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La incontinencia estatal

miércoles 13 de noviembre de 2013, 20:16h
Un estudio reciente llevado a cabo por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal y divulgado por el diario La Nación, reveló que el Estado argentino aumentó su tamaño en un 60 % desde el año 2000, medido este incremento sobre la base del “gasto primario nacional, provincial y municipal en relación al producto bruto interno”.

Según se afirma también en el informe, lo dicho significa que si durante el período 2000-2006 la estructura estatal representaba el 26,5% de la economía del país, ese porcentaje se ha elevado hoy a una cifra que representa más del 42%, con la administración nacional ostensiblemente a la cabeza de ese crecimiento, seguida por las provincias y, en tercer lugar, los municipios.

Por cierto que semejante incremento no se vio reflejado en estos años en la generación de una nueva infraestructura vial, ni en el mejoramiento de los servicios educativos, ni en una adecuada cobertura sanitaria, una disminución de los índices de inseguridad o una mayor equidad distributiva, sino en el reparto indiscriminado de subsidios y una gran expansión del empleo público que los ciudadanos han debido financiar mediante impuestos de diferente género (a las ganancias, a los débitos y créditos bancarios, a los ingresos brutos, etc.) y derechos de exportación: una presión tributaria que se ha vuelto, además, manifiestamente distorsiva y que, al ser en gran medida no co-participable, no beneficia a los niveles subnacionales que se ven, por consiguiente, obligados a imponer nuevos tributos propios para costear sus erogaciones.

Pienso que tarde o temprano estos números se volverán insostenibles y que el Estado no tendrá más remedio que ordenar sus cuentas en virtud de los límites que de seguro le impondrá la propia realidad. Que hayamos perdido prácticamente la lucha contra el narcotráfico, o que nos desayunemos hoy con el dato, verificable a ojos vistas, de que el 5% de la población argentina (más de 2,5 millones de personas) vive en condiciones de absoluta precariedad en villas de emergencia radicadas en distintas provincias y, en particular, en el llamado conurbano bonaerense, son testimonio paradójico (o no) de este Estado que ha crecido enormemente a expensas de la sociedad, en la cual no reinvierte lo necesario.
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