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ESTRENA VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS

Javier Cámara: "No hay más ego en el mundo del cine que en el de la política"

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
martes 29 de octubre de 2013, 19:32h
El actor riojano Javier Cámara estrena este jueves la "comedia luminosa" Vivir es fácil con los ojos cerrados, el último trabajo del cineasta David Trueba basado en la historia real de Juan Carrión, un idealista maestro de inglés que usó las canciones de los Beatles para enseñar inglés a sus alumnos en los años sesenta. Cámara se pone en la piel del profesor para contar en la gran pantalla la aventura que vivió cuando viajó a Almería para conocer a John Lennon, por entonces rodando una película. Por el camino, conocerá a dos jóvenes que intentan escapar de sus vidas y encontrarse a sí mismos. El título es, por cierto, la primer estrofa de Strawberry Fields Forever, la canción que Lennon compuso durante su paso por la provincia andaluza.
Sin ponernos muy técnicos, ¿podemos describir Vivir es fácil con los ojos cerrados como una película que da buen rollo?
Sí, con el peligro que eso conlleva. La catalogaría más como una comedia luminosa. El otro día, una señora salió muy emocionada de verla y me dijo que es una película que tiene milagro dentro. Igual es un poco pretencioso decir eso, pero me encantó que me lo dijera. Es una película de esas que no esperas que pueda hacerte reír y emocionarte a la vez. Para mí es una película especial, en la que, aparte de la luz del Mediterráneo, está la luz que irradia de los propios personajes.

La película está basada en la historia real del profesor Juan Carrión. ¿Cómo fue conocerlo?
Me di cuenta de lo luminoso de ese hombre porque tiene unos ojos azules que parecen los de un niño de quince años. A sus 89 años, mantiene una fuerza brutal en la mirada. Alguien así tenía que haber conseguido esta hazaña, una persona que no es físicamente un héroe de acción, sino un tipo menudo, honesto, tozudo y muy idealista. Las pequeñas heroicidades las consiguen personas normales, cotidianas, y creo que en el fondo quien maneja los hilos de la sociedad es la gente que hace más feliz a su entorno más cercano.

¿Alguna vez ha hecho alguna locura por un ídolo?
Que va. Este jueves toca en el Auditorio Nacional un músico que me fascina, Philippe Jaroussky, pero son las fechas de promoción y estreno de la película, así que ni me he planteado si quiero que alguien me consiga una entrada. Ya no hago esas cosas. Hay gente que me emociona muchísimo, pero me da pudor ir a saludar si están en el sofá de lado. El otro día estuve en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias sentado al lado de Michael Haneke. Acababa de ver Amour y de regalarle a un amigo Funny Games, pero ni me atreví a hablar con él. Podía haberme acercado y haberle comentado que soy actor, pero no sabes el pudor que me daba. Normalmente no hago locuras en este sentido. Me calma y alegra el hecho de haberlos visto, de estar en la misma habitación que ellos, y pienso que de qué sirve que yo les diga que les admiro; es gente muy grande, que ya tiene todo su ego cubierto.

¿Y cuando pasa al revés? ¿Qué pasa cuando alguien se acerca a Javier Cámara para decirle que le admira?
Es gratificante. Evidentemente, es bello que alguien te diga que le ha gustado tu película, pero en el fondo también es algo que hay que medir y controlar de alguna forma. La televisión, por ejemplo, hace que mucha gente se acerque y a veces es un poco raro. Al final esto es nuestro trabajo y nadie felicita a los médicos por la calle por hacer bien el suyo. Es curioso esto de la fama del actor.

Es una película ambientada en 1966, pero que toca algunos de los temas que más preocupan hoy en día, como el de la educación. ¿Qué diferencias ve entre la figura del profesor de hace medio siglo, como el que interpreta, y el de ahora?
Hay un salto cualitativo enorme de cómo es el trato del profesor con el alumno y viceversa. De hecho, se ha relajado demasiado y hay quien piensa que son los profesores los que tienen que educar a los niños. A mí los profesores me enseñaban cosas, pero me educaban en casa, mis padres. Ahora los profesores tienen como una especie de tarea de educación de la persona, cuando antes ese no era su cometido, al menos el principal. También es cierto que ahora mismo el profesor está mucho más preparado.

A mí me han marcado algunos profesores. Puedo decir que me hubiera encantado tener profesores como Juan Carrión, pero es que los he tenido. También he tenido profesores muy malos o con los que no he empatizado, pero, como se dice en esta película, a veces está bien tener malos profesores porque se desarrolla tu espíritu crítico. En este sentido, y en estos momentos tan duros de crisis, existe el germen de ese espíritu crítico por parte del estudiante que creo que es muy necesario.

Una frase de las que se pueden aplicar hoy con la misma firmeza con la que lo hace su personaje en los años en los que transcurre la historia: “En este país, los jóvenes están desesperados, les han tapiado las vistas al futuro”…
Los jóvenes hoy tienen las vistas al futuro totalmente tapiadas y, de hecho, se ha apoderado de muchísima gente un sentimiento muy pesimista. Creo firmemente que el mundo lo van a hacer las gentes que, de alguna forma, muevan todo. Pero también es cierto que muchos otros, muy válidos, se van a quedar atrás porque su país no les ha cuidado lo suficiente.

