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RESEÑA

Consuelo Triviño Anzola: La semilla de la ira. Máscaras de Vargas Vila

Consuelo Triviño Anzola: La semilla de la ira. Máscaras de Vargas Vila. Verbum. Madrid, 2013. 262 páginas. 18,50 €
La figura del escritor José María Vargas Villa es una de las más polémicas de las letras colombianas. Nacido en Bogotá en 1860 y muerto en Barcelona en 1933, era hijo de un general, que muere cuando Vargas Vila apenas sobrepasa los tres años de edad. La desaparición de su padre sume a la familia en una precaria situación, pues su madre, Elvira Bonilla, debe hacerse cargo de cinco hijos, esperando una pensión de viuda que parece un Godot que nunca llega. Así, la falta de recursos provoca que abandone los estudios y deba ponerse a trabajar, continuando su formación de manera autodidacta. Tras pasar una temporada en el ejército, ejerce como maestro en Ibagué, Guasca y Anolaina y después en el bogotano Liceo de la Infancia, centro educativo para los vástagos de la alta burguesía regido por la Iglesia. Como no podía ser de otra manera, dada la personalidad e ideas de Vargas Vila, es expulsado del Liceo. En 1887 publica su primera novela, Aura o las violetas. Realiza diversos viajes y funda varias publicaciones, como Hispanoamérica, que acoge muchos de los panfletos por los que alcanza gran fama, a la vez que le sitúan el ojo del huracán.

Autor de una obra copiosa, que incluye más de un centenar de títulos –entre novelas, panfletos, ensayos y crítica literaria-, mientras que sobre todo sus novelas -impregnadas de un hálito romántico, erótico y decadente- obtenían un considerable éxito y eran leídas con fruición, y no solo por sus compatriotas, Vargas Vila era blanco del repudio tanto del Estado como de la Iglesia hasta el punto de que tuvo que exiliarse de su país en más de una ocasión, fue sometido a juicio y excomulgado. Al igual que buena parte de la crítica literaria y de sus colegas escritores arremeten contra él, aunque hay excepciones como la Manuel Ugarte, uno de sus más firmes defensores: “Dejando de lado los apasionamientos, comprendemos que la obra de Vargas Vila, lejos de ser inferior, como algunos pretenden, marca dentro de su tiempo, una de las realizaciones más completas. Pese a los arabescos de mal gusto y a alguna reminiscencia incómoda, contiene elementos sólidos durables. La negación nace de un prejuicio o de un examen superficial”.

No precisamente superficial, sino muy sólido y documentado, es el conocimiento de Consuelo Triviño Anzola sobre su compatriota Vargas Vila. La escritora colombiana, afincada en España, se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid con una tesis sobre Vargas Vila y luego siguió profundizando en la personalidad y obra de quien según Borges ocupa un lugar de honor en el arte del vituperio, recordando especialmente lo que Vargas Viga dijo del poeta y diplomático peruano José Santos Chocano: “Los dioses no consintieron que José Santos Chocano deshonrara el patíbulo muriendo en él, ahí está vivo, después de haber fatigado la infamia”.

Así, Consuelo Triviño continuó su investigación sobre tan singular personaje y no dudó incluso en desplazarse hasta La Habana donde había aparecido el manuscrito de sus diarios. El resultado es esta espléndida novela, La semilla de la ira, publicada en 2008 en Colombia por Seix Barral y que ahora, afortunadamente, llega a España de la mano de la editorial Verbum. Porque, aunque con el trasfondo de una trabajada base documental, La semilla de la iraes una novela, una magnífica novela, en la que su autora consigue meterse en la piel de su protagonista -y a los lectores con ella- y ofrecernos un retrato, escrito en primera persona, donde el radicalismo de Vargas Vila, que cultivo en sus airados panfletos, cobra todo su sentido y nos descubre cómo, más allá de sus excentricidades, “le dolía” no solo su patria sino todo un continente, preso muchas veces de la falta de libertad y ahogado en el caudillismo contra el que clamó Vargas Villa: “No me puedo arrancar la dolorosa noción de patria; es esa la razón de que, viviendo tan lejos de Hispanoamérica, me empeñe en ser un escritor americano. En mis libros escritos en el destierro, en mis novelas, en los libelos y en las revistas y periódicos que están llenos de personajes y temas americanos, palpita la realidad continental. Algunas novelas parecen librarse de ese contagio, pero es solo en apariencia, porque su fondo es dolorosamente americano. El alma de ese lejano continente les insufla la vida que poseen”.

Y es el alma de José María Vargas Vila, más que su anecdotario –lo que resulta un acierto-, la que vertebra esta obra, también conseguida estampa de una época, que de manera palmaria nos remite a la brillantez como narradora de Consuelo Triviño, a cuya pluma debemos igualmente, Prohibido salir a la calle, Una isla en la luna o La casa imposible, entre otros títulos.

Por Carmen R. Santos
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