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Italia, al borde de la crisis de Gobierno

domingo 08 de septiembre de 2013, 13:09h
La posible expulsión de Berlusconi del Parlamento italiano y sus consecuencias han animado el verano italiano. En las playas se ha debatido con preocupación sobre el futuro de Italia, aunque con menos interés y animosidad del empleado para discutir sobre el mercado de fichajes del calcio. ¿Qué pasará si en septiembre el Senado votará la expulsión del ex premier condenado en firme? ¿Estamos ante una crisis de Gobierno?

Tras lanzar una serie de ultimátum, Berlusconi sigue con su secuela de amenazas, chantajes y declaraciones, en el intento de presionar a su socio de Gobierno, el Partido Democrático, para que no vote a favor de esta medida. Como siempre, predomina el interés personal y no importan las consecuencias sobre el país. No obstante, si hemos llegado a esta situación, la responsabilidad es de todos. Considerar este Gobierno como el “mejor posible” o una “solución deseable” resulta tan ingenuo como hipócrita. Se trataba y se trata de un gobierno de emergencia, que cuenta con unos cimientos tan frágiles que su supervivencia ha peligrado desde el primer día. Además, parece mentira que se pueda considerar a Berlusconi un socio “responsable”: no, no se puede formar un ejecutivo con una figura política como Berlusconi, preocupado por la defensa de sus intereses económicos y de su status legal. El PD ha vendido su alma al diablo y ha aceptado formar gobierno con su “enemigo íntimo”, sin comprender que así no podría llevar a cabo las medidas más importantes y útiles para el interés del país: ya, por culpa de su aliado principal. Por eso, asistimos impotentes a la acción de un Gobierno capaz de convertir en prioritario el debate sobre el impuesto sobre la primera vivienda (IMU), argumento más bien propagandístico, en perjuicio de temas de mayor calado y urgencia como la reforma de la ley electoral o del mercado laboral. Como auguraba –y advertía- con mucha clarividencia hace unos meses, Pippo Civati en su muy recomendable libro “Non mi adeguo”, “el gobierno del ‘subito’ (pronto, en seguida) se ha convertido, casi en seguida, en el gobierno del ‘después’”.

La actual situación es el producto de un sinfín de errores cometidos por los partidos políticos italianos tras las pasadas elecciones: el PD ha mostrado sus debilidades y sus límites y ahora le cuesta mucho abrirse al cambio, a una renovación de la leadership tan necesaria como improrrogable. Le está costando digerir el fracaso electoral: cabe esperar que el cambio en la cúspide suponga una efectiva renovación de las políticas del partido. La nueva guía del PD debe hacer “borrón y cuenta nueva”, reconstruir un partido dividido, víctima frecuentemente de una preocupante tendencia masoquista. No basta con rejuvenecer un anquilosado partido y su anacrónica cultura política, sino que además hay que cambiar su línea política, renovar sus ideales y, también, sus caras visibles. Por su parte el Movimento 5 Stelle (M5S) no parece exento de responsabilidad, inmerso en una batalla interna entre los ortodoxos y los aperturistas sobre temas más bien fútiles. Lamentablemente parece que se está desgastando la frescura política del nuevo sujeto político nacional, cada vez más rehén de los proclamas de Grillo y de sus técnica del insulto.

Finalmente, no se puede permitir que Silvio Berlusconi siga resultando determinante para el futuro de Italia, ni que condicione la agenda política del actual ejecutivo. Letta debería tomar conciencia del coste político de prolongar la vida de su Gobierno: por eso, sería oportuno realizar la reforma electoral cuanto antes. Sólo así el fantasma de unas nuevas elecciones, que el inhabilitado in pectore Berlusconi suele agitar, no sería tan catastrófico. El recurso del cavaliere al Tribunal de Estrasburgo representa un nuevo capítulo de la farsa a la que lleva años sometiéndonos y a la que una parte cada vez mayor de italianos no quiere acostumbrarse. La política italiana no puede pasar de esperpéntica a laberíntica: hace falta encontrar soluciones y salidas. Cambiar la ley electoral se debe convertir en una prioridad por el actual Gobierno, sin más prorrogas. Los italianos se distancian cada vez más del escenario político actual, demandando otra política, anhelando contar con una oferta nueva. Se trata de restituir la soberanía a los ciudadanos, devolver dignidad a la política. Italia no puede permitirse volver a votar con este sistema: Berlusconi debería ser parte del pasado de Italia, no de su futuro.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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