www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Un debate parlamentario sobre la independencia de Cataluña

Juan José Solozábal
martes 17 de septiembre de 2013, 18:08h
No creo que el ciudadano ordinario se encuentre satisfecho con la respuesta del Presidente Rajoy al President Mas. Un verano de espera para encontrarnos finalmente con un folio y medio en el que el Presidente del Gobierno muestra su disposición al diálogo, sin mayores concreciones, es decepcionante, si no otra cosa peor.. O sea largas , la política sabida del wait and see, que parece es la preferida por el Sr. Rajoy. ¿Todo esto es lo que podemos ofrecer desde las instituciones del Estado a una situación de descontrol, en la que la marea independentista sube incontenidamente y amenaza con un desbordamiento de consecuencias imprevisibles? ¿Alguien, de verdad, cree que el tratamiento adecuado a la situación consiste en una carta apaciguadora cuyos nulos efectos veremos inmediatamente, cuando el Parlamento catalán urja la convocatoria de un referendum, y prosiga con la escalada independentista como si nada ocurriera?

Lo que hay que hacer es efectivamente hablar, pero antes de nada en el Parlamento. La preterición parlamentaria de la crisis catalana es síntomática de la gravedad de la situación, la de más peligro que ha conocido nuestra democracia, fuera del intento golpista de 1981, y constituye un exponente innegable de las dificultades para afrontar adecuadamente y con posibilidades de éxito el momento político que pasamos. Vivimos en un régimen parlamentario, pero en el que la vida parlamentaria es claramente insuficiente, y prueba de ello es que todavía no se haya hablado en nuestras Cortes del principal problema que ahora tiene el sistema constitucional, esto es, que todavía no se haya celebrado allí un debate sobre la independencia de Cataluña. La discusión sobre la independencia se produce exclusivamente en la arena política catalana, y va siendo hora de que pase asimismo al centro del sistema constitucional que tenemos, esto es, a las Cortes Generales. Sólo en este sitio podrá tratarse con claridad y profundidad de la situación actual de Cataluña y de sus perspectivas, dando réplica adecuada a quienes plantean como conveniente la independencia. El debate en Cataluña, parece, se está presentando en términos reduccionistas y erróneos con manifiesta indefensión de los partidarios del mantenimiento del orden constitucional territorial actual, y en medio de un ambiente enrarecido por la manipulación y la propaganda.

No basta en el momento presente con la descalificación intelectual del independentismo, denunciando su falta de rigor y su propensión a la tergiversación continua. No tiene sentido oponer democracia y constitución, pues no hay democracia sino populismo cuando se prescinde del Estado de derecho, con menosprecio de la ley. El derecho a decidir o es una simpleza, pues la democracia es un sistema a través del cual justamente se hace posible que el pueblo decida, normalmente de modo indirecto, o es una simulación como elusión conceptual del derecho de autodeterminación, que nuestro sistema, como ocurre en tantos ordenamientos constitucionales, no acepta. No es cierto que el Tribunal Constitucional laminara el Estatuto, antes bien respetó, siempre que se observaran los títulos competenciales del Estado, todas las facultades o poderes establecidos en tal instrumento jurídico, salvo unas pocas cláusulas, por otra parte desechadas por criterios conceptuales o formales. Es falso que Cataluña sea relegada en el funcionamiento del Estado o impedida en su autogobierno. Por ejemplo, la política económica de los sucesivos gobiernos que ha habido en democracia se ha determinado en buena parte por los nacionalistas catalanes, que han disfrutado, así, de una capacidad de influjo en la política nacional superior a su estricto peso parlamentario. Tenemos un sistema fiscal-financiero diseñado con la intervención y el consentimiento catalán, al que se incorporaron las modificaciones introducidas por el Estatuto del 2006.

“El mercado de las ideas” catalán está, parece, obturado y, según opinión de diversos observadores, la verdad tiene dificultades ya no para abrirse paso, sino incluso para hacerse oír. Abramos un debate en las Cortes en el que suenen no sólo palabras como las anteriores sino las de los representantes del nacionalismo catalán, de modo que se escuchen en un espacio sin trucos de resonancia sus razones.

La defensa del sistema constitucional, que puede y tal vez merezca ser reformado, debe correr a cargo del Gobierno, evidentemente, pero también del principal partido de la oposición, que en materia constitucional ha de hacer línea común con el Gobierno de la nación. Cuando reclamamos que el Parlamento sea la sede de una debate sobre la independencia de Cataluña, que por dignidad debe celebrarse en público y ante los ojos de todos, lo que buscamos es que nuestro sistema político haga honor a su condición de verdadero régimen parlamentario, al que le caracteriza no sólo la responsabilidad política del gobierno, sino la centralidad de la discusión parlamentaria en el funcionamiento del Estado. Resultaría muy decepcionante que el Estado de la Restauración que no era un verdadero régimen parlamentario, tuviese no obstante una superior vida parlamentaria. ¿No se discutieron en el tiempo de la Restauración asuntos como la Semana trágica, o el desastre de Annual o la propia autonomía de Cataluña? ¿Es mucho pedir que, tras casi cuarenta años de democracia constitucional, las Cortes Generales estén a la altura de lo que un sistema parlamentario, vivo y eficaz exige, y tenga por fin lugar un debate sobre la independencia de Cataluña?

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios