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Bach: El nuevo dirigente del COI

viernes 13 de septiembre de 2013, 17:24h
Para cerrar el capítulo olímpico en torno de la 125ª sesión ordinaria del COI celebrada en Buenos Aires, permítame expresarle alguna opinión sobre que se ha nombrado al alemán Thomas Bach como nuevo presidente de este organismo. ¿Alemán? Me suena a disciplina férrea y a mano firme. Será que hace falta poner algo de orden allí. El ahora exvicepresidente del COI ofrece diálogo permanente. Considero que anticipa que no habrá continuidad. Parece más carismático que Rogge.

Se va el belga Jacques Rogge, de hierático rostro y disminuida figura (lo digo porque eso me lo ha parecido al verle su físico, al leer el nombre de la ciudad sede de los JJ.OO. de 2020).

Recordando que le escribo desde América, mi primera impresión es que Europa ha monopolizado el cargo que ahora encabeza Bach. Quizás obedezca a esos “acuerdos” de posguerra por los que se repartieron cargos e instituciones mundiales entre América y Europa, pero es lo que hay. La excepción al frente del COI fue el estadounidense Brundage (1952-72) y pare usted de contar.

Leo que el nuevo dirigente fue esgrimista y medalla de oro en Montreal’76, en la categoría de florete. ¡Pues enhorabuena por el COI! que se ha decidido por un esgrimista porque me queda claro que lo van a requerir. Lo necesitarán en grado de urgencia para lidiar con temas que han quedado sobre la mesa de cara al futuro del Olimpismo. Días antes la lucha como deporte se ha ganado el sobrenombre de ‘olímpico’. Por algo la habrán incluido, anticipando lo que se puede venir.

En efecto, Bach deberá lidiar con cuánta cosa no atendió Rogge y que desde que ocupara el cargo heredado de Samarach ya se advertía como obligada: el gigantismo de los juegos con su costosísima edición que apremia a replantearse su futuro o esas pujas desgastantes para conseguir la sede, en que puede salir una mezcla demoníaca del cuento de la lechera con las cuentas del Gran Capitán, mientras acecha el error más mínimo a cometerse para perder la candidatura, recordándonos la conseja popular: en los detalles está el Diablo. ¡Y de qué manera!

Ya Bach tendrá trabajo por delante. Lo escribí en redes sociales días atrás y lo refrendo ahora aquí, sobre el hecho de cómo ha jugado la geopolítica en el deporte. Yo añadiría que más en la gestión de Rogge que en la de Samarach. Apunté que sobre la sede de 2020 “Elegir a la asiática supone cerrarle las puertas a Asia en 2024. Elegir a Madrid para 2020 significaba cerrárselas a Europa. Y abrirlas ahora eligiendo a Asia para 2020, no es para abrírselas a un Madrid 2024, sino a las pretensiones de París 2024. Falta contar con las ganas que le trae Estados Unidos al 2024.”.

Hago una última reflexión. Se arguye que París desea los juegos de 2024 con un peregrino argumento: será el centenario de sus juegos de 1924 celebrados allí. Sí, recordemos, los últimos en que se defenestró todavía a Alemania tras la I Guerra Mundial. El argumento no cuela porque Atenas ya pedía los del mismísimo centenario de los Juegos Olímpicos modernos en 1996 y no los obtuvo frente a Atlanta, sede mundial de la patrocinadora Coca Cola. Quizás sería más sensato y honesto expresar por parte de París un ”queremos porque podemos” y no al revés. Falta mucho para definir esa sede de 2024, pero como puede usted apreciar han hecho muy bien el COI eligiendo al esgrimista. Lo van a necesitar y con creces. Al tiempo.
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