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EL CINE ESPAÑOL ALCANZA SU MÁXIMO ESPLENDOR

sábado 26 de octubre de 2013, 17:51h
Reproducimos a continuación un artículo de Luis María Anson publicado en El Mundo y que ha tenido vasta repercusión en las redes sociales.

“Después del Rey y de Rafael Nadal, el español vivo más conocido en el mundo es Pedro Almodóvar. En Pekín o en Sidney, en Singapur o Johanesburgo, en Tokio o Buenos Aires, en Bombay o Montreal, el éxito de sus películas se acrecienta año tras año. Almodóvar, tú eres Pedro, y sobre esa piedra se ha levantado lo mejor de la historia del cine español. El director de Todo sobre mi madre es la provocación, el jadeo, la saturnal; es la utopía, el delirio, la mosca cojonera; es la excitación, el antojo, el alboroto, el gemido, el relicario, el fornicario, el aspaviento del novicio, el ademán del padre prior; es la inteligencia en estado puro, la madera desesperada de las guitarras lejanas, la avispa que clava el aguijón sobre el celuloide, la genialidad sin fin que se derrama.

Y junto a Almodóvar triunfan en el mundo, José Luis Garci, que es un sabio de la expresión cinematográfica; Fernando Trueba, Alejandro Amenábar o Vicente Aranda, por citar a los más relevantes, mientras Penélope Cruz deslumbra a Woody Allen y a los públicos de medio mundo, desbordando los éxitos de Antonio Banderas o Javier Bardem.

El cine español atraviesa una época de especial esplendor, a pesar de que existan lagunas, abusos e incompetencias. Frente a la realidad de los éxitos internacionales se estrellan algunos escritores que añoran la cutrez de aquellas películas de las postrimerías de la dictadura, las del destape, la risotada populachera y el humor de café antañón. Se estrella también algún político que contempla la cultura con desdén, la grava con el 21% del IVA, frente a lo que hacen las naciones de nuestro entorno, y se complace en denigrar la calidad de nuestro cine que ha alcanzado en los últimos años éxitos sin precedentes.

Mantuve relación larga con Berlanga. Conversé incontables veces con Bardem que filmó la escena clave de su última película en mi despacho del ABC verdadero. Admiré a Manolo Summers, un genio del cine prematuramente malogrado. Y tuve la suerte de asistir a las entrevistas que Miguel Pérez Ferrero hizo en Madrid a Luis Buñuel para su libro biográfico. Aunque pareciera bronco y despectivo, escribí entonces, el director de Viridiana era un hombre muy bien educado, un tipo recio, armazón de madera antigua, el barniz perdido. Tenía el cráneo esbelto y orondo, a los lados el pelo irritado. Los ojos eran nobles, con calidad de pez, y saltones, pero en su fondo bailaban viejas travesuras adolescentes. Su palabra se desplomaba con voz gregoriana, musical. Y recuerdo el desdén de aquel hombre por los oropeles y los fuegos artificiales. “Encuentro falaces todas las ceremonias conmemorativas -decía- ¡Viva el olvido! Solo veo dignidad en la nada”.

No ofende quien quiere sino quien puede. Los detractores del cine español se enfrentan con la realidad del éxito y la calidad. Lo lamentable es que hay alguno de esos detractores que, además de querer ofender, puede hacerlo porque tiene en su mano la soga con la que los envidiosos y los cicateros pretenden asfixiar económicamente al cine español”.
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