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Barcelona - real madrid (18:00/Canal+Liga/GolT)

Cambios de estilo, crisis, Casillas y Neymar: el incierto primer clásico post-Mourinho

viernes 25 de octubre de 2013, 22:03h
Barcelona y Real Madrid afrontan el primer Clásico de la temporada con más dudas que certezas. Instalados ya en los primeros puestos de la Liga, los dos gigantes del fútbol español siguen su proceso de renovación con los problemas defensivos y la cohesión colectiva como talón de Aquiles. El Imparcial analiza el primer enfrentamiento tras el cierre de la etapa de Guardiola y Mourinho.

Hace meses se cerró de manera definitiva la última era de esplendor de los enfrentamientos entre Barcelona y Real Madrid. La marcha con sabor a huida de Jose Mourinho del banquillo merengue bajó el telón a un lustro de espectáculo, brillantez e intensidad que aliñó la natural relevancia de los Clásicos con una atmósfera de batalla de estrategas en la que, por primera vez en mucho tiempo, el protagonismo emanaba desde la figura del entrenador. Se medían dos estilos antagónicos con rendimiento sublimado que obligaban al espectador neutral al posicionamiento a favor de uno u otro bando. Fue entonces cuando, de manera absoluta, el universo deportivo frenaba sus pulsaciones para implicarse en la suerte de catarsis que madrileños y culés regalaban en cada fricción.

Pero aquel intervalo épico concluyó. Guardiola y Mourinho se limitan a ofrecer un vaticinio con estudiado desdén -primero y sobre todas las interpretaciones se encuentra el club actual de cada cual, que quede claro-. Pep comentó tras realizar un viaje relámpago a la ciudad condal para visitar a Tito Vilanova y zanjar las rencillas del pasado –con intereses de directivas enfrentadas mediante- que “será un partido difícil para ambos” mientras que “The Happy One” aclaró que esperaba una victoria capitalina al tiempo que subrayaba que “el Clásico no me preocupa, estaré cenando con mi familia y luego me iré a la cama”. Hasta aquí llega la presencia pública de dos de los preparadores que mejor han cultivado la esfera de la comunicación en los gigantes del balompié español.


El escenario de los Barça-Madrid, como no podía ser de otro modo, ha cambiado. Las caras nuevas que ejercen ahora el rol heredado de Guardiola y Mourinho constituyen el núcleo de la transformación. Gerardo Martino y Carlo Ancelotti no ejercen la labor del entrenador con la autoridad de sus predecesores. No pretenden ocupar atribuciones que excedan lo deportivo ya que, al fin y al cabo, no conviven condicionados por su pasado como futbolista -el caso de Pep- o por las rencillas granjeadas en su trayectoria como preparador -el caso de Mou-, por lo que la tensión en este tipo de choques se ha rebajado al mínimo indispensable. Y, en el apartado estrictamente futbolístico, el desarrollo de los partidos y la disposición de las piezas sobre el césped también ha cambiado. El “Tata” y Carletto apuestan por dominar la posesión de la pelota. No habrá lucha de estilos. Si un equipo protagoniza el dominio del balón con rotundidad y el otro espera su oportunidad agazapado será un mero producto de la falta de cohesión madridista o el declive físico blaugrana.

Las modificaciones inherentes a los nuevos proyectos que barren -o matizan- el legado de los técnicos de Bayern de Munich y Chelsea enfrentan en este primer Clásico la prueba de fuego al nivel de implantación de la filosofía de los nuevos entrenadores, pasados ya los primeros 100 días de gestión. En este sentido, el debut ante el eterno rival parece llegar antes de lo deseado para Ancelotti. El italiano todavía no ha encontrado el modo de equilibrar la intención de jugar con el protagonismo de la pelota con la estabilidad tácticas y el compromiso defensivo de sus atacantes. La unión de las líneas es una cuenta pendiente que ha costado ya demasiados puntos a los madridistas y que tienen ante el arrollador manejo de la posesión catalana un examen destacado. Por su parte, Martino enfrenta este partido con un equipo que ha virado, en cierto modo, su horizontalidad para lanzarse de manera más vertical a la portería rival. Las complicaciones físicas que muestra su centro del campo, sobre todo Iniesta y Xavi, y los problemas con la fiabilidad de los centrales -cada vez más dados al sufrimiento ante las veloces contras del rival de turno- constituyen el talón de Aquiles. Es por estos argumentos que la intensidad en la presión y el juego de la colocación de las líneas defensivas es una incógnita que parece, sobre el papel, resuelta de manera más coherente en favor del Barça.


Más allá del banquillo se erigen las novedosas figuras de Neymar y Bale. El primero sigue su proceso de adaptación a la velocidad y agresividad táctica de las zagas del Viejo Continente, aunque sus cambios de ritmo y frenética verticalidad ya han roto alguna que otra cintura a estas alturas de calendario. El brasileño ha demostrado ya que su calidad excede los estilos y las fronteras. Su tendencia hacia el dribbling se antoja compatible con la visión de juego que ha regalado más de un gol a sus compañeros en la presente Liga BBVA. El actor secundario más relevante del mundo encuentra su sitio poco a poco y este partido, ante un Madrid endeble en lo táctico y con la mirada de todo el mundo pendiente parece el escenario perfecto para que el Camp Nou vuelva a vibrar con la magia de un brasileño.

El caso de Gareth Bale se asemeja al análisis de los tiempos de Ancelotti. El Madrid, como indica el guión previo, se entregará al contraataque, sabedor de su fortaleza en este aspecto del juego y en los problemas que su rival arrastra en las transiciones rivales. Con esta hoja de ruta, la capacidad regateadora en potencia y velocidad del galés parecen encontrar su hábitat natural para empezar a justificar el precio de su fichaje y despejar las dudas sobre su clase. Sin embargo, la ausencia de pretemporada ha generado un lastre peligroso para Bale. Su titularidad no era aconsejable en los últimos partidos y Ancelotti ha reculado tras afirmar que iba a jugar de inicio en el Camp Nou. El riesgo de lesión sigue latente si el esfuerzo es mayor del aconsejable. El rendimiento de Gareth en su primer clásico es una incógnita tan definida como en el pasado derbi y en los partidos de los que ha tomado parte hasta el momento.

Destacando, además de lo expuesto, la obvia relevancia de la presencia de Leo Messi y Cristiano Ronaldo, entra en escena la importancia de los secundarios. Di María, Cesc Fábregas, Pedro, Morata, Isco o Alexis se antojan como elementos decisivos si encuentran su día de gracia. Todos ellos bailan en las predicciones sobre los nombres que jugarán de inicio pero, ya sea desde el arranque del partido como en un rol de refresco, representarán una amenaza seria si explotan sus dispares características y aprovechan la inherente atención que recaerá sobre Messi, Neymar, Ronaldo y Bale.

Así pues, el primer Clásico tras la última era gloriosa de estos enfrentamientos llega con más dudas que certezas. El favoritismo recae sobre el Barcelona en base a su condición de local, a la mayor cohesión de sus jugadores y a la continuidad en la idea de juego. Sin embargo, el Madrid desembarca en Can Barça en pleno ascenso moral, con la voluntad de esfuerzo colectivo renovada y la sensación de empezar a encontrar el gusto al método Ancelotti. Tan solo el “caso Casillas”, enardecido tras las polémicas amenazas del capitán -o juego o me voy-, aliña lo extradeportivo y ocupa el inabarcable espacio que completaba el dueto Guardiola-Mourinho.
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