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2014: de El Príncipe a Utopía

Se acaba lentamente el 2013 y va naciendo poco a poco 2014. El año que cerramos ha sido duro y todos tenemos esperanzas de un 2014 algo mejor. Sin embargo, tenemos que poner los mimbres necesarios y precisos para que esto sea así. Curiosamente, en diciembre de 2013 se celebra el quinto centenario de la publicación de una obra clave en la historia de la teoría y el pensamiento político: El Príncipe de Maquiavelo.

En este libro no demasiado extenso, apenas más de un centenar de páginas, Nicolás Maquiavelo escribe entre agosto y diciembre de 1513 una de las obras esenciales de la ciencia política, en la que nacen ideas tan relevantes como el realismo político, la razón de Estado o la separación entre la ética y la política, diferenciado el uso de los medios respecto de los fines para los que se utilizan. El libro no tiene desperdicio desde la perspectiva de la antropología humana y el concepto del hombre y especialmente del gobernante. Analiza de forma fría la conquista y el mantenimiento del poder en la Europa del siglo XVI y hace una serie de recomendaciones al nuevo gobernante renacentista, pensando en Lorenzo de Medici, al que dedica el libro para ganarse su favor, como el futuro monarca para una Italia unida que pueda hacer frente a los nuevos reinos de Francia y España.

Es un libro complejo -y junto con el Levitan de Thomas Hobbes- de los más estudiados y analizados en la teoría política. El libro está lleno de interesantes y cruciales reflexiones sobre el poder y la actitud del príncipe: “los hombres hacen daño o por miedo o por odio”, “un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. Por todo ello es necesario a un príncipe, si se quiere mantener, que aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en función de la necesidad”. Esta última frase es del capítulo XV, fundamental en la obra, pues en él se separa la ética de la política, primando la necesidad y el mantenimiento en el poder. Concluye el capítulo de la siguiente forma: “que no se preocupe de caer en la fama de aquellos vicios sin los cuales difícilmente podrá salvar su Estado, porque si se considera todo como es debido se encontrará alguna cosa que parecerá virtud, pero si se la sigue traería consigo su ruina, y alguna otra que parecerá vicio y si se la sigue garantiza la seguridad y el bienestar suyo”.

Maquiavelo piensa que es mejor ser temido que ser amado, aunque recomienda evitar ser odiado. Y en el capítulo XVIII nos afirma que “no puede, por tanto, un señor prudente -ni debe- guardar fidelidad a su palabra cuando tal fidelidad se vuelve en contra suya”. Para sostener casi al final de este capítulo que “por eso necesita tener un ánimo dispuesto a moverse según le exigen los vientos y las variaciones de la fortuna y, como ya dije anteriormente, a no alejarse del bien, si puede, pero a saber entrar en el mal si se ve obligado”. No respetar la palabra dada, moverse según los vientos, y si es preciso hacer el mal. Desde luego no parece un político muy virtuoso el modelo que promueve Maquiavelo.

En fin, es osado e imposible sintetizar en pocas líneas lo que otros no han conseguido en sesudos y trabajados libros. Tres años después de que Maquiavelo escribiera su Príncipe Tomás Moro publica su Utopía. Estamos justo en el polo opuesto del pensador italiano. Busca Moro lo contrario que Maquiavelo. Con su Utopía, Moro no sólo inicia un nuevo género literario en la historia de la narrativa, sino que pone las pautas de una nueva forma de pensar la política y el compromiso social con lo público… en un lugar que no existe, pero que está lleno de racionalismo humanista y optimismo en las posibilidades del ser humano.

Creo que en los últimos años de la política española ha habido un exceso de Maquiavelo y un gran olvido de Moro, demasiado hiperrealismo antropológico determinista y poco espíritu humanista y racional creativo. Dos conceptos del ser humano, dos conceptos del poder y de la política. Esperemos que caminemos en el 2014 hacia el 2016 moriano y nos alejemos de este 2013 demasiado maquiavélico.
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