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Peña Nieto: sordera y falacia hacendaria

martes 05 de noviembre de 2013, 20:16h
De escándalo. En México se ha aprobado el 31 de octubre pasado, la Ley de Ingresos del Estado para el año 2014, que ha quedado en una mera miscelánea fiscal de muy bajo perfil, para ser pretendidamente revolucionaria, y tiene desinfladas aspiraciones debidas al mal planteamiento del gobierno de Enrique Peña Nieto, en voz de su indiscutible e identificable cara económica, el conspicuo secretario de Hacienda y amigo del presidente, Luis Videgaray. El Congreso les ha tenido que enmendar la plana, pero el adefesio original presentado era tal, que apenas algo consiguieron contra tanta insensatez.

Peña sube los impuestos en 2014 sin haber gastado adecuada y puntualmente lo que ya tenía para 2013, lo que presume incapacidad de gestión o corrupción.

En resumen, los mexicanos pagaremos más, ya que Peña Nieto ha aumentado los impuestos y creado otros, ante la doble incapacidad de su gobierno para, primero, ampliar la base gravable (apenas es del 40% de los potenciales contribuyentes) y segundo, para redistribuir los ingresos haciendo más justo y equitativo el pago. Nada de eso. Le anticipo que nada propuso acerca de ser más transparente ni de racionalizar el gasto público ni un plan para su ajuste y disminución. Antes bien, tendrá mayor margen de endeudamiento, desechando el benéfico déficit cero sostenido por doce años en manos de partido Acción Nacional. Lo visto con este asunto permite decir: el PRI nos prometió un equipo económico de primera. Ha quedado mucho a deber y promete no mejorar.

Ha sido el Senado el que medianamente le paró el alto en su opacidad como gobierno, pues la transparencia y la rendición de cuentas no pasaron por la mente del señor secretario. Penosa, elocuente y decepcionante omisión de su parte, sin duda alguna. Los legisladores debieron proponer algunas medidas fiscalizadoras del desempeño hacendario a un gobierno que, encabezado por el PRI, nos obliga a recordar lo insano de su desempeño anterior desfalcando las arcas públicas que ahora pide rellenar más, sin haber gastado adecuadamente el presupuesto que tenía para 2013 y por si faltara, no compensa su propuesta ni elimina los desajustes de siempre y se ensaña nuevamente con los contribuyentes cautivos. Porque sépase que lo recaudado lo usará no en inversión, sino en gasto social, lo que significa explotarlo políticamente para sus propios fines partidarios. Pero endeudarnos más no le apure, pues mientras nos suben los impuestos le condonamos a Cuba el 70% de su deuda, que ya la restañaremos con nuestras nuevas contribuciones.

En el momento en que la economía mexicana necesita bocanadas y las cifras alertan desaceleración que puede rondar en recesión, balance del primer año de gestión de Peña Nieto (y negada desde el gobierno bajo la “Doctrina Videgaray” del “no pasa nada”), Peña Nieto apuesta por incrementar los impuestos. Con apreciaciones que dan miedo, grava las conservas y el chocolate al 16% de IVA y afirman en Hacienda que tener mascotas es “manifestación de riqueza”, gravando su compraventa y su alimento, también al 16%. Uno se pregunta si en estos aumentos está cifrando el gobierno sus ingresos. ¿Verdad que es preocupante? ¿Cuántas croquetitas hay que comprar para que le reditúe al fisco? Están graves, no me cabe la menor duda.

Pero asegura el señor Videgaray que sí le salen las cuentas, pese al derrumbe de las cifras que prometió para 2013, desplomadas del 3,5% de crecimiento al 1,2 si bien nos irá y a tener uno de los índices de inflación más altos de la OCDE. Le molestan las opiniones contrarias, pese a que la suya es una más después de todo, y es muy posible que la realidad terca le estalle en la cara. Videgaray no se turba. El conspicuo secretario hace las cuentas de la lechera y asegura que creceremos al 3,9% en 2014. Dice la filosofía nacional: “¿a que le tiras cuando sueñas, mexicano?” Lo dicho: a Videgaray se le da mejor el modelaje apareciendo en frecuentes portadas de revistas especializadas con sonrisa galanesca, que ejerciendo el ministerio, La sonrisa le queda bien, las propuestas de presupuesto e impuestos, no. No me lo crea, pero lo han calificado de cajero y no de economista. Y con perdón de los cajeros, que trabajo más noble no hay. Sume impuestos a refrescos y comida chatarra, que nos sacarán de pobres y el plato está servido.

Se trata pues, de una miscelánea ya tildada de incendiaria. Yo diría que es recesiva. Que en vez de aumentar la base gravable para fines prácticos (que para hacerlo tenemos dioses como competentes funcionarios de Hacienda, o así nos los vendieron) ha buscado por dónde clavar nuevas contribuciones. Se ensaña para variar con los contribuyentes cautivos –ahora será más persecutora de ellos poniendo el acento en las medidas de control hacendario inquisitivas y abusivas– y fomenta la informalidad, no elimina los suficientes privilegios al gran capital y encima, por si faltara, perjudicará severamente la economía de la frontera con Estadios Unidos, aumentado el IVA al 16% contra el 8% que se aplica en la zona estadounidense, mientras se incrementa el impuesto a la importación de insumos para las maquilas allí afincadas, que son un motor importante de la economía local. La gente de la frontera está molesta y ha alzado su voz inútilmente. En el ámbito nacional, el empresariado advirtió que los impuestos dirigidos a ellos los paliarán con menor inversión y menor creación de empleos y anticipan inflación y la caída en las ventas. Ya se lo dije, al señor secretario le molestan esas observaciones y todo esto se le resbala.

La sordera del Ejecutivo como titula esta entrega, radica en que apenas si ha modificado su discurso justificador para aumentar impuestos a los mexicanos. La falacia radica en que ha sido un argumento gubernamental muy poco sólido para emprender el alza de impuestos, siendo injusto, insuficiente y regresivo, además de opaco en sus fines y controles, sin aportar un estudio serio con explicaciones veraces y contundentes que respalden sus palabras y afirmando que con el aumento de impuestos, la economía despegará. Resulta muy preocupante que el actual gobierno mexicano carezca de un plan B y de rumbo, para establecer una política económica sólida ante el panorama adverso que ya resentimos, mientras el deterioro ronda y la inacción campea desde el equipo económico de Peña Nieto. Ingenio les ha faltado para inventarse impuestos.

Termino. Consultado por la agencia Reuters, un calificador de Moodys, Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody Analytics, señaló: “(La reforma fiscal de Peña Nieto) se redujo a un código tributario sencillo centrado en más impuestos, más grandes para los que siempre han pagado".

En eso fue a parar la grandiosidad de Videgaray y de su jefe inmediato superior (y dispense usted que no me ponga de pie al referirlos). Que al final los defensores de Peña Nieto y Videgaray solo dirán que aquí no se ríe quien no quiere por dejarse ganar por el pesimismo. Yo sigo en mis cuatro: al secretario se le da mejor el modelaje que el ministerio. Hay pruebas alarmantes.
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