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La Ñ en el tricentenario de la RAE (II)

jueves 17 de octubre de 2013, 19:47h
Pues en efecto, esta conmemoración del tricentenario de la Real Academia no puede pasarnos desapercibida. Bien apuntó mi amigo Roberto Juan Beltrán Cortés desde la capital del Turia ¬–a quien tengo el gusto enorme de conocer en persona– al precisar que:

“Hay 2052 palabras con ñ como lemas en DRAE. La suma de las cifras da 9, al que sumamos 4 por ser cuatro cifras, y 2 por ser el número que se repite de entre las cifras, dándonos otro número 942 cuya suma de cifras es 15, que no es otro que el ordinal que representa el lugar de la ñ en nuestro abecedario sin contar la ch y si no me he descontado. La suma de las cifras de 15 es 6 que es 9 si lo giramos 180º, y de nuevo 6, lógicamente por volver a su posición original, se torno por nuevo giro. Así que podemos pensar que el final es como el principio pero al revés y entre medias hay cosas nuevas. "41 de las 2052 (que puede representar un año por venir) provienen del latín, 21 del árabe hispano, y 5 del griego, si bien 3 de estas a través del latín, una a través del árabe y solo una directamente del griego, que es zuño.”

Porque en efecto, a la Real Academia le toca zuñir opiniones para acompasar criterios de aceptación de palabras, no cabe la menor duda. Que hay “ciudadaños” que no le pasan una, pues también es verdad. Tuercen el zuño manifestado su enfado hasta cuando la RAE se muestra moderna.

Mas halagüeña, empeñosa, la ñ evita rebatiñas plañideras por el godeño escaño que con su escañuelo añadido –teñido de trigueño cañutillo– le corresponde en el alfabeto; lugar ocupado entre sus compañeras que fruncen el ceño al verle su donaire y distinción, que hace añicos sus muñidas impostaciones, pues aquellas grafemas andan a la greña desmoñadas en el rebaño de pañoles que es el abecedario, por ir carentes de su trazo envidiado. ¡Ah! si la tiña manchara sus rostros....

Empero la ñ no es ni huraña ni ermitaña pero sí hogareña. No requiere miriñaques ni alzar el meñique, morderse las uñas encaramada en una aceña o ser castañuela o sabadeña, para triunfar en sociedad. No lo requiere. ¿Su hazaña en qué cosiste? Pues en que mañuela, cambió botiñas, castañeta y sombrero castañero con moña; tanto como los pasamontañas, pañuelos, pañoletas, basquiñas, paños, pañetes y corpiños ¡por una mirruña! ¡sí! Una que es un elegante tocado, un apurruñado y garruñado birrete piñuelo confeccionado en rica piñuela, sin duda de ensueño, fañándola, que sin tornarla pequeñoburguesa ni zuñirla, a esa virgulilla diferenciadora, la portan cual cureñas un cienteñal de palabras luciéndola señorilmente. Sin duda que la ñ manifiesta brinca por donde menos nos lo esperamos.

Hablemos pues de su peculiaridad. Ese añejo y agraceño aderezo de tersura sedeña como lo es el distintivo sombrerito de la ñ –un bisoñé señero o atildado guiño, travesaño sin alzapaños– es uno que no desdeña a nadie, la impide desgreñada o cacaraña; le deja huella casquimuleña, cual pesuña. Es un demoñuelo pequeño como un piñón, que la domeña como anteseña, prodigándole un irrenunciable trato de señoría, de monseñor. No la empaña cual uva calagraña y sí que la aliña, añadiéndole su aseñorada silueta nada alheña. Bien bruñida no la riñen los lugareños, por tratarse de una vistosa letra tan navideña como viñuela montañesa, cuyo singular gruñido, sin reñir, que no es atronador como un cañón; antes bien, solo apuesta a sonar diferente. Por ningunearla refunfuña; se añusga sin ser gruñona, pues le da roña que suceda tal demérito gratuito hacia ella por mera cizaña que la daña, enmarañando las cosas sin necesidad alguna. Apartémosla de cirigañas y gazmoñerías dañinas cual ñoñerías. Demostrémosle cariño con carantoñas sonrisueñas apañuscándola, admitiéndole su valía.

Nuestra enloquecedora reseña de la letra ñ dirá que tal grafema es fiel evocador del terruño hispano y hoy es universal. Dulce como cañaduz, se transporta en portentosa cañonera y es cosmopolita cual lasaña, champiñón, espagueti a la boloñesa o un picante jalapeño. No se estila mencionar lo mexiqueño, pero sí que va añudada a gentilicios cual caribeña, congoleña y angoleña y puede, a fuer de madrileñísima o manileña, expresarse cual cervantina guanajuateña, como alegre panameña, pue’ser exótica bermudeña, nadar como acapulqueña, ser adusta cacereña o lanzarse al espacio exterior desde Cabo Cañaveral; igual que es rifeña, tinerfeña y santiagueña. Sea en España o que, desplegando puertorriqueñidad, se utilice la ñ en un puertorriqueñismo identificado como neoyorqueño por alguna herencia puertorriqueña o vaya ribeteando un vocablo costarriqueño como decíase antaño, es una letra tan porteña como ribereña, alteña o abajeña, costeña y marismeña; citadina o campeña, es tanto como sureña o norteña, todo a una.

El mundo hispánico la arropa y lo trasciende en sus fronteras, pues lo mismo es hondureña que salteña, oaxaqueña que tabasqueña, extremeña o paceña, como puede ser nebrasqueña y hasta una desaparecida zaireña. Dado que jamás es agraceña o un guiñapo pedigüeño, pañoso, añora portar lucidores faralaes de ensueño como malagueña en feria, mas no quita que se de sus tiempos y pueda ser también reivindicadora gibraltareña y hasta destacar como hamburgueña. Si remite a Cataluña no menos refiere a la Virgen de Begoña, pues es incluyente. En esa tesitura pue’ ser trepidante defeña, remota alasqueña, limeña en su lisura y cañí o coruñesa en su percha y andadura; o estar acuñada de forma tal, que va cuidadosamente labrada como una borgoñona fulgurante bajo un cielo velazqueño. Su celo abrigaño restañará estropicios lo mismo en Logroño y Garoña, que en Bretaña, Perpiñán o Alcañíz.

En el DRAE –como escriño colocado en entrepaños alcanzados por peldaños– forrado con su distintivo añil, la esbelta señorita suma no un puñado, sino una verdadera maraña –o telaraña– manifiesta en formar grañuelas de vocablos apeñuscados, extraídos con cierta noble maña de entre sus páginas que los atrincuñan. Ellos desempeñan la función de dotarle de lustre y portento. Constriñendo la reseña, sépase que no siendo de albañal, la ñ ¿aledaña, cuñada, casi colombroño o concuña de la n? rasguña alcurnia arañando el abolengo, preñando expresiones como fino trabajo de albañilería que dota de magnificencia a cada palabra que la soporta, con la que igual se nombra al roqueño peñasco que a una barreña peña o a la peñuela. Lo peñascoso no es óbice para incluir a un pestiño, un léñame, al cortauñas o reconocer que rehúye a la piraña y a la ponzoña. No trasoñemos su importancia, pues la tiene. Cont….
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