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RESEÑA

Arturo Pérez-Reverte: El francotirador paciente

domingo 29 de diciembre de 2013, 12:13h
Arturo Pérez-Reverte: El francotirador paciente. Alfaguara. Madrid, 2013. 302 páginas. 20 €. Libro electrónico: 9,99 €
Arturo Pérez-Reverte se mantiene fiel a su periódica cita con sus numerosísimos lectores que aguardan impacientes una nueva novela del escritor cartagenero. Saben que no les defraudará, poniendo en juego con pericia todos los elementos que le han convertido en uno de los autores más leídos de la actual literatura española. Así, tras la publicación el pasado año de El tango de la Guardia Vieja, suma ahora a su copiosa producción El francotirador paciente, centrada en el no demasiado conocido mundo del grafiti y sus muchos entresijos, repleto de “lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies, bombarderos sin piedad que se movían en el espacio urbano, cauto, sobre las suelas silenciosas de sus zapatillas”. Y planteada a modo de thriller con una adecuada dosificación del suspense que lleva a no abandonar la novela hasta su sorprendente desenlace.

El protagonista, aunque en la sombra y a quien vamos descubriendo a través de otros personajes, es Sniper (“francotirador” en inglés), que tiene una habilidad especial para ocultarse, prácticamente nadie ha visto nunca su cara protegida por un pasamontañas, y cuenta con una legión de admiradores que le siguen en sus acciones callejeras al límite de la legalidad: “Era listo, el tío. Muy frío y muy listo. Se dice que, cuando le dio por los trenes, hasta hacía maquetas para preparar las actuaciones. Llegó a ser un experto en horarios de cercanías. Por esa época ya utilizaba a otros grafiteros, organizándoles muy bien. Para esos ataques masivos llegó a reunir a diez o doce colegas… La táctica era casi militar. O sin casi. Verdaderas acciones de comando planificadas al minuto”. Unos seguidores que son capaces de ponerse en peligro y jugarse la vida, que pueden perder. Como le ocurre a Daniel Biscarrués, que firma sus grafitis como “Holden”, hijo de un poderoso empresario que se la tiene jurada a Sniper, a quien juzga responsable de la muerte de su hijo y quiere vengarse.

Sniper, que deja en sus trabajos una marca circular, blanca y negra, de francotirador, es una leyenda viva y tras ella se lanza Alejandra Varela, voz narradora de la novela. Alejandra, a quien todos llaman Lex, ha escrito una tesis sobre el arte urbano. Ahora, Mauricio Bosque, propietario y editor de Birnan Wood, contacta con ella para proponerle que localice a Sniper y escriba un libro sobre su figura y obra. La aceptación del encargo cambiará radicalmente el destino de Lex, mujer de complicada trayectoria y personalidad, que encubre con una apariencia de extrema dureza. Sus pesquisas se desarrollarán en varios escenarios como Madrid, Lisboa, Verona -donde Sniper ha realizado una brillante y muy difundida actuación en la mismísima casa de Julieta, visitada por miles de turistas-, Roma y Nápoles, y en ellas se irá encontrando con una galería de peculiares personajes, secundarios pero poderosos, sobre todo del ámbito grafitero como Topo75 o las gemelas Sim y Náo, conocidas como As Irmás.

Para escribir El francotirador paciente, Pérez-Reverte, según propia confesión, se ha documentado en vivo y en directo: “La novela ha requerido un año de trabajo con grafiteros de España, Portugal e Italia, un mundo muy bronco, radical, a veces violento, que se mueve entre el arte y el vandalismo. He estado con ellos, los grafiteros, he vivido su mundo, su música. Un grafitero me dijo: ‘escribo, luego existo’. Escribía para ser alguien; era un tipo marginal, sin cultura, pero al dejar su nombre en la pared, él cobraba existencia”. Y ha descubierto, y nos permite descubrir a los lectores, un universo que concuerda muy bien con sus intereses literarios y su cosmovisión: “En mis novelas –apunta Pérez-Reverte- siempre hay una épica, aventura, unas acciones, unos héroes. Y el mundo del grafiti callejero, aunque es marginal, aunque es vandálico y a veces linda con la guerrilla urbana, tiene una épica negra, retorcida, singular, pero muy interesante”.

El francotirador paciente, como suele ser habitual en las novelas del creador de la popular serie del capitán Diego Alatriste -llevada al cine por Agustín Díaz Yanes-, combina con soltura una trama absorbente con un fondo que plantea complejos dilemas de carácter ético, y nos sitúa ante personajes de doble rostro. En este caso, también, incita a reflexionar sobre el papel del arte y el artista modernos.

Por Carmen R. Santos
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