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Espionaje rima con chantaje ¿no?

jueves 31 de octubre de 2013, 21:18h
La patata caliente que trae el gobierno de Obama entre manos con este asunto de su espionaje es verdaderamente gorda y merece tratarse, porque de lo contrario parecería que todo está en orden y yo cometería el mismo error de mi gobierno al esconder la cabeza como el avestruz de manera vergonzante y podría inducirnos al error mayúsculo de creernos que en Washington se ha actuado con absoluta legalidad, espiando a tirios y troyanos por igual con brutal impunidad, sin recato ni medida. Y figúrese usted que no es así. Hay tela.

Digámoslo fuerte y claro: en Estados Unidos a través de su Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) se ha actuado equivocadamente, de forma ilegal y con un deje de superioridad y de soberbia similar a las respuestas que se han dado a diestra y siniestra desde la capital estadounidense en un tono airado, inclusive, cuando se les ha pillado con las manos en la puerta y las protestas contra su actuar se han externado copiosamente allende y aquende el Atlántico.

Y preguntémonos ¿para qué se quiere espiar? ¿qué se hace con esa información? Pues lo primero que me viene a la mente es el chantaje. De esos que sirven para amagar y son de los que amenazan con difundir datos muy comprometedores cuando toca jugar esas cartas para sacar raja. ¿Saber cositas de la Merkel ayudará a obtener ventajas inconfesables de otra manera, en la crucial negociación transoceánica de un tratado libre comercio entre EE.UU. y Europa? ¿información que es no para resguardar la seguridad de los Estados Unidos nada más, como alardea ese gobierno, sino para tironear y mangonear a su antojo gobiernos adversos y políticos incómodos a sus intereses? No hay que descartarlo. No lo dudemos. Pero voy más. ¿O es que el chantaje puede ser hacia Estados Unidos, advirtiéndole que al pillarlo espiando, solo es una pequeña muestra de lo que se piensa de ellos? No lo desestime, también.

Le hago notar a usted que es una negociación, esa del tratado de libre comercio entre la UE y los EE.UU., que puede ser parte, solo parte, del trasfondo del espionaje descubierto que enfada a tantos; negociación en la cual México no es parte, aun conformando el TLCAN y poseyendo un importante tratado de complementación con la UE. Deberíamos de habernos involucrado, pero le pido mucho al actual gobierno mexicano, tan paniaguado a cual más para tratar todo este espinoso asunto del espionaje.

Y en efecto, espiar a terceros países no es un acto de legalidad, y en efecto, mancilla la lealtad como ya se ha expresado en la misma España.

Y aquí nos tiene, a una treintena de países espiados por causa de una supuesta “seguridad nacional” de los Estados Unidos, cuyo gobierno rayando en la esquizofrenia, traspasa el espionaje a sus ciudadanos en su territorio y se ha metido en un brete mayúsculo espiando a medio planeta, y se hunde más en el fango cada vez que intenta aclarar eso que absurdamente ha llamado “recolección de información” igual y como ha pretendido justificar las torturas efectuadas avaladas por él en Guantánamo al grito de llamarlas “otras medidas para obtener datos”, y eso cuando le da la gana dar explicaciones, y se embrolla más y más y ya no sabe para dónde dirigir la mirada. Peripatéticos.

Lo que preocupa en España nos tiene de igual forma en México…y en Brasil y Alemania y en Francia y en un largo e inexcusable etcétera, inexcusable porque no es admisible en forma alguna que Estados Unidos o cualesquiera espíe fuera de su territorio y a ciudadanos que no son los propios. Le podrán dar muchas vueltas en ese país y fuera de él sus simpatizantes y corifeos que le aplauden todo como focas, y que pululan, además, pero las cosas son claras y no dan pie a medias tintas o a medios chiles: el espionaje de Estados Unidos es ilegal. Tan solo en el caso mexicano lo es porque ha espiado al presidente anterior y al actual desde que era candidato presidencial, ya que Peña Nieto les despierta muchas dudas por posibles nexos y muchas desconfianzas, pues EE.UU. violenta de manera flagrante el artículo 16 de la constitución mexicana que establece que sin orden judicial, no se interfieren las comunicaciones. Pero el gobierno Peña Nieto ha mostrado una debilidad y una abyección vergonzantes frente a la posibilidad de plantar cara con firmeza, timorato, minimizando el hecho y postergando lo más posible una reclamación en forma.

¿Sabe? Es menester decirlo porque los priistas presumieron de que sí sabían hacer política exterior. Juzgue usted tanta mediocridad y ya me dirá. A cambio, tramposamente no solo se ha esparcido el falso paradigma de señalar que el espionaje siempre ha existido y que no viene a cuento ni quejarse. Peor aún: se ha difundido la obtusa idea que ofende de solo plantearla: “¿qué nos ganamos enfrentándonos a Estados Unidos?” ¿Enfrentarse? Bueno, decirlo es una exageración dispersada por simpatizantes encandilados en mi país con Estados Unidos. La respuesta sería: ¿entonces debemos aceptar un espionaje porque lo efectúa Estados Unidos? ¿qué acaso los inagotables acuerdos de cooperación y de colaboración con ellos, lo permiten? Que lo explique si puede hacerlo, la secretaría de Relaciones Exteriores que no ata ni desata ni interpone las protestas conducentes, temerosa, tal parece, de ofender a Washington, en una postura lacayuna antes que digna, siendo obligatorio interponerlas si es que defiende los intereses de México.

Y cabe responder también a esa preguntita de qué ganaremos: respondo que quizás ganaremos una cosa que desconocen quienes encandilados con ese país no comprenderán jamás, porque las entendederas no les dan para más. Ganaremos la dignidad suficiente para advertirle a ese país que por mucho, su vecindad no es motivo suficiente para que viole leyes como lo hace en aras de su seguridad. Me parece tan claro que no merece extenderme demasiado en explicarlo, así necesitaran que lo haga con peras y manzanas.

Como Alemania y México, España ha llamado al embajador estadounidense en Madrid, James Costos, a que de explicaciones de lo sucedido para ese caso concreto. En México se dice que tras oírlo, Rajoy matizó su reclamo, dejando inconforme a la oposición. Permítame decirle algo: en México, sorpréndase, el homólogo de Costos, Anthony Wayne, declaró un lacónico “Estados Unidos buscará un equilibrio entre la seguridad y la privacidad de Estados Unidos y sus aliados”. Y sentenció: “como lo dijimos antes, no vamos a comentar públicamente sobre cada alegato específico”. De cínico lo han tachado algunos legisladores mexicanos. A mí las declaraciones del embajador estadounidense me han parecido absolutamente torpes, evasivas y desafortunadas en grado sumo.

Así entonces, podríamos dejarlo pasar, mirar para otro lado y no alzar la voz asegurando con ello nuestra siguiente visa para ir a Disneylandia, si tanto nos paga hacerlo. Pero es menester advertir que el espionaje perpetrado es un acto inmoral, ilegal e inadmisible por parte del gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Peña Nieto ha eludido su responsabilidad no denunciándolo.
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