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Atletismo solidario: ¿Cómo iluminar la calidad de vida de un pueblo de Senegal desde Madrid?

domingo 29 de septiembre de 2013, 04:26h
Un redactor de este diario ha protagonizado un desafío solidario que contaba con el objetivo de establecer una infraestructura eléctrica básica en un poblado senegalés llamado Ndokh, donde el mero hecho de contar con este avance resultaba utópico. A cambio de la recolección de una recaudación de 1.000 euros, Borja de la Mota ha completado un recorrido de casi 58 kilómetros que ha unido la madrileña Plaza de Castilla con San Lorenzo de El Escorial. El Imparcial expone la gestación de este proyecto solidario, que usa los excelsos valores el atletismo para ayudar a una pequeña porción de seres humanos oriundos del continente olvidado a mejorar su maltrecha calidad de vida.
Haile Gebrselassie resumió en una entrevista la actividad deportiva que convirtió en modo de vida señalando que "correr es la mejor medicina que existe". El triple campeón mundial de las carreras de fondo profesionales y Premio Príncipe de Asturias de los deportes condensaba de ese modo el simbolismo que para muchos compatriotas etíopes había adquirido el running.

Un carácter casi curativo en latitudes africanas que, en las últimas décadas, se ha trasladado a Occidente como un elemento terapéutico más que añadir a las herramientas para sobrevivir en el frenético día a día que marca nuestra civilización.

El oasis de abstracción deportiva que une a miles de corredores anónimos y profesionales, sea cual sea su procedencia y sus circunstancias personales, en pos de retos de auto-satisfacción personal, simple relajación o el sueño de una vida dedicada al hobby preferido.



Es en el inherente ingrediente de asimilación social y esfuerzo solidario que tiene el atletismo donde encontramos la historia que entronca un apasionado corredor madrileño y un pequeño pueblo senegalés llamado Ndokh: la sublimación de los valores que encierra esta actividad deportiva. La conexión entre el desafío que supone entregar hasta la última gota de sudor en pos de la mejora personal y la solidaridad que luce como emblema el atletismo de fondo, quizás por el origen de sus profesionales más destacados. La voluntad de entrega y la necesidad de un pueblo lejano. Correr no tiene fronteras y esta es una muestra cercana y palpable de este axioma.

Borja M. Herraiz, redactor de El Imparcial y fiel practicante del running que decora el paisaje de nuestras ciudades con cientos de corredores, se propuso poner su granito de arena en un proyecto solidario intercontinental que pretendía recaudar fondos para mejorar las condiciones de habitabilidad del mencionado poblado senegalés, ayudar a establecer una infraestructura eléctrica básica para sus habitantes a través de la energía solar y, por ende, mejorar la calidad de vida de esta pequeña porción del continente abandonado a través de CC ONG y Deportistas Solidarios.

Para lograr esa meta y acortar la distancia entre la utopía que representa la posibilidad de disfrutar de electricidad para los habitantes de Ndokh y la realidad que se propuso este proyecto, Borja se comprometió a completar, corriendo y en menos de cinco horas y media, el recorrido trazado entre la madrileña Plaza de Castilla, desde donde partió a las 07.50 del pasado sábado, y el serrano pueblo de San Lorenzo de El Escorial con el objetivo prioritario de recaudar un total de 1.000 euros, cifra que se destinaría a la implementación práctica del proyecto presentado con anterioridad.

Un recorrido de casi 58 kilómetros (57,970) atravesando las localidades de Pozuelo de Alarcón, Majadahonda, Boadilla del Monte, Villafranca del Castillo, Valdemorillo y El Escorial salpicado de rampas, desniveles, terreno rompe piernas y la prolongada subida en el tramo final, hacia la población que acoge el monasterio que representa la obra arquitectónica cumbre de Juan de Herrera y que Borja tardó en recorrer 5 horas y 32 minutos, un promedio de 5 minutos y 44 segundos el kilómetro.



Pues bien, este sábado, toda vez se alcanzó, con éxito, la recaudación solidaria, nuestro compañero se dispuso completar el trazado expuesto en colaboración con la organización Deportistas Solidarios en Red.

Con el recorrido en mente y el avituallamiento consecuente al esfuerzo a realizar, emprendió la marcha Borja sin contar con el invitado inesperado: el primer contacto con el clima otoñal que en este 2013 ha desembarcado en la capital española. Sin embargo, aunque las tormentas han obstaculizado el despliegue físico del corredor, no han hecho sino fortalecer la voluntad del atleta en pos de lograr el objetivo con un poco más de épica de lo deseable.

Pero 57 kilómetros y pico de carrera dan para un sinfín de contratiempos y vicisitudes. A medio camino, uno de los dos asistentes que le acompañaban en bicicleta sufrió una lesión muscular que le obligó a abandonar y que dejó al ultrarunner sólo durante el tramo más duro del camino en pleno aguacero y vendaval. Poco antes, el otro ciclista había sufrido, en apenas 10 minutos, la rotura de una de las piezas de su bicicleta y un accidente sin consecuencias al 'atropellar' un árbol en un pedrogoso desnivel a las puertas de Villafranca del Castillo.

Sin embargo, el momento más crítico del reto solidario llegó en el kilómetro 34, cuando el equipo de tres, en mitad del campo entre Villafranca y Valdemorillo, se encontró con una canalización en obras del Canal de Isabel II de más de cinco metros de profundidad no prevista en el itinerario preliminar. Entre tener que abandonar o dar la vuelta para recuperar una ruta alternativa, con la consiguiente pérdida de tiempo y energía, decidieron pasar por encima de ella, bicicletas a cuestas, por una inestable pasarela de madera improvisada.

Finalmente, guiado por la fuerza que le imprimía el rol que ha jugado su pasión en esta conexión solidaria que ha unido la necesidad humana de los habitantes de Ndokh con la voluntad de decenas de personas que han colaborado con la recaudación, el reto de unos 500 metros de desnivel y dificultad elevada, ha sido completado con éxito en torno a las 13.30 horas.

La alegría del desafío cumplido no viene sino a sumar energía positiva a la felicidad, casi inimaginable, que se trasladará con este gesto deportivo a los senegaleses afectados por uno de los múltiples proyectos solidarios en los que el atletismo actúa como elemento empatizador. Así ha concluido un proceso de meses de preparación individual y esfuerzo colectivo.

Un apartado de necesaria difusión por su absoluta limpieza, aislada de los contaminantes corruptos que gobiernan la crisis económica y de valores que arrastra la sociedad occidental. De este modo se cierra este oasis solidario, de ayuda al prójimo, casi exótico en los tiempos que corren.

Solo queda ya esperar a comprobar los anhelados resultados sobre el terreno y comenzar a fijar el próximo lugar donde trasladar la ayuda necesaria para que la vida se empiece a contemplar con una una sonrisa tras siglos de olvido.
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