la convocatoria tan desierta y las deserciones registradas tan acuciosas y notables. Y quede claro para quien ha ganado, que no solo a Montreal’76 le costó una década pagar gastos olímpicos. México sabe de lo qué se trata. Con lo que le costó en su día ganar la sede para su capital (1968) y fincar un impuesto a la tenencia vehicular para financiar el tinglado olímpico, que siendo una medida provisional, se dijo entonces (para conseguir tales fines) se quedó el mentado e impopular impuesto por más de 40 años. Aberrante, sin duda. Avisados quedan.

Pero hay algo más. No basta el medallero ni el esfuerzo deportivo. No basta. Eso debe de comprenderse claramente y en cualquier caso, nunca debe importar el escenario para que luzca el esfuerzo deportivo. Ser sede siempre ayuda pero no determina. Las políticas deportivas servirán pero no garantizan y lo estamos viendo nuevamente.

Lo he expresado en redes sociales apenas días atrás: Estambul era mi favorita por la única razón de que Turquía no ha organizado unos juegos olímpicos y ya que se había apuntado por quinta vez, haberle tomado la palabra; que estoy convencido de que el Olimpismo merece reforzarse no únicamente con la rotación continental, sino con la variedad de sedes y países organizadores. Si apelamos con sinceridad a su universalidad, desde luego. Pongo por caso que si la terna hubiera sido San Petersburgo, Lieja y Singapur, habría apostado por la última, siguiendo el mismo criterio de novedad que necesita siempre el Olimpismo. Que no se cometa así el error de los Juegos de la Mancomunidad Británica monopolizados por unos cuantos en décadas pasadas. Aprendamos la dura lección. Que no me canso de decirlo: que se reparta la gloria. ¿Recuerda que se lo dije aquí mismo en julio de 2012 apelando a unos juegos en África? Pero Tokio 2020 promete ser radiante.

Quiero concluir diciendo que Madrid ha hecho una labor estupenda que he seguido de cerca. Ha dado la batalla y nada me habría gustado más que, sin ser mi candidata –apelando a la rotación olímpica¬– se hubiera alzado con el triunfo. Ello porque es de la ciudad que me consta su ingente esfuerzo por alcanzar esa meta que tanta ilusión despertaba. Y me preguntó si deberá buscarla ad infinitum. No tengo una respuesta certera, pues ha dado la batalla como nunca antes sin conseguir la meta. A Madrid le será muy complicado remontar lo sucedido, precisamente porque cada ocasión implica invertirle. Me resulta una incógnita el saber qué hará. Ha apostado todo su capital político promoviendo su candidatura y no lo ha conseguido. Pero aquí vale decir Madrid es mucho Madrid.

Un contacto en redes, Delfina, desde Murcia, ha expresado una gran verdad: “Nos hemos quedado sin Olimpiadas pero el deporte español tiene actualmente un altísimo nivel”. Luz, desde Japón, me ha contado como también cerraron filas. El Olimpismo continúa y la deportividad ha de prevalecer.


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