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La Ñ en el tricentenario de la RAE (I)

viernes 27 de septiembre de 2013, 20:44h
Texto alucinante para nuestros apreciados lectores en ambos hemisferios, que reta su conocimiento del vasto idioma español. Léanlo completo que algo queda de su trama:

Desmañado, desmañanado, en la bañera y extrañado, no puedo trasmañanar más el tema y desgañito: ¡la entrañable eñe (ñ) es mi favorita! Con diseño cereño, fuerte pues, señorial, es la señal imperecedera del quiñón que es la lengua española. Su ceñida virgulilla abuñolada mas no greñuda, es su espadaña. Risueña, leñosa y pequeñuela, es un adminículo de armiño que no sujeta ni con cáñamo ni con lañas. Letra miñona, sin citarle la guía Peñín, aparece en la primavera abrileña, en el ocio agosteño, en la hojarasca otoñal o en el castañeteo dental hibernal. Su posición aventajada la coloca cumbreña.

No es una patraña piropearla más que a una quinceañera y como Clavileño, va de andariega muñeca mañanera con su moño; asemeja un alfeñique. ¡Alcemos un puño por ella! y trillemos, afriñemos, el idioma, abañándolo añangotados, incluso, con carreñas para encontrarla. Pero hacerlo es solo el señuelo en pro de nuestro interés por ella, pues si otraño, 2012, conmemoramos doceañistas, el 13 va de cumpleaños tricentenario, el de la RAE, cuyos señalamientos y no gañidos aunque sean algo regañones, despabilan al soñoliento. Cual designios, sus disposiciones son verdaderos deseños. 2014 aguarda añorado.

¡Nos escañamos! da migraña y sabañón que alimañas cañaríes cual pájaros arañeros, como sañudos garduños boñigueros con sus guadañas cabruñadas, cual arrebatapuñadas, o sea, que nos referimos a los uñosos creadores de ordenadores, o computadoras como las llamamos en América, creyendo a la ñ un añublo, nos enfurruña que pretendan frañerla siempre con calaña de engañapastores o engañamundos; que pretendan mantener su rapiña como arañuelos fuñiques –con soterrañas triquiñuelas arrojadas como bolaños– para quitarle su añosa seña para expulsarla de nuestros teclados, queriéndola carilampiña, para sosañarla, terruñándola después. Sin poca ni más vergüenza quieren quitarle su multipresente tilde dejándola como baraños en coloños desperdigados por el campo, secados al sol y quisieran que se los llevará el viento y el olvido. No la quieren a la ñ.

¡No pue’ser! Se escoñarán sus esfuerzos vanos porque la ñ apiñonada ni es carroña ni muñón ni extraña, pues nos entraña identidad lingüística, que atañe a todos preservarla, impidiendo hacerla leña o apuñalarla. ¡Despeñados fuereños engañabobos y gañanes! ¡Denles caña y al caño! ¡Sepan leñadores engañanecios que a la ñ le endiñan puñetazos mercantilistas!: su engañifa para arrebatarle su señera vírgula costará un riñón; fracasarán en intentar quitarle su cubierta o piñorarla, ya que nos acompaña desde nuestra niñez y no está a la venta ni a peño, ya que somos codueños y sabemos doñarla. Su tañer y su tañido despuntan. Antes perderíamos el carcañal que verla desguañangada, despeñada, barbilampiña, engruñada o empequeñecida y olvidada. Mas no fuñemos las cosas, separemos cada tema para poderlo entender mejor.

La RAE no es tresañeja, legañosa ni tiñosa y debiera invocar su señoreaje para muñirnos a encumbrar a la ñ, anunciándola con sonoros añafiles, desentrañando su origen al enseñarnos multitud de palabras –engañosas en número– a las que tiñe con su nariz aguileña, que imagino cardeña, taheña o de verdiñal percha señoril. Da ñañaras pensar que podemos perder la ñ por mentecatos que la desdeñan ¡Y tamaña campaña sería esa, la de conocerla y reutilizarla más! Aunque algunos la emprendan solo a regañadientes.

Vueseñoría, la señoreada Doña Ñ, de trasañeja estirpe no fariña, por añadidura cenceña, dueña de sí, no obstante que hogaño retoña sin crear grades añadas con muchas palabras abrotoñadas con ella, al heñir la masa del idioma no es tacaña al ordeñarle vocablos cual cañutos, algunos nuevos como “rediseño” “gruñis” “rabideño” y “señalética”. Causa morriña y extrañamiento no oír su sonido similar a unas tarreñas. La ñ, de cuño quintañón, ergo no añojo pero sí de inescudriñable antañada, amerita a su salud más que un añejado coñac, una copita de antañona champaña prodigada en animada añacea organizada en su honor, no sin antes proveerla de castañas adquiridas a un castañero.

Baste decir por ahora que al escarcuñar su origen, no causa extrañeza saber que no es obra isleña y no omitamos reconocer que no la trajo la cigüeña en pañales hace un añal, depositándola en un castañar. En cambio, nuestro imaginario se despliega desde ultramar, en América, y la visualiza en Iberia terreña y terruñera, asaz añosa, pues sí que remite al antañazo añejamiento de la lengua de castellana cuna.

Ella es la feliz y ocurrente consecuencia de la artimaña de los burgueños y viñeros copistas cartujos, esmerados desde sus adustos monasterios de arcos perpiaños edificados con moleños y berroqueños cantos rodeados de castaños, beleños y berrañas, situados en desolados parajes soteños guarecidos con mureños setos. Ya barbitaheños ya barbicastaños ya barbilampiños, en tanto manuscribían escolásticos añalejos en vez de jugar a pipis y gañas sin cobrar el dezmeño, diezmo, pues, aquellos rutilantes eremitas ruñaban el idioma y al adueñarse de sus secretos, crearon una diminuta cuña por bonete, simplificando la doble «n» y así la españolizaron, pergeñándole muy engeñosos y mañeros sobre tiras de rústico papel, con sobrias péñolas albas apoyados sobre vetustos bargueños, casi como si jiñaran y añascando añadieran aquellos escribientes cucañeros voces con solera que empreñaban el ceñudo lenguaje castellano, convirtiéndolo en güeña o savia fecunda de viñedo vendimiado por grandes viñadores o como si tratárase de bruños que no causan estreñimiento, además.

Troquelando aquellos hombres de Dios expresiones con ella para su acervo de regia cuña, sucedió aquel inmemorial alumbramiento entre brañas, liños, rañas, breñas y añagazas de boheñas para morroños gatos, incesantemente inquietos entre sus pies al miañar. Cual contraseña soterraña en que fue convertida, empero no burreña –sin rebañarle nada a la nueva creación– legáronla al mañana, sirviendo cual añacales llevando trigo al molino. Cont….
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