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La caída

viernes 09 de mayo de 2008, 11:31h
Al muerto y al caído, honores. Los honores de la nostalgia."No hay muerto malo", dijo el poeta.

Rijkaard ha caído. Cuarenta y ocho años. Joven todavía. El 4-1 del Bernabéu, por inesperado, ha sentado como puñalada veneciana en Barcelona. Culpable para la afición, Joan Laporta. Cuya cabeza, por lo que veo y presiento, pende también de un hilo. Laporta lo tiene difícil, y de momento, como mandan los malos hábitos de la rutina, para salvarse echa a Rijkaard. Ya. Nada de esperar más tiempo. Ya, a sólo dos jornadas del final de la Liga."A las masas se las amansa con decisiones drásticas". La frase la he maquillado. La frase, cuyo origen es la Revolución francesa, es: "Sólo la guillotina apacigua a las masas". La guillotina de los presidentes de clubes de fútbol es despedir al entrenador y esperar a que llegue el día en que esa misma guillotina siegue también su cabeza. Otra rutina.

Sobre Laporta, desde el 4-l del Bernabéu, pese a la patadita dada a Rijkaard, pesan muchas imputaciones. Lo más destacado: su falta de autoridad. Curiosamente, el mismo pecado de Rijkaard: la falta de autoridad. Voy a decir algo que a algunos les va a sonar a disparate. No lo es. Estoy informado. Cuando Ronaldinho empezó a hacer lo que no debía, Rijkaard habló de ello con Laporta. Silencio de los dos. Dejar hacer, dejar pasar: el gran mal de los entrenadores y de los presidentes con los "galácticos" que generan indisciplina o turbulencias en los vestuarios.

Ronaldinho, ahora mismo, ¿qué es y quién es? Un "fue". Eso: un ex gran jugador, no se sabe si recuperable o no. Silvio Berlusconi, tras "enterarse bien enterado" de las peculiaridades del brasileño, ha dicho "no, no lo quiero". Lo quería. Pero ha hecho lo que debía: enterarse. Porque un jugador no es sólo su talento, indiscutible en Ronaldinho. Es su modo de ser, son sus vicios incorregibles o incorregidos y es fundamentalmente que debe ser sin interrupción un ejemplo para el vestuario. Porque el vestuario "se mira" siempre con unción en sus iconos o galácticos. El vestuario del glorioso Real Madrid de Bernabéu fue Di Stefano. La anécdota la he contado algunas veces. Puskas, un día, dijo con sarcasmo: "Yo en el vestuario hago lo que manda Di Stefano pero escucho disciplinadamente al entrenador". Y era Puskas.

Rijkaard, pese a la patadita, ha dejado huella en el Barcelona. Dos Ligas y una Champions, amén de otros títulos menores. Pero le ha faltado, tal vez, autoridad, o sea haber dejado hacer y pasar. Por eso ha caído. Creo.



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