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COSPEDAL SE ENFRENTA A CÁNDIDO MÉNDEZ

martes 26 de noviembre de 2013, 10:35h
Por fin ha reaccionado María Dolores de Cospedal y ha anunciado acciones políticas y jurídicas para aclarar la verdad de los escándalos que zarandean a la Unión General de Trabajadores. Cándido Méndez, contrito, ha dicho que está dispuesto a tomar las de Villa-diego. No es verdad. Resistirá en su puesto como una pantera de Java. Lleva dos décadas haciéndolo y muchos dirigentes de UGT hablan de la dictadura de Méndez. Pero bueno es que admita la posibilidad de marcharse aunque sea de boquilla.

Cospedal debe pasar del dicho al hecho y actuar como la situación exige. Hace unas semanas le escribí una carta pública en la que decía:
“Graznan los gansos del Capitolio advirtiendo a Mariano Rajoy de la catástrofe que se avecina. El presidente, agazapado en su madriguera monclovita, se fuma un puro mientras disfruta de la gentil compañía de su favorito Pedro Arriola y de su púber canéfora Soraya. Los mamelucos están a la espera de cargar y desbaratarlo todo, pero lo que golpea ya los portones de palacio es el motín de los nuevos esquilaches.

Por eso, mi querida secretaria general del PP, presidenta también de Castilla-La Mancha, ¿a qué espera tu partido para solicitar en el Congreso una Comisión de investigación sobre el escándalo prevaricador de UGT? Avanza dos tramos el que sabe anticiparse. La opinión pública está a la espera del ademán del César popular para poner orden en una situación que zarandea la esencia del sistema. El gran escándalo, el colosal escándalo de la democracia española no está en las filesas ni en los gal ni en los gürtel ni en los bárcenas ni en los eres. Está en los cursos de formación. El torrente de dinero que por esos cauces circuló ha conocido todas las mordidas, todas las comisiones, todas las falsificaciones, todas las trampas, las más varias trapisonderías. Si la clase política no se anticipa investigando en el Congreso lo que ha ocurrido, lo hará la clase periodística en la calle canalla multiplicando por cien el escándalo.

Los sindicatos, querida secretaria general, son imprescindibles en una democracia pluralista plena. No se trata de suprimirlos. Se trata de embridarlos y regenerarlos. Durante la Transición fueron ejemplares y contribuyeron de forma decisiva a la hazaña de trasvasar, sin traumas ni violencias, las aguas turbias de una dictadura de cuatro décadas a la democracia ejemplar que se ha desarrollado en la Monarquía de todos, la que propugnó Don Juan contra Franco desde su exilio en Estoril. Nicolás Redondo actuó de forma admirable. Hay que subrayarlo así. Marcelino Camacho, también. A lo largo de mi dilatada vida profesional he conocido a pocos hombres tan honrados, tan coherentes, tan serios, tan inteligentes y capaces como el inolvidado líder de Comisiones Obreras. Ha sido uno de los personajes realmente grandes de la vida española del último medio siglo. Se sentiría hoy angustiado ante la deriva de las centrales sindicales, que se han convertido, en parte considerable, en un gran negocio y en agencias de colocación.

La gente se pregunta, querida secretaria general, a quién zarandearán este año los idus de marzo. Difícil saberlo, pero los mastines de los cursos de formación están mordiendo ya los tobillos de España”.
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