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A ESPAÑA LE CONVIENE UN PSOE ROBUSTO

lunes 11 de noviembre de 2013, 12:56h
Me ha alegrado el éxito, aunque sea relativo, de la Conferencia del PSOE. A España le conviene que exista un Partido Socialista robusto. La alternancia en el poder debe hacerse entre el centro derecha y el centro izquierda, es decir, entre los partidos nacionales que representan la moderación en España. Todo ello sin menoscabar el papel de algún partido bisagra como UPyD que avanza día a día. Hace unas semanas escribí largamente en El Mundo sobre las ventajas que para España supone la recuperación del PSOE. Voy a resumir a continuación lo que entonces dije.


“Nunca se había cegado el partido centenario con el brillo de tantas navajas cachicuernas, de tantos puñales desenvainados y en acción. Jamás se produjeron tantas maniobras subterráneas, tantas invectivas, tantas máscaras ocultando rostros y disimulando intenciones. El PSOE es hoy el partido de la palabra pánica y la mirada recelosa. Nadie sabe bien qué se está cociendo en las calderas de Ferraz”.

“Hay algo, sin embargo, que parece claro. A España le conviene un PSOE sosegado y robusto como el que lideró Felipe González. No es verdad que el bipartidismo resulte pernicioso. Manteniendo siempre la más varia pluralidad de opciones, la fórmula de dos partidos mayoritarios es la garantía de estabilidad y gobierno eficaz en toda Europa. Si el PSOE continúa debilitándose nos encontraríamos con que la alternativa al centro derecha no sería un centro izquierda constructivo sino un Frente Popular más o menos ampliado. La alternativa hoy al Partido Popular, según las encuestas, es la alianza del PSOE, del partido comunista enmascarado tras IU, de Esquerra Republicana de Cataluña y del BNG gallego. Esa coalición bascularía hacia el extremismo zurdo y sería manejada por el radicalismo comunista de Izquierda Unida”.

“La fórmula de la Transición sigue mostrándose como la más positiva: alternancia de los dos grandes partidos que representan al 85% de la ciudadanía. La hostilidad, la disparidad de criterios, el diferente entendimiento de las circunstancias políticas de cada día se armoniza en ambos partidos con el respeto expreso a la Constitución de 1978, derivada de la voluntad general libremente expresada. Y lo que es igualmente importante: en cuestiones de trascendencia, de territorialidad, de terrorismo, de seguridad nacional, de política internacional… el pacto de Estado entre los dos grandes partidos es la garantía de estabilidad. En eso consistió el espíritu de la Transición, respetado por Suárez, por Calvo-Sotelo, por González y por Aznar. José Luis Rodríguez Zapatero fracturó ese espíritu de la Transición enviando al Partido Popular al zaquizamí de la Historia y entendiéndose con los partidos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco, de cuya voracidad se convirtió enseguida en víctima propiciatoria, tal y como Ortega y Gasset, la primera inteligencia del siglo XX español, le anunció a Manuel Azaña. Una cosa es el respeto, e incluso el estímulo, a la representación democrática de los partidos nacionalistas y otra cosa la desquiciada decisión de instalar la estabilidad del Estado sobre ellos. Conforme al espíritu de la Transición, el sosiego de España está en función del pacto de Estado entre el centro derecha y el centro izquierda”.

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