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RESEÑA

Óscar Curieses: Hay una jaula en cada pájaro

domingo 08 de septiembre de 2013, 16:05h
Óscar Curieses: Hay una jaula en cada pájaro. Ya lo dijo Casimiro Parker. Madrid, 2013. 112 páginas + CD. 12 €
El poeta Óscar Curieses publica Hay una jaula en cada pájaro, un libro que es una antología, pero que también incorpora textos inéditos. La edición es muy cuidada, una gema que mezcla poemas, partituras, dibujos y hasta un CD, con el proyecto de audioperformance del grupo AMC313, con el que colabora Curieses. De manera que la concepción de Hay una jaula en cada pájaro va más allá de lo tradicionalmente entendido como antología. Nos encontramos ante una revisión que aglutina distintos momentos de la poesía del autor, y que sirve para corroborar la coherencia de su Poética, así como la evolución de su propuesta. Desde poemas pertenecientes a sus dos poemarios publicados hasta la fecha, Sonetos del útero y Dentro, hasta un adelanto de lo que será su próxima publicación, Icebergs, o textos inéditos, como “Hacia Machado”, “March in’Bagdad” y “Bichos de tinta o un falso bestiario”.

La poesía de Óscar Curieses no tiene cabida para las concesiones. Más bien al contrario. Para quien conozca la trayectoria del poeta madrileño, sabrá que la lectura de su poesía supone una experiencia probablemente fascinante, desde el momento en que nos sitúa en un lugar que no sabemos identificar con exactitud y que además consigue removernos a nivel interno. El lenguaje plástico se hace carne y la palabra provoca asociaciones insólitas, alucinaciones reveladoras que cuestionan la realidad.

El poema es un artefacto que puede entrar en consonancia con la pintura, la música o el cine. Y en esa fusión de lenguajes, en esa amalgama de resonancias, palpita la tensión del poema, que intenta sugerir y existir desde cero, o desde un volver a empezar. El “contralenguaje” de Curieses va más allá de la palabra: se extiende hacia otros tratamientos, dialoga con ellos, los altera y los funde. Como dice un bello verso suyo: “Él piensa otro lenguaje de la nieve”. La poesía de Curieses es matérica, física, y a la vez mística. Y ahí reside de uno de sus mayores atractivos. La belleza que suscita estos textos tiene un revés que renueva, que violenta, explorando los límites de la palabra, de las asociaciones gramaticales, de la puntuación, de la página.

Por lo general, la lectura de Sonetos del útero o de Dentro, produjo en los lectores un extrañamiento, al igual que sucedía en ciertas películas de Bergman o Buñuel, cuadros de Francis Bacon y en los poemas de Huidobro o Lautréamont. Y ese extrañamiento se mantiene a lo largo de su poesía, si bien evoluciona, se busca desde distintos ángulos, se reencuentra en un espacio indefinible. Al final, queda la belleza y el dolor que conlleva. Hay poemas realmente hermosos, como los pertenecientes a “Bichos de tinta o un falso bestiario”, donde los breves textos se enfrentan a los trazos pictóricos de Luis Martínez de Merlo, o los que corresponden a Icebergs, de próxima publicación.

Precisamente la sección de Icebergs, proyecta unos poemas cortos, bellos, dolorosos, dando cobijo a la violencia de la puntuación y la versificación, la sugerencia de la fragmentación; una flexibilidad que incita a la lectura lúdica a la vez que profunda.

Curieses alterna tanto la poesía fragmentaria como la poesía en prosa. Y esta última -si es que es necesario reseñar con etiquetas diferenciadoras-, es uno de los tratamientos que más productivamente genera el poeta. Poemas cuyo ritmo zigzaguea, finta, juega, y sobre todo, sugiere, remueve. Además, no solo limita la extensión de la poesía a la escritura propiamente dicha, sino que tiende puentes con la música, la performance, el videoarte o el dibujo y la pintura. Y este libro supone una síntesis de las cualidades y extensiones de su poesía.

Al final de Hay una jaula en cada pájaro encontramos un CD que lleva por título “El grito es un movimiento inacabado”, e incluye diversas improvisaciones sobre poemas del autor, realizados por el grupo de audioperformance AMC313, donde Óscar Curieses colabora junto a los músicos Edith Alonso y Antony Maubert. La escucha resulta tan fascinante como la poesía escrita, y revela el afán de experimentación del autor. Para quien no haya visto a AMC313 en directo, la experiencia resultará subyugante.

Por Carlos Huerga
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