Esta película se hace ahora, para la gente de este tiempo, pero es verdad que en aquella época pasaban cosas parecidas y que, como ahora, había gente que era consciente de ello. Igual que hoy, en los sesenta había gente que sabía que los jóvenes necesitaban tener las miras puestas en el futuro, que precisaban de oportunidades para crecer y que la sociedad era quien tenía que brindarles esas oportunidades. Al profesor, consciente de todos esos problemas, se le acusa de estar soltando un mitin. Si ahora hablas de ciertas cosas, algunas de las cuales están en los Derechos Humanos de la ONU como tener una casa, acceso a la educación, poder acostarte con quien quieras o amar a quien te plazca, también te acusan de estar dando un mitin. Son derechos que la gente debe disfrutar y esta sociedad no ha conseguido que sea así. Habría que perseguirlos y, sobre todo, ¿qué mal hay en hablar de ello?



En la película trabajan dos actores muy jóvenes: Francesc Colomer y Natalia de Molina. ¿Cómo lo tienen los que empiezan en su profesión?
Esta es una profesión de plazo largo, para toda la vida y muy especial porque en el fondo sientes que perteneces a ella y a ninguna otra. A mí el talento me fascina y creo que ahora hay gente con muchísimo talento, preparadísima. Yo llevo estudiando idiomas desde los 36 años y ahora hay chavales jóvenes que quieren ser actores y ya saben dos o tres idiomas, además de haberse formado en danza, música y canto. Lo están haciendo muy bien.

Por otro lado, en esta profesión es muy importante la experiencia, cómo la vida se te va poniendo encima. Los actores nos vamos transformando a lo largo del tiempo y tenemos la suerte de que no somos bailarines, no nos borramos de la vida activa a los cuarenta sino que seguimos actuando hasta los ochenta. En este sentido, sí creo que el joven tiene mucha prisa, aunque reconozco que yo debía ser como ellos. Yo empecé haciendo marionetas en Logroño con unos amigos y lo disfrutaba tanto como los disfruto ahora. En el fondo, el recorrido de un actor es fundamental y, si no te toca ahora, tienes que tener la paciencia para que te toque después. Uno se va haciendo con lo que ha vivido y sabrá hablar de desamor cuando, tras una ruptura, le haya pasado un tren por encima. Romeo y Julieta son personajes de quince años pero están escritos por un señor que tenía ya cuarenta. Uno tiene que llenarse de cosas porque la experiencia es vital en esta profesión.

También se habla en la película del miedo o, mejor, de la necesidad de no tener miedo que el profesor clama en una excelente escena. ¿Cree que hoy la gente también tiene miedo?
Creo que la gente tiene miedo y, de hecho, uno de los motivos por los que hice esta película es esa escena. El profesor es una persona muy teórica, pero de repente hay un momento en el que les dice a los chicos: ‘Yo no soy alguien que dé consejos ni lecciones pero si alguien tiene que quitarle el miedo a la gente, sois vosotros, no crezcáis con miedo’. Lo primero que hay que hacer en este país, también ahora, es quitar el miedo a la gente, miedo a perderlo todo, a quedarse en paro, a conocer otras culturas, a viajar, a relacionarse con otras personas… La mayoría de los Gobiernos provocan ese miedo para que las personas no se muevan mucho. No hay que intentar poner fronteras, sino más bien romper las banderas y salir, mezclarse, que haya parejas interraciales y parejas intersexuales, que la gente acepte que el de enfrente es diferente y que, además, opina distinto. El día que aprendamos todo esto supongo que nuestra democracia tendrá cien años. Aún somos muy jovencitos en ese aspecto y caemos en errores absurdos. Hay mucha gente que se aprovecha de esto y que, valiéndose del miedo, nos pone palos en las ruedas.

En los sesenta eran aires frescos del extranjero, como el de los Beatles, los que ayudaban a los jóvenes a abrir los ojos ante ese miedo. ¿Qué es lo que nos hace o podría hacer despertar ahora?
El miedo no nos lo va a quitar la gente que venga de fuera sino los que estamos dentro. Tiene que haber un movimiento que confíe en que puede cambiar las cosas y hacer un mundo mejor. Este movimiento estará formado por la gente que se quita los prejuicios de encima y deja a un lado las religiones, las fronteras y las ideologías. La sanidad en Madrid es un buen ejemplo. Se han organizado y han movido Roma con Santiago para que no se privaticen seis hospitales públicos. Están saliendo a la calle todos los días porque no les parece una buena idea, a ellos, que son los que ven cada día cómo se maneja y cómo se tiene que manejar el asunto.

Hay terrenos sociales que ya hemos perdido. Es evidente que son difíciles de mantener en la situación actual pero creo que hay cosas que son intocables, como la educación o la sanidad, de las que no habría que recortar en ninguna circunstancia.

