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España se rompe

miércoles 04 de diciembre de 2013, 20:15h
Con esta frase muchos recordamos la era de Aznar, y por algo lejana que resuene hoy esa frase parece que se ha logrado llenar de contenido tras dos gestiones del PP en los noventa y una en el siglo XXI.

Y no me refiero a las tentativas catalanas, que nada tienen que ver con la estructura y la dinámica del país sino a la práctica sistemática de privatización del Estado.

En los noventa fueron las grandes empresas de energía, teléfono, gas, carreteras y hoy es lo que queda: sanidad, educación, teatros, servicios de limpieza, etc.

Y la pregunta que a todos nos ronda la cabeza: ¿y si es rentable para una empresa por qué no lo es para el Estado? La respuesta en términos económicos es muy pobre. La mera presentación de números que reflejen beneficios, costes, inversiones y puestos de trabajo no representa ni de cerca la dimensión que tiene el hecho de que un servicios sea público o privado.

Concepto de servicio público que en la comprensión del PP se limita a usar la estructura y los bienes públicos para fomentar su 'nosotros', que es el que debe ser priorizado: sus votantes, sus familias y sus empresas. Pero qué sea lo público si bien no está en la agenda pública es el concepto más vapuleado por esta crisis de las empresas y los bancos en que el nosotros público ha rescatado a costa del nosotros ciudadanos que somos los que padecemos los recortes del estado que se están haciendo para cubrir los costes del rescate de la banca.

Ellos que son tan listos como para asesorar por millones de euros a los Consejos de Administración de las grandes empresas del país y del mundo, no son capaces de hacer rentables las empresas estatales...no hasta que se privaticen y tengan, privadamente, en sus manos, un trozo del pastel. Montoro ha llegado a declarar que hay empresas que tiene 'más sentido' que sean privadas que públicas. Desde el cuestionamiento filosófico esta afirmación puede ser sujeto de una tesis doctoral sobre qué entiende el señor Montoro por 'tener sentido', pero desde un análisis un poco silvestre, la cosa se aclara si le añadimos el trasfondo neoliberal que tiene todo lo que sale de su boca.

Este concepto de 'sentido' del señor Montoro debe ser el que rige cuando los ayuntamientos (como el de Guadalajara) encargan a consultoras privadas informes de viabilidad sobre privatización de servicios en vez de recurrir a los diferentes abogados del estado en sus múltiples instituciones consejeras. Así, en vez de utilizar el aparato del estado, que para eso está, utilizan empresas privadas, mandando al garete cualquier atisbo de austeridad y raciocinio normales. Y todo para a su vez privatizar servicios públicos.

Las privatizaciones parecen justificarse siempre por desbalances financieros, produciendo una merma en la presencia económica del estado y dando paso a agentes internacionales y nacionales a tener el control de las cosas públicas: comunicaciones, energía y servicios básicos. Pero en todo caso estas privatizaciones van acompañadas en la mayoría de los casos con la liberación de mercados en los que el estado desaparece como competidor colaborando no solo con la venta de las empresas sino fomentando una mayor competitividad mediante leyes de desregularización de los diferentes sectores. A menor presencia del estado mayor liberta de mercado, dicen los buenos neoliberales. Y en esa máxima está toda la explicación. Nada les interesa la economía nacional, nada sus ciudadanos, menos sus derechos, solo les preocupa asegurar la propiedad privada y liberar al mercado de cualquier ingerencia estatal. La economía queda al mando y la política se convierte en instrumento de las grandes fortunas y de los financieros.

Y así vamos, con el camuflaje del estado de Bienestar mientras se vendía el país y ahora que está por culminarse el proceso de desmantelamiento del estado se sacan la máscara y saludan al público con los bolsillos llenos y sin rastro del estado de bienestar que si bien no era la panacea ha servido para minimizar la pobreza en nuestro país, aumentar las oportunidades y por lo tanto para fomentar la igualdad y la libertad (entendida en un sentido amplio, más allá de la mera libertad de la propiedad privada). Pero eso es historia, cosa del pasado y revertir este proceso o encauzarlo hacia otro modelo económico y por tanto político costará décadas.

La cosa pública no se discute porque funciona de forma eficiente bajo los términos de la ideología neoliberal. Solo realizando esta identificación y trabajando en su crítica se podrá ver el alcance de los cambios a los que estamos asistiendo desde el pueblo, maniatados, viendo como se vende el país, se derogan derechos conquistados durante los últimos 30 años bajo el lema “es por tu bien”. De esta forma no rige ni siquiera la máxima del despotismo ilustrado de aquello 'de todo para el pueblo pero sin el pueblo', porque en este caso el neoliberalismo trabaja con un 'todo para el capital y por el capital'.

Este esfuerzo por mantener este tipo de sistema está resultando absolutamente desproporcionado en cuanto esfuerzo de la ciudadanía, desde la que se debe plantear de forma radical (desde las raíces) una alternativa en la que en vez de menos estado, haya más estado, en la que en vez de un 'gobierno fuerte', haya mayor participación ciudadana, más sanidad y más educación públicas, porque sino la próxima generación de españoles será como la actual generación de políticos: mediocres, sin conocimientos de idiomas ni de otras culturas, ni de otros sistemas, como quiere el señor Wert con su espaldarazo a la becas Erasmus. Quieren la repetición de lo mismo que son ellos para que las nuevas generaciones no puedan criticarles ya que serán más incultas e incautas todavía que nuestros actuales dirigentes.
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