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Argentina: vicepresidencia e incertidumbre

miércoles 09 de octubre de 2013, 20:48h
En 1999, el politólogo argentino Mario D. Serrafero publicó una extensa obra titulada El poder y su sombra. Los Vicepresidentes. Se trató de una obra pionera en su género que afectaba al corazón de un problema de candente actualidad tanto entonces como (inesperadamente) hoy. Me refiero a la sucesión del poder en manos del vicepresidente, cargo cuya peculiaridad puede cifrarse en una vieja fórmula atribuida a John Adams: I´m nothing, but I may be everything.

Parte del mérito de esa obra radicaba en el hecho de que el autor no analizaba las facultades y la actuación de los vicepresidentes como cabezas de un órgano legislativo (es decir, como presidentes del Senado) sino como eventuales sucesores de la presidencia. En este sentido, el pormenorizado análisis de Serrafero, orientado mayormente a la experiencia argentina, concluía con una reflexión sobre la necesidad de introducir en las normas vigentes una serie de modificaciones tendientes a mejorar el funcionamiento y la eficacia de la vicepresidencia dentro de la órbita del poder ejecutivo, con miras a incentivar la cooperación por encima de todo posible conflicto.

Traigo a colación esta referencia a raíz de la situación que en estos días se ha planteado en la Argentina. Como se sabe, la salud le ha jugado nuevamente una mala pasada a Cristina Kirchner. Según la escueta información divulgada, el pasado 12 de agosto la presidenta habría sufrido un traumatismo de cráneo (mantenido hasta ahora como secreto de Estado) que le provocó un hematoma. Ayer fue intervenida quirúrgicamente por lo que deberá guardar reposo cuando menos por un mes abriendo un espacio de gran incertidumbre, a pocos días de las elecciones legislativas, dado el grado de personalismo con que Cristina venía monopolizando todas y cada una de las decisiones de su gestión.

Como lo indica la Constitución, el vicepresidente, Amado Boudou, se hizo cargo interinamente de la presidencia. De esta manera, el gobierno está formalmente en manos de quien es quizá la figura más desprestigiada e impopular de todo el elenco oficial, el más vulnerable judicialmente, aquél sobre quien llueven sospechas de corrupción y enriquecimiento ilícito. Siendo así, el interrogante que se impone a estas horas permite evocar el planteo de Adams: más allá de su progreso personal (que salta a la vista no bien se conoce el número de sus propiedades) lo cierto es que Boudou era hasta ayer políticamente “nada”. ¿Llegará a ser algo? Quizá convenga releer a Serrafero para encontrar una pista.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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