¿Cree que la situación actual ha hecho que la gente deje, de alguna forma, de vivir con los ojos cerrados?
La gente tiene los ojos súper abiertos ahora mismo. Se los han abierto de golpe. Hubo un momento estupendo de bonanza en España en el que estábamos viviendo de las rentas de los demás, pero no nos lo decían. Pensábamos que el dinero era nuestro y que estábamos gestionándolo de puta madre, gastándolo en hacer unos teatros espectaculares que ahora no podemos llenarlos con ningún espectáculo. Es verdad que durante algún tiempo hubo una especulación brutal, pero es que en España ninguno de los sinvergüenzas que provocaron aquello está hoy en la cárcel. Ahora están diciendo que los bancos empiezan a ganar millones y que está volviendo a entrar el dinero a espuertas en España. Habría que tener cuidado con echar las campanas al vuelo por un poquito de vergüenza que les tendría que dar en un país con seis millones de parados. ¿Ese dinero se va a mover o se lo van a quedar ellos? El capitalismo es lo que tiene, pero de un tiempo a esta parte se les está viendo tantísimo el plumero que da mucho pudor.



Hemos hablado de educación y de sanidad. ¿Qué hay de la cultura y, en particular, del cine español en el contexto actual?
Dicen que el cine español está en crisis. ¿Este año? ¿Después de un millón y medio de entradas vendidas durante los tres días de la Fiesta del Cine? ¿Después de La herida y Vivir es fácil con los ojos cerrados triunfando en San Sebastián? ¿Después del éxito de Las brujas de Zugarramurdi? ¿Después de los cinco millones de euros de la última de Almodóvar? Es un año fantástico. Otra cuestión es que la gente no vaya al cine porque es cara la entrada, porque no hay una política adecuada o por otros muchos condicionantes. Pero la gente que hacemos las películas no estamos haciéndolo tan mal, no conozco a nadie en este país que quiera hacer una mala película. No hay más ego en el mundo del cine que en el mundo de la política. El señor Montoro, evidentemente, se ha desdicho de lo que dijo porque era una tontería. Ahora sale en El País diciendo que es un cinéfilo empedernido, pero es que el ministro francés de Economía, por ejemplo, dice eso y se tiene que ir corriendo. Es más, si el mismo Montoro dice que los jamones en España son malos o que en nuestro país se fabrican coches malos, se tiene que ir del Gobierno.

No se dan cuenta de que están hundiendo una industria. Pero es que no es sólo la del cine. Acaban de dar 70 millones de euros a los científicos, una cifra que les va a servir para tres días. Nunca me ha gustado la política de paralizar el Estado para que todo vuelva a andar, pero tampoco sé si la que dicen los otros es la mejor. Lo que sí creo es que hay que incentivar la pequeña empresa y, en el mundo de la cultura y del cine, hacer una ley de mecenazgo y una de incentivos ya. Si vas a quitar las ayudas al cine, paga lo que debes, copia la ley de mecenazgo que ya funciona perfectamente en otros países y a rodar. Están cerrando el grifo en muchos sectores sin darnos las armas necesarias para continuar por nosotros mismos. Y que conste que soy cero incendiario, pero como ciudadano, veo lo que pasa.

Después de hacerse conocido para el gran público gracias a la serie Siete vidas, ha estado en los últimos años totalmente centrado en el cine. ¿Es una decisión o van saliendo así las cosas?
Me ha ido llevando la vida. La verdad es que este año ha sido sorprendente, he hecho cinco películas y era incapaz de pensar que iba a poder con ellas. He ido poco a poco, pero me siento como si hubiera subido el Everest cinco veces. La televisión es un medio ‘fagocitador’, se lo come todo muy rápido y para mí fue un misterio maravilloso pasar cuatro años en Siete vidas. Pero también es un medio que te muestra mucho. Hay mucha gente con una ambición denodada de hacer películas de calidad y muchas veces, haciendo una serie ganas más. Muchos directores sacan actores para sus películas viendo la tele. A mí me pasó. Almodóvar me vio en Siete vidas y me imagino que le animó a ofrecerme Hable con ella. No hay que irse muy lejos para que a uno le valoren.

Ya se habla de que Vivir es fácilcon los ojos cerrados puede darle su primer Goya, el primero, a pesar de haber estado nominado en cinco ocasiones. ¿Cómo se lo toma? ¿Le da importancia a estas cosas?
Te lo tomas con la mano que te lo tienes que tomar, con toda la paciencia del mundo y sin que haya mayor problema. Recuerdo que la primera vez que me nominaron, por Torrente, Santiago (Segura) me ametralló con que me lo iban a dar. Y no me lo dieron. Me llevé tal decepción que incluso me enfadé. Pero es que los premios no te los mereces, los premios te los dan o no te los dan. A mí me han concedido muchos otros premios, he sido un actor muy valorado por directores, compañeros, público y crítica, así que si viene el Goya será la guinda para una película que ha sido un viaje maravilloso. Que no viene, tendremos menos promoción y yo me pondré menos contento, pero sonreiré muchísimo y estaré súper feliz. Claro que hace ilusión que te den un premio, y un Goya es un Goya, así que lo celebraré muchísimo cuando me caiga, si es que alguna vez me cae.
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